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Tu pelicula

 

TU PELICULA

Querer tener la razón, querer sentir que nos aman, querer que algo sea sólo mío y de nadie más…es el inicio de una condena.
No es Dios quien nos condena, ni la vida. Cuando lanzamos un deseo, cuando proyectamos en la pantalla de nuestra mente aquello que queremos poseer, empieza la función de cine.
Nos sentamos en nuestra propia sala, empezamos a deleitarnos con la película. ES NUESTRA PELÍCULA:nosotros la realizamos, la dirigimos, la actuamos, la producimos, la guionamos, la aplaudimos, lloramos con ella, reímos con ella…nos duele, nos gusta…nos enfada…nos excita…nos emociona…………..así es nuestra película.
Pero como cualquier película, tiene un principio y un fin. Y puedes querer volver a verla una y otra vez, pero ya no será lo mismo. Ya la emoción irá decreciendo…ya conoces el final…
Entonces empiezas a desear otra película. Una que ya no te aburra, que te sorprenda…Nuevamente la produces, diriges, actúas y te sientas a verla…
Y así van pasando nuestros días, frente a la pantalla de la proyección…
No nos confundamos: nos sentamos en esa butaca por nuestra propia voluntad.
Vemos en el cine las historias de nuestros hijos, de nuestros amores, de nuestros ex-amores, de nuestros enojos, de nuestras batallas. Todo aquello es NUESTRO: nos hemos apoderado de la historia de la película…la añoramos…Nos sentimos solos y vacíos en el silencio. No nos gusta una sala silenciosa. Queremos que siempre esté proyectada la película.
Y podemos seguir así, en nuestro cine (que no es nuestro) viendo una tras otra película, hasta envejecer, hasta ir muriendo en la ilusión de las vidas que vemos en la pantalla.
Hay otra opción: levantarse, e irse en medio de la función. Eso es el comienzo de abandonar la proyección. Es dejar que la verdadera vida nos sorprenda, sin nada de lo que podamos adueñarnos, porque nada nos pertenece: ni nuestros hijos, ni nuestros amores, ni nuestros ex-amores, ni nuestros enojos, ni nuestras batallas, ni nuestras conquistas….TODO ESO ERA PARTE DE LA PELÍCULA…
Pero si ya te has levantado del asiento, y saliste en medio de la función al exterior, empezarás a permitirte ver las cosas como son, y no como tu mente desea proyectarlas…
Es tiempo de dejar la butaca
Hora de caminar
Namasté!

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