arde-la-casa-de-los-pandavas

Vidura conocía un minero muy amigo suyo y le mandó llamar. Después de hablar con él
le envió con una misión a la ciudad de Varanavata. Una vez allí se dirigió a la casa de los
pandavas, y al encontrarse con Yudishthira le dijo:
-Soy un minero y he sido enviado por Vidura para ayudarte.
A continuación le repitió las frases que Vidura le dijo a Yudishthira en dialecto Mleccha
Bhasha al abandonar Hastinapura. Esta era la contraseña por la cual Yudishthira podía
reconocer quién era un verdadero enviado de Vidura en quien podía depositar su confianza,
pues tal y como estaba la situación tenía que andarse con mucho cuidado. Yudishthira le dijo:
-¿Qué es lo que mi tío me ordena que haga? El minero respondió:
-Tu tío me ha contado todo lo que sucede en esta casa, y me ha enviado para construir
un túnel subterráneo desde la casa hasta la orilla del río Ganges.
Al oír esto la cara de Yudishthira reflejó inmediato alivio y le dijo:
-Fantástico, creo que es una excelente idea. Empieza ya. El minero comenzó a construir
el túnel, pero no era una tarea fácil, porque Purochana estaba siempre en la casa. Parecía que
estuviese esperando alguna visita, pero en realidad lo que hacía era vigilar a los pandavas para
impedir que se escaparán. Los pandavas se daban cuenta de esto y trataban de hacerle salir de
la casa con alguna excusa. Así pues, pasaban la mayor parte del tiempo paseando por los
bosques que rodeaban la mansión, querían familiarizarse con el paisaje para poder encontrar
fácilmente el camino de fuga en la noche que tuvieran que escaparse. Simulaban estar
interesados en la caza para obligar a Purochana a alejarse de la casa junto con ellos.
Por fin el túnel estuvo terminado. Era muy largo, y la boca de entrada estaba en el salón
principal de la casa. Estaba tapada con una trampilla y cubierta con una alfombra costosísima.
Ya casi hacía un año que los pandavas residían en Varanavata. Purochana pensó que era
ya el momento apropiado para el atentado, pues creía que se había ganado la confianza de
ellos. El minero le dijo a Yudishthira que Purochana había planeado prender fuego a la casa
en la noche del día catorceavo, coincidiendo con la luna nueva; cuando la oscuridad lo
envuelve todo. Yudishthira le dijo a Bhima:
-Bhima, Purochana ha decidido incendiar la casa dentro de unos días. Ha llegado el
momento de preparar nuestra huida. Tenemos que hacer que seis personas ocupen nuestro
lugar en esa noche, para que parezca que el atentado ha tenido éxito. Purochana también
arderá, porque seremos nosotros quienes prenderemos fuego a la casa para luego escapar a
través del túnel.
Al día siguiente, Kunti convocó una fiesta para dar de comer a todos los pobres de la
ciudad. Había una mujer perteneciente a la estirpe nishada, que solía venir a tener relaciones
con Purochana y Kunti lo sabía. Esta mujer vino también a la fiesta y Kunti se mostró muy
complaciente con ella, por lo que ella pensó que había conseguido ganarse la amistad de la
reina. Esta mujer tenía cinco hijos que también habían venido con ella. Todos ellos junto con
la madre bebieron hasta emborracharse completamente. Estaban tan borrachos que la mujer y
sus cinco hijos se quedaron a dormir en el palacio aquella noche, ocupando las camas de los
príncipes y de la reina. Purochana también estaba totalmente borracho. Así pues, había siete
personas durmiendo aquella noche en la mansión.
