Dialogos con juan el Bautista – Parte 6

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Dialogos con juan el Bautista – Parte 6

Jueves, 25 de Mayo de 2000
Juan, predicador de La Palabra: oro para que el hombre escuche La Voz, sin importar el camino que transite, la religión que profese, la creencia que persiga. Oro para que el Espíritu de Verdad sea oído y sea sentido por el humano en toda su magnitud, pues para ello fue enviado, luego de la ascensión del Maestro. La Voz es como la gota que horada la piedra que parecía impenetrable. En medio de esta obscuridad ruego porque seáis vistos, porque tal visión provoca que la tiniebla se desvanezca. Bendecid e iluminad a todos los hombres de esta Tierra, pues os necesitan más de lo que podrían llegar a imaginar. Sea vuestra Voz la que ocupe todo pensamiento, Amén.
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– Juan: a veces mi fe tambalea. Cuando veo cuán sumidos estamos en la profundidad del olvido de Dios, suspiro profundamente, y me pregunto si las personas que veo a diario son realmente conscientes de este olvido. Pasan los años, y ni siquiera los oigo hablar de Dios profundamente. Algunos oran, otros buscan en los cielos, y muy pocos miran su centro, y tratan de recordar aquello que el juego de la mente y las eras les han hecho olvidar. Tengo temor de que el hombre estire más aún la cuerda del libre albedrío hasta la obscuridad en la que juega peligrosamente, creyendo que estará atado por siempre, y que ningún peligro debe ser temido, pues presiente que aunque arañe la muerte, se le jalará hacia la Luz.
– Cuando miraba yo al desierto, veía en los principios sinfines de arenas, plantas secas, desolación; todo aquello parecía ser como ese punto que describes, como ese segundo antes de ser jalado. Sin embargo, miré más profundo, con los ojos del espíritu, y vi allí un campo fértil, un mundo donde la desnudez del espíritu podía ser expuesta, un altar donde comulgar con el Señor: vi allí mi casa en esta Tierra. Hermano mío, mira más profundamente a los hombres, pues son como ese desierto, y donde hallas desolación con tus ojos de carne, puedes contemplar un campo fértil en que exponer tu espíritu, como el Señor ha mandado.
– Pero Juan, ¿cuál es entonces la virtud propia del desierto? Tú eres quien lo ve así, y a ti te será valioso, pero ¿qué valor tiene para sí mismo?
– Hermano mío: ya has visto que todo lo creado posee una naturaleza que le es propia. Si no existiese ese desierto, ¿cómo podría yo crecer en mi propia naturaleza? Y si no existiesen los que como yo lo transitan y hallan morada de buen grado ¿cómo podría el desierto ser útil en su propia naturaleza? De igual forma es la humanidad de esta tierra: sigue su naturaleza y nosotros la nuestra, y todos somos parte de lo Creado, y evolucionamos según lo dictado en nuestra naturaleza, así que: mira a los hombres, y has de ellos tu casa, porque ¿dónde cumplirías lo que tu naturaleza dicta que no sea aquí?
– Sí Juan, me haces vibrar con lo que dices, pero consiénteme esta vez en mostrarte mi ignorancia, y déjame decirte que así como el desierto no ha evolucionado porque tú lo hayas pisado, y sigue siendo el mismo hoy que cuando tú lo hiciste, de la misma manera temo que la humanidad sea como tal desierto.
– Mi hermano: el desierto cambia constantemente, aunque su naturaleza siga siendo la misma. Sopla el viento, y su forma se altera, y aún en su desolación hay mucha vida, y muchos animales y otros seres sólo pueden vivir allí, pues morirían en otro sitio que no les fuera propicio como el desierto. Todo lo creado tiene un fin, y el fin no necesariamente debe ser comprendido. Este mundo fue creado, y sigue su naturaleza, y muchos vientos soplaron y soplarán cambiando su forma, aunque su naturaleza seguirá siendo la misma, mas evolucionará en la medida que la misma naturaleza dicte. Por lo tanto, deja que el mundo sea fiel a su naturaleza y sé fiel tú a la tuya.
– Sea Juan. Seres como vosotros habéis sido esas lluvias milagrosas que se conocen cada enormidad de años en los desiertos, y por el tiempo en que pasan, la vida parece brotar milagrosamente, y el desierto se transforma. Pero la lluvia cesa, el agua se evapora, y todo vuelve a verse como antes.
