Tomar refugio en Dios

tomar-refugio-en-dios

Dos muchachos iban caminando por un bosque. De pronto apareció un toro y comenzó a perseguirlos. Uno de ellos pudo trepar a un árbol; el otro corrió y se metió en un agujero muy grande. Pero al momento salió, y el toro comenzó a perseguirlo nuevamente. Volvió a entrar en la cueva, pero enseguida volvió a salir corriendo, haciendo que el toro se empeñase en perseguirlo. Como esto daba señales de seguir repitiéndose, el amigo que estaba subido al árbol le grito: ¡Idiota! ¿Por qué no quieres quedarte en el agujero? ¡Este toro nos va a tener aquí todo el día! A lo que el otro, sin dejar de correr, replicó: ¡Sí, tienes razón, lo que tú no sabes es que en esa cueva hay un gran oso! Ambos amigos tienen un problema: El toro que los persigue. El primero, al tomar refugio en Dios, se eleva por sobre el problema (se sube al árbol), el cual, tarde o temprano, se irá por su cuenta, se resolverá (esto es: el toro se cansará y se marchará) El segundo, al continuar inmerso en el mundo sensorial y no refugiarse en el Señor, escapa de un problema, pero termina enredado en otro (se mete en la cueva del oso) Queriendo salvarse de esta nueva dificultad, simplemente se aleja de ella y al hacerlo, se encuentra otra vez con la primera (el toro) Muchas veces, los seres humanos creen que tienen un solo problema, pero ellos mismos se complican más y más al tratar de resolverlo. El que subió al árbol lo reprende pidiéndole que se quede quieto para que el toro se calme y se vaya, es decir, le pregunta por qué ha de salir de un problema para entrar en otro sin detenerse a reflexionar ni un momento; el otro se excusa poniendo a los mismos problemas (el toro y el oso) como pretexto para no subir al árbol, es decir, tomar refugio en Dios.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *