El Deseo

Caminando por la orilla de un río vimos una pequeña rana, parada sobre una planta. Luego de dar unos cuantos pasos, percibimos como una serpiente se acercaba a ella. De pronto sentí que la serpiente iba a atacarla, y mi primer impulso fue espantarla para que no la devore. Me detuve, pues justo habíamos estado hablando con el maestro sobre la Ley del Karma, y sobre la equidad. La serpiente se abalanzó, y comenzó a tragar la rana. Observé, contra mi angustia, lo observé todo. Aquella rana era bastante grande para la serpiente. Quizá la serpiente estaba hambrienta, y esa presa era lo primero que comía en semanas. Vi como en la orilla de enfrente unas personas comían carne asada, y disfrutaban de esa comida. Todo era karma. El maestro me dijo: “has observado bien. La serpiente, a diferencia de esa gente que come carne de vaca por placer, está alimentándose de lo que tenía a la mano. No hay pecado en esto. Pero no te distraigas, y observa a la serpiente…”. Tal cual leí en un libro de la India una vez, la rana era demasiado grande para la serpiente, y no podía tragarla ni soltarla. El maestro siguió, y dijo: ” Así se conduce el hombre con el deseo. La rana es el objeto del deseo, la serpiente el hombre, y el hambre es el deseo de la mente. La serpiente desea devorar a la rana, pero jamás podrá hacerlo, es muy grande. Cegada por el apetito y el placer de saborearla no querrá soltarla. Como resultado final, ambas morirán. Aprende a no desear, mas si deseas, libérate del deseo porque terminará matándote” La serpiente estaba ahogándose, la rana croaba. Era una visión muy cruel pero muy aleccionadora. Finalmente, la serpiente escupió a la rana, y esta, muy herida, escapó. La serpiente, aún sin fuerzas, la miró alejarse. parecía seguirla deseando. Tal vez cuando las fuerzas le volviesen y el pánico fuese olvidado, cometería una vez más el error que estuvo a punto de matarla. No seas necio como la serpiente con la rana. Abandona lo que puede matarte…