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– Ten un poco más de fe en tu humanidad, pues ya te ha dicho el Señor cuando habló contigo que, a diferencia de las rocas, el hombre fue dotado de la conciencia de sí mismo. Por eso, aunque veas a este mundo como un desierto, y aceptes de buen grado tu misión natural en él, lo que ves es mucho más vivo que un desierto, pues aquí no hay sólo rocas y animales: hay hombres. Y aunque el hombre se comporte durante largas edades como animal o como roca, su naturaleza divina prevalecerá, porque posee el don de la conciencia. Confía en lo que Dios le ha otorgado por su Gracia, y lucha para que despierte en él.
– Sí Juan, la naturaleza del hombre deberá aflorar a pesar del hombre mismo.
– Deja que tiren de su cordel, observa como se adentran voluntariamente en la obscuridad por su ignorancia, pero manténte cerca, pues llegará el momento en que se aterren, y como animales asustados olvidarán por dónde vinieron, y correrán en cualquier dirección, sin recordar el cordel con el que contaban para volver. Cuando lleguen al fin de la cuerda, ésta los sacudirá ya que se habrá tensado mucho, y se asustarán, y no sabrán qué les pasa, pues perdidos olvidaron que ellos mismos se adentraron en la tiniebla. Allí deberán ser traídos poco a poco por el camino de regreso, porque son como niños traviesos que transformaron su juego en una aventura, y luego se perdieron en las sombras. Entonces gritarán pidiendo ayuda, y deberán ser ayudados, porque los padres no abandonan a sus hijos y los dejan extraviados, aún cuando los hijos les desobedecieron. Mas el camino de vuelta es más obscuro, porque la noche ha avanzado desde que el niño había salido a jugar, y por eso el padre envía a sus fieles sirvientes para buscarles, y él mismo sale a buscar a los extraviados, y cuando los halla, sus hijos comprenden que jamás debieron llegar tan lejos en su juego, y que su vida corrió peligro a causa del olvido y la distracción. Al volver a casa, padre e hijo se sentarán juntos a compartir la mesa. La diferencia entre ambos, es que el padre sabe que esto puede pasar, y el hijo nunca mide lo que puede llegar a ocurrirle, y confía en su suerte, pues no conoce la espesura de las sombras.
– Pues entonces que los hombres de este mundo cumplan con su crecimiento y jueguen sus juegos, aún a pesar de que se extraviarán en la obscuridad, porque algún día dejarán de ser niños.
– Que lo que deba ser, sea por la Gloria del Altísimo
– Que así sea.
Del 28 de Mayo al 1ro. de Junio de 2000
Hola hermano mío. Te busco en mí, porque allí has estado siempre, para que me guíes en mi profundidad, en el camino de lo verdadero, que me ha sido dado desde el principio. Quien vive en La Verdad, habla La Verdad, y tú eres quien me hace escuchar Su Palabra, pues mi oído se atrofió de tanto escuchar la voz de mi mente y los gritos de mis sentidos, por lo que requiero en este tiempo de tu bondad y cuidado para que escuche lo que debo. Habla más cada vez, y más fuerte, para que La Voz me sea Conocida.
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– Te saludo Juan, y preguntaré hoy acerca de la ley traída por Moisés, los diez mandamientos que rigen algunas religiones humanas.
– Los diez mandamientos tal como los conocen han sido alterados con el tiempo, como tantas otras cosas realizadas por aquellos que se llaman religiosos y no lo son.
– Siempre parece que nos topamos con que el hombre que ha creado una religión para seguir a quien lo inspira, termina haciendo su propia religión, y sigue más su punto de vista que a La Verdad dada por La Encarnación Divina. Entonces quiere decir que aún los fieles, que por tradición o creencia, quieren conocer a través de la religión al ser que toman como ideal espiritual, conocen sólo lo que los creadores de tal religión han dejado de las enseñanzas originales.
– Y a veces ni siquiera eso, pues comienzan a trocar palabras por uno u otro motivo. Ya hemos hablado de que La Verdad es, y nada puede quitársele o agregársele. Cuando la mente del hombre quiere modificar La Verdad, tal mente se daña. La Verdad se ha dado por La Palabra, y el hombre en su mayoría desconoce que así como fue dada, debe ser transmitida.
– Sí Juan, pero Moisés dio La Ley para el pueblo de ese tiempo.
– La Verdad Es, en todo tiempo. De todas formas, Moisés no transmitió sólo una Ley. Tal cual realizó Jesús después, dio una enseñanza universal, una general y otra particular. Siendo La Verdad la misma, le fue transmitida para que cada grupo de gentes la pudiese tomar según su evolución.
