XXI LA ALIANZA DE RADHEYA Y DURYODHANA

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XXI LA ALIANZA DE RADHEYA Y DURYODHANA

Llegó el tiempo en el que Drona pensó que sus discípulos estaban ya suficientemente
preparados como para hacer una exhibición para todos los habitantes de la ciudad y los
miembros de la casa real. Así pues le pasó la sugerencia a Bishma y a Dhritarashtra, los
cuales aceptaron la idea con agrado y entusiasmo.
–Por supuesto -dijo Bishma-, que se hagan los preparativos inmediatamente. -Y el rey
le encargó a Drona que empezase enseguida la construcción del estadio para la gran
exhibición. Drona se puso enseguida manos a la obra, y en muy poco tiempo el escenario
estaba completamente construido ido.
El estadio era inmenso y estaba muy bien pensado. Había un escenario en el centro con
asientos a ambos lados; a un lados se sentarían los miembros de la familia real y al otro los
invitados de los reinos vecinos. Las mujeres de la familia real tenían su asiento en un lugar
aparte. En el lado opuesto al escenario se habían construido enormes graderíos para los
habitantes de la ciudad.
Por fin llegó el día del torneo. El sol brillaba Intensamente y el lugar estaba abarrotado
de espectadores; miles y miles de personas se habían congregado para contemplar las hazañas
de los hijos de la Casa de los Kurus y también de otras casas. Todos estaban emocionados y
ansiosos por ver el espectáculo, haciendo comentarios acerca de los hechos que se iban a
desarrollar durante el torneo.
Finalmente los miembros de la familia real comenzaron a llegar uno por uno
dirigiéndose a sus respectivos asientos.
Primero entró Bishma con su barba blanca brillando bajo el sol, luego le siguió Kripa y
a continuación el rey, conducido por Vidura y acompañado por Gandhari. Después entraron
en grupo los demás miembros de la Casa de los Kurus. A ellos les siguieron los reyes
invitados. Todos estaban ya sentados en sus asientos y la gente esperaba ansiosa la aparición
de los príncipes. De la multitud comenzó a surgir un clamor semejante al del océano en una
noche de luna llena. El ruido se hacía cada vez más intenso hasta que de repente cesó como
por arte de magia. Los asistentes estiraban sus cuellos miran-do al escenario por encima de
sus cabezas. Vestido de blanco y con sus cabellos grises grácilmente ondulados, Drona había
entrado en el escenario acompañado de su famoso hijo Aswatthama. Vyasa también estaba
allí para contemplar el acontecimiento. El rey rindió honores a los dos maestros; Drona y
Kripa. La escena era realmente impresionante.
Luego uno por uno, los príncipes fueron saliendo a la arena. Los encabezaba
Yudishthira pues era el mayor de todos. Se dirigieron a los acharvas haciendo salutaciones
ante cada uno de ellos. Los príncipes iban ataviados con los tradicionales trajes de guerreros.
Una vez acabadas las salutaciones los príncipes comenzaron a hacer ejercicios preparatorios con sus arcos y el lugar resonaba con el intenso ruido producido por el cimbreo de las cuerdas
de sus arcos: la exhibición había comenzado. Los príncipes realizaron hazañas sorprendentes
con arcos, flechas, espadas, jabalinas, y todo tipo de armas de guerra. Los asistentes
contemplaban el espectáculo absortos, conteniendo la respiración.
A esto le siguió un duelo singular entre Bhima y Duryodhana usando la masa como
arma. Ambos eran extremada-mente hábiles en el uso de la maza y la gente contemplaba la
lucha con muchísimo interés y emoción. Mientras tanto Vidura comentaba al oído del rey el
desarrollo de los acontecimientos, dado que Dhritarashtra era ciego. El duelo continuaba;
algunos estaban de parte de Bhima y otros de parte de Duryodhana. Drona les observaba muy
atentamente, él sabía que se odiaban mutuamente. Por lo cual en cuanto vio que la lucha se
convertía en algo más que un mero duelo amistoso, le dijo a su hijo Aswatthama que separase
a los dos rivales concluyendo así el duelo. Aswatthama se dirigió con mucha calma al
escenario y les hizo una señal a los comba-tientes para que abandonasen la lucha, los cuales
con gusto habrían seguido luchando, pues la furia ya les había enzarzado en una pelea feroz.
Pero no obstante, la orden del guru tenía que ser obedecida. Y con los ojos enrojecidos de
rabia, ambos rivales se separaron entrecruzándose miradas de ira contenida.
A continuación Drona le pidió a Arjuna que comenzase su exhibición. Arjuna apareció
con una armadura dorada protegiendo su pecho y su arco suspendido de su mano derecha. En
su espalda llevaba atada una aljaba llena de flechas y los dedos con los que estiraba la cuerda
del arco los tenía protegidos con cuero. Un fuerte clamor surgió de la multitud cuando Arjuna
subió al escenario. El rey al escuchar semejante estruendo le preguntó a Vidura: -¿Qué es ese ruido?