Ya más adentrada la noche, los pandavas decidieron emprender la huida y rápidamente
hicieron los preparativos en completo silencio. Kunti y cuatro de los pandavas entraron
primero en el túnel, mientras que Bhima, con una antorcha encendida en su mano, fue de un
lado a otro de la casa prendiendo fuego a las cortinas y demás materiales inflamables
colocados en lugares estratégicos; él sabía dónde habían colocado las jarras conteniendo
aceite y mantequilla. Se dirigió luego a la habitación donde estaba durmiendo Purochana
sumido en el estupor de la borrachera y prendió fuego allí también. La casa ya había
comenzado a arder por lo cual se apresuró a entrar en el túnel. Levantó la trampilla de entrada
y ni siquiera se preocupó de cerrarla, pues sabía que los escombros cubrirían luego la entrada
y parte del túnel, impidiendo así que la gente supiese que los pandavas habían podido escapar
a través de él.
La ciudad entera se despertó con el crujiente ruido de la casa en llamas. Luego, cuando
la casa se derrumbó, se produjo un terrible estruendo, pero nadie podía acercarse para intentar
rescatar a los príncipes, pues la zanja que rodeaba la mansión resultaba infranqueable. Todos
estaban allí de pie observando cómo la casa ardía sin poder hacer nada. No hacía falta mucha
inteligencia para adivinar que Dhritarashtra y su hijo eran los responsables de aquella tragedia
en la que los pandavas supuestamente habían perdido la vida. La gente de Varanavata maldijo
a los kurus y lloraron por la muerte de los príncipes y su madre, asesinados de una forma tan
mezquina. Todos permanecieron de pie durante toda la noche viendo cómo el palacio era
consumido por las llamas reduciéndose a cenizas.
Mientras, los pandavas avanzaban en su fuga a través del túnel, Bhima oyó el terrible
estruendo que se produjo al derrumbarse el edificio y animaba a sus hermanos y a su madre a
que se diesen prisa. Kunti y sus hermanos estaban cansados y soñolientos lo cual les impedía
avanzar rápidamente, así pues, Bhima puso a su madre en sus espaldas, a los dos mellizos en
sus caderas y a sus otros dos hermanos uno en cada brazo y cargando con todos ellos avanzó
veloz a través del túnel hasta que por fin llegó a la orilla del río Ganges. Desde la distancia
podían ver el cielo rojo, iluminado por las llamas del incendio, pero el río fluía plácidamente
reconfortándoles con su sereno fluir. Las aguas bajaban completamente calmas sin la más
mínima ondulación, era como un ejemplo vivo diciéndoles: “No permitáis que estas cosas os
perturben; todo pasará.”
Ahora estaban al sur de Varanavata. Allí se encontraron con un hombre que había sido
enviado por el inteligente Vidura, y que estaba como montando guardia. Les dijo:
-Gracias a Dios habéis venido. Veía la casa arder y estaba preocupado por vosotros. He
estado aquí todas las noches desde hace varios días, pues no sabía cuándo se produciría vuestra huida de la casa. Vidura os ha proporcionado también una barca para que podáis pasar
al otro lado del río; ya está preparada. Vidura ordenó que después de que lleguéis a la otra
orilla del río os dirijáis hacia el sur. El sendero estará claro e iluminado por las estrellas. Os
pide que mantengáis en secreto vuestro paradero y que nadie sepa de vuestra existencia
durante unos cuantos meses.
Naturalmente, este mensajero de Vidura recibió a los pandavas con las mismas palabras
que Vidura le había dicho a Yudishthira en dialecto Mleccha Bhasha, pues era la contraseña
que les permitía reconocer a los pandavas quién era un auténtico amigo, pues estaban
rodeados de espías y enemigos por todas partes. Ya no era fácil para ellos diferenciar entre un
amigo y un enemigo.
El barquero se acercó y, después de decir la contraseña, añadió:
-Vidura me ha pagado una enorme cantidad de dinero para que viniese aquí cada noche
a esperaros. Ahora tengo la enorme fortuna de llevar en mi barca a los mejores nacidos entre
los hombres.
Luego cruzaron al otro lado del río y se adentraron en el tétrico bosque. La noche era
oscura y tenebrosa, pero los príncipes tenían que alejarse de aquel lugar tan aprisa como
pudieran para encontrar un refugio seguro lejos de sus enemigos. Tenían que alejarse de
Varanavata tanto como les fuera posible.