– Pero lo hecho por las religiones del hombre, hecho está, y quizá con La Palabra que nuevamente entregas, puedas clarificar algunas partes de esta Ley llamada Mandamientos. Si así consientes, comenzaré sin orden, con la primera que viene a mi mente: «honrarás a tus padres»
– Esto fue lo que quedó de aquella sentencia. ¿Quiénes son tus padres?
– Padres son aquellos que me concibieron desde el principio. Tú me has hablado de mi Padre Dios, el Padre de todo lo creado, y en particular de mi Madre Tierra, aquella que mediante la fusión y mezcla de los elementos que domina, dio origen a mis cuerpos y sus componentes. Pero también tengo padres humanos, que participaron en alguna forma, concretando la llegada de mi alma a este cuerpo. Alimentado fui por la naturaleza de mi madre terrenal, y criado y cuidado en mi niñez por ambos humanos.
– ¿Y qué entiendes que es honrarles?
– Honrarles es vivir esta existencia que me han dado conforme a La Ley Suprema. Es realizarme en todo cuanto sea posible para aquello que he sido creado, y también es servirles en todo cuanto pueda. Para mis padres terrenos, honrarlos es cumplir con la ley humana. Para mi madre Tierra, es cumplir con la ley de la Naturaleza. Para el Padre, es vivir según su Voluntad.
– Honra a Dios tu Señor, y honrarás a todos ellos como debes.
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– Que el Espíritu Santo me guíe y fortalezca para realizar este mandato. El segundo que acabas de traer a mi recuerdo es: «Amarás a Dios por sobre todas las cosas»
– Si así lo recuerdas, tal cual recuerdas veremos en lo profundo. ¿Qué es amar a Dios?
– Esto es en relación directa con el primer mandato, pues ¿cómo puedo honrarle si no Le amo?
– Podrías honrarle como hombre recto, aunque no hayas logrado vibrar de Amor Verdadero por Él
– Sí, pero creo que amar a Dios es realizar el más sublime Amor. Porque: ¿cómo podría amar a esta Humanidad toda, si no viese en ella lo creado por Dios? ¿Cómo podría amar a los animales y a los seres de toda la Tierra, si no sintiese que ellos existen porque Dios así lo quiere? Quien en Verdad Ama, Ama a Dios, porque el Amor veraz proviene de Él.
– ¿Y qué significado tiene para ti hermano mío: «por sobre todas las cosas»?
– Que Dios es el Uno, Principio y Fin, y no hay cosa por encima de Él. No hay nada que pueda ser en Verdad Amado si no es por Él, y a través del Amor Verdadero que ha puesto en nuestro corazón desde el principio del tiempo de lo que Ha Creado.
– Bien has hablado sobre el Amor Verdadero, pero algo más está dicho en esta sentencia: Amar a Dios por sobre todas las cosas, también es amarle por sobre tu ira, tu enojo, tu ignorancia, tu dolor, tu tristeza, tus deseos, tu ceguera, tu enfermedad, tu incomprensión, tus tribulaciones, tu muerte, tu miedo, tu conveniencia, tu humanidad. Si prevalece cualquiera de estas cosas en tu ánimo, no estás amando a Dios tu Señor.
– Cierto es lo que dices Juan, y observarlo significa estar muy alto en el Amor, para lo que el hombre debe crecer y llegar a cumplir este mandamiento
– El Señor dijo estas palabras: «no puedes servir a dos amos, porque terminarás amando a uno y odiando al otro. No sirvas a Dios y a Mammon; Ama al Señor tu Dios por sobre todas las cosas, y sólo a Él sirve»
– He comprendido Juan, y si antes me encomendé al Espíritu Santo para que me ayude a seguir el primer dictamen, a Él renuevo mi invocación para hacer lo propio con este otro. La ley de Moisés enunciaba, si no yerro, otro mandamiento encadenado a este último, que decía: » Amarás a tu prójimo como a ti mismo, y le tratarás como querrías que te traten a ti»
– Pero tu Señor lo dijo más perfecta y elevadamente. Él dijo en el monte: «Un nuevo mandamiento os doy: Amad a vuestros enemigos, pues si amáis a quiénes os aman, ¿qué mérito tendréis? Amad a quienes os injurian y persiguen injustamente. Los antiguos os dijeron: ojo por ojo, diente por diente, mas Yo os digo: a quien te
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pegare en la mejilla derecha, ofrécele la izquierda también». Si esto realizares, cumplirás La Ley.
– A medida que avanzamos en esta revelación amado Juan, paréceme que debo dejar de ser hombre para realizar cada peldaño con perfección.
