BARRERAS PARA NO AVANZAR

Uno se pone las trampas, y también es uno quien se las quita; es uno quien dice: Quiero comenzar una vida mejor, una vida de conocimiento y trascendencia. Si la vida espiritual nos da dicha y nos hace caminar en terreno firme; ¿por qué ponemos siempre trampas en nuestro camino? Si somos buscadores de la Verdad Eterna, ¿por qué ponemos barreras para no avanzar? ¿No es quizás en este caso, la actitud de ser un buscador, una ilusión? Hasta que no haya fe y amor todo será una ilusión; siempre creemos que la soga es la serpiente, y así, una y otra vez nos engañamos. Nuestro camino es hallar dentro de nosotros a esa alma imperecedera, cuando uno es consiente de esa alma, deja de atarse y confundirse; uno siempre quiere lo mejor para sí mismo, pero, ¿Cómo hemos de hallarlo si estamos atados a la lujuria y a la codicia y no hacemos ningún esfuerzo para soltarnos? Queremos que las personas que están a nuestro lado sean buenas y respetuosas, queremos que logren la paz, la tranquilidad, pero, ¿Por qué cuesta tanto mejorar nuestra vida? Porque nuestros pedidos y deseos no están dados desde el conocimiento trascendental, todo lo que queremos es mejorar nuestra vida sensorial, y esta, conlleva siempre la duplicidad; o sea, bueno y malo, bello y feo. Todos estos aspectos de vida corresponden a deseos corruptibles y no eternos, por lo tanto, están siempre en movimiento y cambian constantemente; la mente no está serena en ningún momento y jamás lo estará a menos que nos afirmemos a nuestra conciencia introspectiva, que es el único órgano interno que va hacia dentro, a los aspectos más sublimes del individuo.