La Indiferencia

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La Indiferencia: estar muerto en vida

No ha sido el #COVID19 ni ha sido en #Cancer

Ha sido la #indiferencia o el #Rencor o el #Olvido adrede.
En la vida conocemos personas (en realidad, «creemos» conocerlas»).
Nos acercamos generalmente por alguna afinidad, por un tiempo, por estima o cariño, incluso sucede alguna vez por necesidad o por carencias.
Esto es así: las relaciones humanas son un entramado que suele darse por vínculos no necesariamente de sangre o parentesco
Lo que vamos aprendiendo con el paso del tiempo, es que la palabra #AMISTAD es muy alta, pero de verdad, muy muy elevada.
Y también aprendemos que esta palabra suele usarse a veces tan a la ligera como la palabra #AMOR
Y no debería ser así. Pero lo es.
Con el tiempo, vemos que alguien que nos ha dicho o a quien hemos dicho: TE AMO…. o quizá: que bueno es ser tu amigo….o «gracias por tu amistad!»….hoy ya no está entre las personas que vemos, frecuentamos o comunicamos o preferimos olvidar…
Como es esto posible?
Ha sucedido algo impresionante: alguien ha muerto…aunque esté vivo
Significa que ya no somos ni interesantes, útiles, agradables o afines a eso que se expresaba antes.
Esto no es un juicio ni una crítica, sino un llamado a reflexionar juntos, sobre cómo nos relacionamos, y qué lugar ocupa el otro, o nosotros ocupamos en la vida del otro.
Claro que no quiere decir esto que no podamos cambiar nuestra manera de sentir, percibir o pensar sobre las personas. Pero de allí a ignorarlos? Abandonarlos? O ser ignorados o abandonados?
Pues a veces, estamos en una *morgue mental*. Alguien nos ha puesto en una heladera…
Cada tanto y en algún recuerdo nos sacan un rato, nos estudian, hasta con ánimo forense. Podemos ser hasta el sujeto de observación de un equipo no precisamente de médicos.
Nuestro nombre será sólo un eco, un recuerdo…incluso a veces algo que prefiere ser evitado
Y no es que las relaciones se «enfrían» como los cadáveres
La amistad, palabra hermosa y pura si la hay, es bi-direccional:
significa que debe fluir en ambas direcciones y sentidos.
Sincera por sobretodo, pero respetuosa. Esto no es ni confrontativa ni solemne. Transparente y valorando al otro.
Y debe ser cuidada, nutrida, alimentada para que crezca incesantemente.
Con todas estas condiciones que son, por lo menos, los pilares de la real amistad, no es extraño darnos cuenta que hemos usado la palabra bastante a la ligera, incluso, quizá nos demos cuentas de que no tenemos amistades tal como concebíamos.
No contamos con tantos amigos como las redes sociales pretenden. Ni siquiera somos tan queridos o valorados como en las navidades, cumpleaños y celebraciones parece expresarse.
Eso sí, y vaya cosa extraña: puede suceder que el día que estemos en un féretro, aparezcan personas a dar consuelo y lamentarse por nuestra partida. Las mismas que quizá habían decidido olvidarnos, ignorarnos o simplemente, no saber de nosotros.
La vida es un regalo diario. Cada día, cada instante, es una puerta a ser abierta.
A veces damos ese paso solos, y a veces acompañados
Pero cierto es que en muchas mentes estamos puestos en un congelador silencioso, de una sala vacía con apenas una luz lúgubre.
Sí, nos han dado por muertos. Pero ese es el problema: no lo estamos
El corazón, o mejor dicho, el alma de quien nos puso allí mentalmente, sabe que estamos vivos.
Sabe que somos alguien que se elige «evitar», del cual mejor no enterarnos como está, que siente, qué le sucede, hasta el momento en que muera definitivamente.
En ese instante, nuestra partida física real traerá alivio a algunos y remordimiento a otros. Eso no será importante para nosotros en ese momento, pero sí para quien queda vivo.
Nadie, absolutamente nadie, esta exento de este fenómeno de ser dado por muerto en vida.
Esto, y muy contra el primer impulso, no debería ser motivo de rencor, reclamo o juicio. Aunque sí de reflexión.
De seguro no somos ni los mejores ni los peores seres humanos. Pero nadie del que se haya sentido amistad, afecto, cariño o amor, debería ser dado por muerto en vida.
En todo caso, si esto sucediera, deberíamos darnos cuenta por lo menos, que alguien mintió.
Quizá se esgrima:; yo creí que…yo pensé que….
Bueno, algo hizo que esa creencia o ese pensamiento no hayan sido maduros.
Sino no sucedería que nuestra persona siga en una heladera mental
La indiferencia es un pariente del odio. Quizá el pariente más hipócrita.
Y suele aparecer en ciertas ocasiones con su mejor disfraz.
Desde hace tiempo, parece imposible ser amigo de aquel que piensa algo distinto a nosotros.
Los #ismos nos separan….pero son una excusa. En realidad, es que no estábamos unidos de verdad. Si tan solo una idea significa la condena a la morgue mental de otro, entonces, tal relación pendía de un hilo, y queda demostrado.
Contrariamente a lo que parece, lo que aquí se dice no invita a desconfiar del sentir del otro o el propio, sino a ser más veraces.
«Toda Verdad necesita Amor» dijo una vez un maestro espiritual. Y osadamente me atrevo a decir: «Y todo Amor, necesita la Verdad»…
Tengamos cuidado con la indiferencia
Solo eso quería compartir, anhelando con todo el corazón que sean felices, plenos y en paz.
Namasté🙏🏻
El Portal Espiritual

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