– No temas por ello, porque también fue dicho: “con la vara que tomas medida serás medido en tus actos”. Por ello mira con piedad el acto de tu prójimo, porque tú mismo emites tu propio juicio.
– Amar a quien me desprecia es digno del Amor Divino. ¿Basta con orar por aquel que nos causa mal, y pedirle a La Luz que destierre su tiniebla?
– Yo te digo: cada vez que tu mente tornare sus pensamientos hacia aquel que te ofendió, y contestare la ofensa con otra, encomiéndate al Amor para diluir tales sombras en ti. Cuando pienses mal, fuérzate a pensar bien de aquel que te injurió, porque serás medido con esa piedad que has mostrado ante las faltas que tú hayas cometido. Ayudas más a aquel que no piensa bien de ti si manas el Amor de Dios hacia él, que si le mostrases tu orgullo y enojo. Encomiéndale al Padre, y piensa con piedad de quien te ofende, porque también el Señor pensó así de los que le condenaron. En medio de su terrible agonía, y con dulce Amor, encomendó al Padre a sus jueces y verdugos, que no sentían culpa siquiera por el terrible mal que Le hacían, y pidió el Perdón para ellos. Ama como el Señor amó, y serás perfecto, mas si no llegas a amar así, ama todo cuanto pueda amar tu humano corazón, y serás en La Ley.
– Que Así Sea Juan. Háblame ahora sobre el mandamiento: » No levantarás falso testimonio »
– Este mandato es contra el engaño, y no se limita sólo a decir La Verdad y no mentir. Sabes bien de un terrible mal de esta era llamado engaño. Es otra de las formas en que se disfraza el seductor para atraparos. Cuando te mientes a ti mismo, faltas a la Ley, porque La Verdad es en ti, y la estás negando. Cuando no escuchas el espíritu de Verdad porque no te agrada La Palabra, y escuchas más lo que tu concupiscencia dicta, faltas a la Ley. El sentido perfecto de este mandato es servir a La Verdad por sobre todas las cosas.
– Veo que en realidad todos estos mandatos provienen de un único mandato, y que sirviendo a Dios, en perfección, todos los demás son dados. Ahora debo preguntarte por un hecho singular. Una vez mi instructor mintió delante de mí para que una persona no se perturbe por conocer la verdad, que era que yo estaba tomando mi instrucción espiritual (cosa que a esta persona le despertaba desesperación y molestia, pues no consentía en nada que yo realizara este aprendizaje). Me pidió repetidas veces que lo perdone, y me dijo: “preservar a las personas en este tiempo, a veces requiere de que la verdad no sea dicha. Con esto que hice, preservé a la otra persona, y te preservé a ti.» No sentí falta en este hecho, aunque no se cumplió literalmente el mandato del que hablamos. ¿Es esto según la Ley o contra ella?
– Cristo a veces también se ocultaba de las multitudes o de quienes le perseguían, pues era importante preservarse, y sus apóstoles le ayudaban a ocultarse, pues
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esto era sensato según La Verdad misma. Si amas a Dios por sobre todas las cosas, y le sirves, este es el mandamiento principal, y a él obedecen los restantes.
– Entiendo que entonces «no levantarás falso testimonio» no significa en absoluto «manifiesta siempre La Verdad».
– La Verdad es manifiesta a aquel que desea verla con toda su alma. Prudente es mostrarla a aquel que puede recibirla y esperar a quien aún no puede hacerlo.
– Sí, puesto que hoy la persona que antes se irritaba ante mi instrucción espiritual, no halla molestias en esto. Pero me preocupa el autoengaño, pues lo padecí en gran manera cuando quería que las cosas fuesen de una manera, y no las lograba, y de todas maneras, me decía a mí mismo que sí eran así (aún contra La Verdad)
– Tú mismo has visto como la mente bajo el mandato de la obscuridad, te traicionaba, mas cuando serviste a tu Dueño, ayudó y ayuda a tu evolución.
– No se puede servir a dos amos, y esto es Ley. Háblame de «No matarás».
– Obedece también a la Ley de Amar a Dios. Si lo amas, no matas. ¿Qué crees que es matar?
– Matar es acabar con la vida
– ¿Puede acabarse con La Vida?
– El hombre puede matar aquello que alberga la vida: puede terminar con su prójimo, con un árbol, con un animal, con un insecto, con todo aquello que tiene un alma
– Bien dices, pues has visto que los seguidores de Moisés y del Cristo han tomado este dictamen en conveniencia, y creen que sólo faltan a La Ley matando a un semejante. No fue dicho: No matarás a tu semejante, sino «No matarás».