Vidura sonrió y le dijo:
-Es Arjuna, el bello hijo de Kunti. Es el preferido de Drona y el favorito de todos: al
verle la multitud se ha exaltado.
El corazón del rey ciego ardía de celos, pero no obstante, lo ocultaba elogiando a los
hijos de Pandu con palabras dulces.
Kunti estaba sentada junto a las otras damas de la casa real. Se sentía muy feliz al ver a
sus hijos realizar todas aquellas hazañas; viendo a Arjuna se sentía orgullosa de ser la madre
de aquel joven tan fuerte y apuesto. La vida en Hastinapura le había hecho olvidar todas las
miserias que había pasado. Ahora vivía para sus hijos que ya habían crecido, y se sentía
contenta al verles felices, convencida de que en su vida había encontrado ya la seguridad. Ya
no veía nada que pudiera truncar la felicidad de sus hijos ni la suya propia.
Arjuna realizó su exhibición de habilidades complaciendo con sus hazañas a los
asistentes. Todos estaban convencidos de que no había nadie que le igualara en maestría en el
uso del arco. Sus flechas eran tan rápidas que salían del arco silbando a través del aire sin que
nadie pudiera verlas. Era un espectáculo fascinante.
De repente un ruido atronador rompió la concentración de los espectadores y del mismo
Arjuna. El ruido provenía de las puertas de entrada, era un sonido cimbreante. Todo el mundo
había vuelto la cara en aquella dirección como una cosecha de trigo soplada por una fuerte
brisa. Duryodhana se levantó con la maza en su mano rodeado de sus cien hermanos, como
Indra en el cielo acompañado por los dioses inferiores. Entre la multitud, alguien se abría
camino apartándose la gente a su paso. Alguien se acercaba. Andaba como un león. La gente
le miraba asombrada como ante la visión de un dios. Y de nuevo escucharon el ruido:
provenía del cimbreo de la cuerda del arco de aquel recién llegado.
Era Radheya con su Kavacha y sus kundalas de color dorado, brillando fulgurante bajo
el sol de la tarde. Se dirigió derecho al escenario moviéndose con la graciosidad de una
pantera. Se detuvo ante Drona y después de saludarle se dirigió a Arjuna con voz fuerte e
imperiosa como el sonido de un trueno:
-He venido a desafiarte, creo que estás demasiado orgulloso de la habilidad que hasta
ahora has demostrado. Yo puedo hacer todo lo que has hecho y mucho más, y si tu guru lo
permite te lo demostraré.
Radheya realizó todas las hazañas con las que Arjuna había impresionado a los
asistentes. En la cara de Bishma apareció una sonrisa sarcástica al ver la expresión de disgusto
con la que Drona contemplaba la escena. Sin embargo la cara de Duryodhana estaba
iluminada de amor hacia aquel extraño. Arjuna estaba anonadado, conteniendo la ira que
despertaba en él aquella humillación. Yudishthira por su parte, observaba la escena confuso y
sorprendido por el valor del recién llegado.
Radheya había acabado su exhibición y ahora desafiaba a Arjuna a un combate singular,
ignorando que aquél al que desafiaba era su hermano. Arjuna le respondió con un reproche:
-¿Quién eres tú para atreverte a venir alardeando de tu bravura sin ni siquiera estar
invitado?
Radheya sonrió con rudeza y le dijo:
-Esto es un torneo: no una exhibición privada, organiza-da en beneficio tuyo. La entrada
está abierta a todo aquel que quiera mostrar su valor. Por eso te desafío. ¿Eres capaz de
aceptar el reto o admites ya que soy mejor arquero que tú?
Arjuna haciendo un gesto de desdén con sus hombros se preparó para la lucha. En aquel
momento una extraña visión apareció en el cielo: unas nubes azules surgieron súbitamente
cubriendo el cielo. Parecía como si Indra quisiera proteger a su hijo. El sol por su parte vertía
sus rayos cálidos sobre el recién llegado como en un intento de querer también proteger a su
hijo. La escena era muy hermosa: Radheya aparecía allí de pie bañado por la luz del sol,
mientras que Arjuna estaba oculto por las sombras de las nubes. Los espectadores estaban ya
tomando partido inclinándose a favor de uno u otro rival. Los hijos del rey estaban de parte de
Radheya, mientras que Drona, Bishma y Kripa, estaban de parte de Arjuna, el pandava.
Justo antes de que la lucha comenzase se produjo como una repentina confusión entre
las mujeres. A oídos de Vidura llegó la noticia de que Kunti se había desmayado repentinamente.