– Entiendo bien esto, y esta Tierra respetaría mejor a la Madre Natural si esto fuese acatado por todos nosotros, pero dime Juan: esta Ley se riñe con lo que enseñó Krishna a Arjuna, pues le enseñó que Aquello no puede ser muerto, cortado, ni quemado, ni destruido, porque Aquello Es. El alma no puede matarse. Siempre vi que cuando se trataba de una batalla por ejemplo, para defender una auténtica causa justa, esta Ley peligraba en su exactitud.
– Hermano, La Ley fue dada en la Perfección de lo Alto. Vuestro planeta yace lejos de tal perfección, y como tal no cumple exactamente estas Leyes. Más aquel que está forzado a acabar con una vida temporal por fuerza inexorable del destino, es inocente ante La Ley, si es que cumple con el principio de servir a Dios por sobre todas las cosas. También David derrotó al gigante Goliath en beneficio de lo justo, y lo mató.
– Pero el hombre confunde muchas veces lo justo, y ha realizado guerras que en apariencia son justas, acabando con muchos seres.
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– Si La Ley fuese servida en su totalidad, habría armonía en ellas. El engaño del que antes hemos hablado, puede hacer servir a otro amo que no sea el Señor. En ese caso, no se es inocente ante la Ley, ya que el fin no era servir a La Verdad. No matarás quiere decir en Verdad y sin agregados: no matarás.
– De hecho, cuando camino, debo aplastar a hormigas o seres más pequeños que no he visto
– Pero si ves un sendero de hormigas y vas camino a ellas, ¿qué haces?
– Me detengo, y doy un paso más largo para no dañarlas. Con esto quizá me muestras que el no matarás se aplica al ánimo de matar. Y cuando las langostas devoran los sembradíos, y esta plaga acaba con las plantaciones, ¿es malo eliminarlas?
– Si debo hablarte con La Verdad, te repetiré: no matarás. En el desierto no tuve sembradíos que cuidar de las langostas, mas sí me alimenté de ellas, pues el Señor me las ofrecía junto a las hierbas como alimentos. Como ofrenda las recibía, y como ofrenda me nutría con ellas, y volvían al Señor como ofrenda.
– No matarás es una Ley muchísimo más elevada en cuanto a lo vasto de su extensión.
– Pero también se aplica a otro significado que el hombre común no ve, y del que hemos hablado antes, hermano mío: el no matarás te incluye a ti mismo. Cuando el humano elige vivir para el mundo y olvidar a Dios, se está matando al negar su alma. El hombre debe elegir vivir. Vivir es Amar a Dios por sobre todas las cosas.
– ¿Cómo ha de poder este hombre actual cumplir con tan altas leyes en su actual evolución?
– Deberá esforzarse para despertar, tal cual sabes ya que no puedes seguir durmiendo cuando el sol ha asomado, y entre sueños luchas por despertar, y lo logras.
– Creo que dormir sigue siendo muy placentero para el hombre, pero no conozco a nadie que haya dormido por siempre, excepto a quienes no despertaron porque la muerte les sorprendió en medio de sus sueños, y no despertaron más en esta vida. Háblame ahora de «no fornicarás».
– Pende este mandato también del primer principio del Amor. Si intimas con mujer, no lo hagas como macho y hembra, pues la comunión de los cuerpos es también sagrada. Naturalmente hombre y mujer se atraen, porque así fue creado este mundo, con dualidad. Mas no fornicar es amar a Dios en todas sus formas, y esto también es cuando yaces con una mujer. Si no estás unido a ella, pero yaces con ella a causa de la atracción, trátala como a Dios mismo, porque Dios está en ella y tú le debes servir y amar con todo tu corazón. Si sólo las tratas como el macho animal a la hembra, habrás saciado tu instante de placer, y nada te habrá unido más que tus sentidos. Ya has visto que esto presto empieza, termina, y como tu alma late en ti, sentirás vacío luego del acto, porque tu unión no fue tal. Si no piensas unirte a ella, ámala, en ese instante que es eterno.
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– Cuando no tenía mujer a mi lado, y aunque mucho conflicto traía a mi corazón, siempre creí bueno respetar mi naturaleza de comer, dormir y aparearme. ¿No es bueno entonces?
– Tu naturaleza es amar a Dios, y si te apareabas con tu semejante dando el amor que sentías en ti, no hay falta en ello.
– ¿Pero el hombre que sacia su necesidad tal cual come?
– Tal hombre, como cuando come, se apareará como un animal. El hombre que es fiel a Dios, ofrece su comida. De igual modo debería ofrecer ese acto de amor con una mujer.
– Lo entiendo, y siento así. Por eso antes te confesé mi torpeza en mis pasos, pues no siempre hice así, y el vacío que sentía en mí, era como de muerte. Háblame de: «no desearás a la mujer de tu prójimo»
– Este precepto está explicado en sí mismo. Quien desea así, comete doble falta, pues de esta forma, niega el amor a su prójimo deseando a aquella que es su mujer. El deseo de por sí, es obscuro. Desear mujer pertenece más a la mente del hombre que a su alma. El alma quiere amor. La mente desea poseer. Sólo uno de estos amos puede ser servido, recuérdalo siempre. Si deseas, ya sabes a quién sirves.
– Entiendo que podríamos ejemplificar más perfectamente para el entendimiento cada una de estas leyes. Aún debemos ver las restantes, pero siento que lo que dio el Señor a través de Moisés, también lo ha dado por el Buda, por Krishna, y por las demás encarnaciones, que más allá de la ley del libre albedrío, declaraban lo que era incuestionable. Decían: si quieres estar en la Luz, esta es la única manera, cumpliendo esto serás libre. Gracias Juan por lo que me has dado hoy y lo que me das siempre.
Domingo, 04 de Junio de 2000
Venerado Juan: gracias por hablarme más allá de mi mente. Gracias por hacerme dar cuenta de que estas palabras siempre estuvieron en mí. Gracias por ocuparte de este hijo ínfimo, porque me tranquiliza confirmar que no debo buscar La Verdad fuera, sino en mí. Quizá esto ayude también a mis hermanos que desesperan, pues no saben dónde deben Buscarle, ya que no se les enseña que lo que creen lo más lejano, es lo más cercano que tienen. Ruégote porque La Palabra que en mí viertes, sea fielmente transmitida como Dictan en lo Alto, y porque los hombres de esta Tierra tengan oídos para oírla. Sea Vuestra Divina Voluntad por sobre cualquier otra. Amén.
– Juan, hermano mío: he comenzado a dibujarte, y aunque siento que no puedo representarte del todo con mis torpes trazos, es bueno que tu imagen se me manifieste, pues me ayuda en este tiempo hacerlo. Como sé que en esto también está tu mano, querría saber si me puedes orientar sobre si he atinado medianamente en cómo se veía tu figura humana en el tiempo del verbo.
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– Querido hermano, más allá de cómo representes mi forma, tu sentir es lo que en verdad importa, pues si esa imagen es la que ves de mí, bien está.
– Si Juan, pero no logro plasmar en papel tu luminosidad y tu forma tal cual viene a mi mente, por eso me cuesta dibujar tu rostro, porque tu cara no me es definida, ya que las facciones se me hacen difusas por la claridad de La Luz que veo.
– Si eso ves, eso dibuja. Te dije que dibujarme te ayudaría, así que eso haz, sin esperar nada. Sólo hazlo.
– Lo haré. Un último detalle: ¿tu pelo era así como lo tracé? Pues no me resulta familiar como se ve.
– Más corto, un poco más claro, no tan prolijo.
– Gracias por consentirme Juan. Me da gozo que me consientan como a un niño, como hace Jesús o mi instructor. Juan: debo seguir sacando fruto de ti
– Eso haz, pues para eso me manifiesto
– Hermano: hablábamos de La Perfecta Ley. ¿Puede el hombre realmente amar a Dios por sobre todas las cosas?
– Llegado el momento oportuno de su evolución, el hombre elige a quién sirve. Un momento de amor sincero que retorna al Padre es de gran elevación. El hombre, aunque sea en un instante de su vida, en Verdad, llega a Amar a su Padre más que a todo lo conocido.
– Sé que esto sucede en un momento, y ese instante es maravilloso, pues pertenece a la Eternidad, y el hombre experimenta en ese segundo que ya no hay segundos, que el tiempo era una ilusión, y sólo está él y su Padre. Pero mi maestro me dijo cierta vez: si llegar es difícil, lo que en verdad cuesta es mantenerse. Dicho esto Juan, ¿cuándo el hombre halla definitivamente reposo?