Era incomprensible, pues momentos antes estaba muy feliz. La visión de este hombre
brillando bajo el sol con su kavacha y sus kundalas debió producirle una tremenda impresión.
Su memoria regresó en un instante a aquel día en que depositó a su hijo en las aguas del
Ganges abandonándolo a la corriente: «Un día volveré a encontrarme contigo. Te reconoceré
por tu kavacha y tus kundalas.» Tras estas palabras le había dejado a merced de la corriente.
Ahora había vuelto a encontrarse con él; había reconocido a aquel recién llegado como su
hijo. Cuando ella vio a sus dos hijos compitiendo en duelo, uno contra otro, sintió una gran
agonía en su corazón. Vidura fue corriendo a su encuentro y roció su cara con perfume
tratando de reanimarla. Vidura, usando su poder para ver el pasado y el futuro, supo todo lo
ocurrido inmediatamente. Cuando Kunti se reanimó Vidura le habló mediante señas dándole a
entender que no dijera nada, que guardase el secreto. Al tiempo trataba de consolarla,
ayudándola a soportar aquel sufrimiento. Con profunda amargura Kunti volvió a contemplar a
sus dos hijos enfrentados como enemigos por el juego del destino y desde aquel momento la
paz y la felicidad se esfumaron de su vida para convertirse en una larga eternidad de
sufrimientos y angustia.
Los dos jóvenes estaban ya dispuestos a luchar. Tenían sus arcos tensos, sus frentes
tersas y sus ojos llenos de furia, mirándose fijamente el uno al otro. Entonces Kripa salió al
escenario y dijo: -Cumplamos las reglas de combate. Arjuna el pandava, es el más joven de los hijos de
Kunti. Pertenece a la noble casa de los kurus. Así pues, tú -dijo dirigiéndose a Radheya tienes
que presentarte anunciando el nombre de tu padre y la familia a la que perteneces, para que
todos los asistentes conozcan qué reino tiene el honor de tenerte a ti como representante. Es
norma sabida que sólo dos que pertenezcan al mismo rango pueden luchar. Un príncipe no
puede luchar con alguien perteneciente a una casta inferior.
Radheya inclinó la cabeza como un loto empapado de rocío. Pero Duryodhana saltó de
su asiento como una cobra amenazante y habló así: -Mi señor, el Dharma más antiguo nos enseña que hay tres clases de reyes: los que son
reyes por nacimiento, los que son reyes por su bravura y los que se convierten en reyes
cuando derrotan a otro rey. La bravura, señor mío, no es un derecho de nacimiento exclusivo
de los kshatryas. La bravura es un don universal. Así pues, si lo que pretende Arjuna es
escudarse detrás de la norma de que sólo un rey puede luchar contra otro rey su deseo será
complacido. Coronaremos a este joven como el rey de Anga donde ahora mismo no hay monarca,
tras lo cual, podrán luchar de acuerdo a las normas.
La gente apenas se movía, tenían toda su atención puesta en lo que estaba pasando. Este
gesto de Duryodhana les había dejado estupefactos. En los ojos de Bishma había una expresión
de regocijo y aprobación. » ¡Bien hecho! ¡bien hecho!» comenzó a gritar la gente de una
punta a otra del estadio. Y Duryodhana con el permiso de Bishma y Dhritarashtra ordenó que
trajeran el agua sagrada y los otros elementos necesarios para la ceremonia de la coronación.
Inmediatamente fueron a buscarlos y mientras los bhramanes cantaban incesantemente los
Vedas. Duryodhana colocó su propia corona sobre la cabeza de Radheya e igualmente puso su
espada en su mano derecha, tras lo cual Radheya recibió del príncipe kuru el baño de
coronación. Y Duryodhana le dijo:
– Ahora eres el rey de Anga. Arjuna, este hombre es ahora de tu propio rango, incluso
superior si cabe. Pelea con él y permítenos el placer de observarte como lo haces.
De los ojos de Radheya brotaban lágrimas de emoción dirigiéndose a Duryodhana le
dijo:
-Mi señor, no sé cómo puedo agradecerte el gran honor que acabas de conferirme. No
creo siquiera que lo merezca. Dime, ¿cómo puedo mostrarte mi gratitud?
El noble Duryodhana sonrió y le dijo:
-Joven, seas quien seas, tus nobles cualidades no sólo merecen este pequeño reino .de
Anga sino mucho más. Pareces estar preparado para gobernar el mundo entero. Y por lo que
respecta a nosotros no queremos nada a cambio de este pequeño servicio que te hemos hecho.
Yo sólo quiero tu amor; quiero tu amistad. Duryodhana quiere tu corazón.
Radheya dibujó una sonrisa en medio de sus lágrimas y le respondió:
– ¿Mi corazón? Eso, señor mío, ya os lo habéis ganado.