– En toda batalla hay un final: cuando uno de los bandos ha vencido. Mas el final que trae la paz, sólo es posible cuando el mando justo es el que ha vencido. Si vence el opresor egoísta, no se acabarán las batallas, pues no encuentra suficiente ninguna conquista, y no le basta devastación ni ocupación, porque siempre siente que no lo posee todo. Y sigue matando, batallando, planeando, deseando tener todo el poder. Así es el seductor en la mente: no halla sosiego, porque en verdad no lo hay. Sólo cuando después de terribles masacres y guerras de siglos, se da por vencido ante la inmensidad y majestad de quien él mismo declaró como enemigo, el Alma, baja sus armas agotado, exhausto, sin fuerzas, y cae. Sólo entonces Aquello que prevaleció ante cualquier destrucción, queda Inmaculado, Alto en su Luz, y muestra La Verdad que siempre contuvo. Él siempre ha sido el Dueño, y las rebeliones de las eras se han agotado, pues ningún esfuerzo de lo que perece, puede rozar siquiera un poco de La Eternidad.
– Juan, cuando hablas así, no sé si hablas del hombre, del Universo, o de ambos
– ¿Tú que crees?
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– Que La Verdad es La Verdad para Todo, para lo ínfimo y lo supremo, para lo que es Arriba y abajo, pues si no, no sería Verdad.
– Pues así es. El hombre halla reposo cuando la batalla ha acabado, y gana el bando justo, el Dueño Eterno del hombre mismo. Las victorias y conquistas temporales del enemigo, jamás traen la paz al hombre.
– Esta batalla también se libra de igual modo en La Tierra misma, en los planetas y en vuestros racimos del Universo, ¿es así?
– Así como he dicho, es.
– ¿Por qué debe haber una batalla siempre Juan?
– Ya has hablado de tales misterios con el Señor. Créeme que Es como debe ser en este tiempo.
– Juan, ¿estáis vosotros o alguna parte vuestra en contacto con alguna clase diferente de tiempo?
– Quien está en Lo Eterno, puede estar en todo los tiempos.
– Me refiero al tiempo causal. Cuando la imagen del Señor Jesús apareció ante mí, parecióme que era un ser de más edad, aunque sin tiempo, que como yo lo imaginaba.
– El Alto Ser del Señor domina todo tiempo, y su imagen es manifestada según la era y el momento de aquel a quien se muestra.
– Aún así pido disculpas, pues he notado vanidad en mí en tratar de comprender con esta mente pequeña a la Eternidad misma
– Basta con que la percibas, para que se diluyan tus preguntas, como sucedió con los segundos de los que hablabas.
– Agradezco tu Amor y tu manifestación mi amado hermano. Que nunca deje este hombre que soy de sentir Tal Luz. Amén.
Miércoles, 07 de Junio de 2000
Amadísimo Juan: no pasa la vida del hombre sin penuria, y ésta es tan pasajera como su alegría. Es sabido que cuando nos sentimos atribulados y afligidos por cualquier dolor, anhelamos la consolación y el alivio de inmediato, y nos solemos sentir defraudados por el Padre diciéndole: ¿cómo permites que esto me pase si me amas?. Al tiempo, cuando la tribulación pasa y retorna la calma a nuestras vidas, olvidamos nuestro pedido y que hemos sido escuchados, y más luego comenzamos a temer por la pérdida de nuestra paz. Cuando este temor aparece, desaparece esa paz en ese instante. Donde hay temor no hay calma. Y oscilamos entre lo que anhelamos y nos lamentamos por no poseerlo, y una vez obtenido, nos aflige el
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perderlo. Así de frágil es nuestra cotidianeidad mundana, y pido perdón en voz alta Juan, por ser tan inconstantes y de tan poca fe. Realmente sólo el Padre más amoroso es capaz de ser inmutable en el Amor ante tantos billones de mentes oscilando en esta inconstancia. Juan, como siempre me encomiendo a tu brazo, que tomo con el mío para que me lleves por tu senda, mientras conversamos y aprendo, en medio del divino paisaje. Abre una vez más esta mente y ayuda a que mi alma se tope con menos escollos cada vez para despertar del todo mi conciencia. Amén.
– Juan: siento que gran gracia es que me hayáis puesto en el camino de mi instructor. A veces he recibido sacudones, pero las más veces de este tiempo, calma. Hemos cambiado palabras, y él afirma que también aprende de mí. Siento que esto, no es otra cosa que la misma humildad con la que tú te expresas, pues Uds. no vienen a otra cosa que a purificar lo que es imperfecto, pero creo que en nada nos necesitan para nutrirse, pues vuestro alimento directo mana del Padre.
– ¿ Y no sois vosotros acaso el alimento directo que mana del Padre para nuestro Amor?
– Nosotros Juan, según siento, somos el campo que tuvo Adán, luego de su destierro, según la historia conocida. Somos la tierra casi infértil, con espinos, donde la semilla apenas crece, y vosotros sois los labradores que vienen a remover maleza, airear la tierra, luchar contra las plagas, e incansablemente bregar para que no empeore y las pocas plantas útiles den fruto siquiera aceptable.