Duryodhana se le acercó y Radheya, con su cuerpo empapado por el agua santa de la
coronación y con lágrimas de amor y gratitud en su rostro avanzó también hacia el príncipe
hasta unirse ambos como amigos en un abrazo. Esta escena conmovió el corazón de los
asistentes: » ¡Qué gesto más noble, qué príncipe!», comentaban los habitantes de la ciudad.
Un anciano avanzaba en medio de la multitud dirigiéndose hacia el escenario con ayuda
de un bastón, En cuanto Radheya lo vio se apresuró a su encuentro, postrándose ante él y
poniendo la corona a sus pies. Era Atiratha, su padre. El anciano le dijo:
-Radheya, hijo mío, estoy muy feliz de ver la suerte que ha recaído en ti. Alabado sea el
noble príncipe Duryodhana.
Esto hizo saber a la gente que Radheya era por origen un sutaputra. Los Pandavas que
hasta entonces permanecían en silencio comenzaron a reírse sarcásticamente entre ellos por el
buen comienzo del recién ungido rey. Y Bhima le dijo:
–Escucha, tú, un sutaputra no es digno de ser aniquilado por Arjuna. Ni siquiera eres
digno de tener un arco en la mano; coge las riendas y el látigo que serán para ti instrumentos
más apropiados.
Este insulto hirió a Radheya en lo más profundo, el cual apretó los labios con ira, pero
se contuvo y no dijo ni una palabra. Allí, en silencio levantó sus ojos hacia el sol
contemplándolo como su dios protector. Ver esta escena fue para Kunti como clavársele una
aguja en el corazón. De sus ojos brotaron lágrimas amargas.
Duryodhana saltó de nuevo de su asiento con el aspecto de un elefante furioso
queriendo pisotear un lago lleno de flores de loto. Como una cobra escupiendo veneno se
dirigió a Bhima y le dijo:
-Bhima, eres un príncipe y perteneces a la casa real, pero las palabras que has dicho no
son propias de un príncipe. El valor, como ya dije antes, no es una herencia exclusiva de los kshatryas, pues para los héroes igual que para los ríos, el origen no tiene importancia. Piensa
en el nacimiento de muchos grandes hombres. Piensa en el nacimiento de nuestros maestros
Drona y Kripa. Piensa en el nacimiento de tu padre y el mío y también en el de nuestro tío
Vidura. Pensad en vosotros mismos los pandavas, todo el mundo sabe que sois hijos de una
misma madre pero no de un mismo padre. Sois hijos de una madre que consideró apropiado
tener tres amantes. Así que no digas más insensateces acerca de este hombre. Lástima me da
tu falta de entendimiento. El tiene todas las cualidades necesarias para un kshatrya, o es que
acaso no entiendes que un tigre jamás puede nacer de un ciervo manso. ¿Acaso no sientes que
este hombre es un kshatrya? Le he hecho el rey de Anga, pero sé que merece ser el señor de la
tierra entera. Ha nacido para ser grande, pero tú no tienes suficiente humildad para
reconocerlo. No me importa quién es ni de dónde viene; es un héroe y vivirá junto a los
héroes. Ahora pídele a tu amado Arjuna que pelee con él si se atreve.
Las palabras de Duryodhana robaron un aplauso clamoroso de todos los allí reunidos. El
sol complacido quizá por todos los honores acumulados por su hijo, se inclinó lenta-mente
cayendo sobre el horizonte, como satisfecho ya por aquella jornada y retiró sus rayos
ocultándose tras las montañas. En seguida la oscuridad se extendió cubriendo el lugar
obligando así a que el duelo fuera cancelado y la muchedumbre se dispersase, poniendo fin
así a aquella dramática situación. Mientras la gente se iba marchando no se oía hablar de otra
cosa que del nuevo héroe y del príncipe Duryodhana.
Las hazañas de Arjuna se perdieron en el olvido, para él el gran torneo había supuesto
un rotundo fracaso.
La oscuridad de la noche cayó sobre la ciudad envolviéndolo todo. Pero a la luz de las
antorchas podía verse a dos amigos andando juntos delante de la muchedumbre: Duryodhana
y Radheya. Bishma por su parte aún sonreía divertido, Drona sin embargo iba de capa caída
caminando detrás de todos. Vidura parecía triste y muy serio. Para Yudishthira la aparición de
Radheya fue como la de un cometa amenazador surcando el cielo, pues se dio cuenta de que
no había nadie que pudiera igualar al nuevo héroe en su grandeza y en su habilidad con el
arco. Y esto le preocupaba a Yudishthira, pues hasta entonces se había sentido seguro
sabiendo que con la fuerza de Bhima y el poder de Arjuna, los pandavas eran superiores a los
kurus, pero ahora con la nueva alianza esa seguridad había desaparecido. Igualmente
disgustados se sentían los otros pandavas por lo que había sucedido ese día en el estadio.

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