– Sois más que eso hermano. Sois nuestros amados, y en pos de vosotros trabajamos con todo amor
– Sé de vuestro amor Juan, pero sé crudo conmigo te ruego, y dime en verdad para qué os sirven seres como nosotros, qué crecimiento pueden obtener con nosotros, hombres imperfectos en virtud, rápidos para olvidar a Dios, y tardos para Servirle
– Hablaré de tu instructor y de ti, pues eso comenzaste a preguntarme. El Amor Divino puesto en ti lo nutre. Tú eres su bienamado y tú te alimentas de la comida que él pone en la boca de tu alma. Cuando tú hablas, él escucha. Cuando él habla, tú escuchas. Y ambos lo hacen con el corazón. Por ello, cuando él habla La Palabra, tú te nutres, y cuando tú hablas, él escucha de tu voz aquello que ha dado fruto. Él aprende contigo sobre el camino por el que debe conducirte para llevarte al Padre, aprende sobre la mente humana, porque tú la desnudas para él, y le muestras tu todo, sin miedo ya. Tú te entregas, le dices: mírame pues todo esto soy, en virtud y defecto, y ante ti estoy para que esto que soy se lo lleves a Dios como debe ser. Y él toma todo eso que eres y le da forma, porque el Espíritu actúa a través de aquellos que Aman como el Señor mandó. Y aprende qué es mejor y qué no lo es, para que llegues más perfectamente a ser uno con Tu Padre.
– Así lo siento Juan, pero acaso si seres como yo no existiesen, que demandan como esponjas del amor del instructor, ¿no sucedería que estos morarían definitivamente en la casa del Padre? ¿No los obligamos a permanecer en sus fundas de carne y nos aferramos a ellos como salvavidas para no ahogarnos en el obscuro océano de la muerte?
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– Te aseguro que ya ellos están con el Padre. Tienen un brazo allí y el otro en el mundo, de donde tú cuelgas en espera de ser sacado hasta ser salvo. Y créeme que como eres, aún sin haberte asegurado que te ha puesto en el lugar seguro, ya intentas sacar a los que cuelgan de ti y piden ayuda. Ese gran amor, el mismo, es el que los une, los alimenta, y la palabra «aprender» debes entenderla como símbolo de crecimiento en la evolución, pues ésta es constante e infinita, y toca a todo ser, pues pertenece al Misterio Divino. Con esta relación tú y él evolucionan.
– Acepto lo que dices Juan, y como sentencia tuya es, inclino mi cabeza ante La Verdad, sin cuestionarla, porque vanidad y estupidez sería de mi parte hacerlo. No deseo ser como aquellos falsos buscadores de La Verdad que anteponen su duda a todo, y en nada creen, diciendo: todo puede ser, pero el hombre debe dudar. Ya que, aunque sé de la auténtica duda liberadora, la duda traicionera es la que se enquista en la mente humana y vuelve a la persona un escéptico, un egótico buscador de pruebas que le revelen a Dios, y un sin fin de miserias humanas que se disfrazan como razonamiento lógico. Por lo tanto Juan, lo que tú dices, lo tomo con mi corazón, porque es La Palabra de mi Señor, y que Así Sea.
– Déjame decirte por último que el Señor Jesucristo también es en gozo cuando tú o aquel que Le busca, da un paso más. Los cielos se mueven cuando tú Amas hermano mío, y la humanidad avanza. Por ello, el instructor también es instruido a través de ti.
– Lo que dices Es, y ante La Verdad me postro.
Jueves, 08 de Junio de 2000
Te saludo Johanan, Maestro en mi conciencia aún no iluminada en su totalidad. Las revelaciones que me das son la continuación, confirmación y elevación de la pequeña senda por la que me vienen guiando en esta vida. Pido al Espíritu de Verdad que me sacuda con más fuerza aún, para desterrar toda vana palabra, toda expectativa, y que sólo se escuche La Justicia de la Palabra de mi Señor. Dilúyanse las ilusiones, los temores, las sombras de duda, y que mis preguntas jamás provengan de curiosidad humana sino de discernimiento sano, para obligar a crecer a este hombre que toma tu mano con devoción. Hermano mío, hazme útil al Fin. Así sea.
– Juan, una parte de mi personalidad humana se caracteriza, según me ha hecho ver mi instructor, y la percepción de mi conciencia, por ser muy severo y extremista en algunas actitudes. Si bien siento amor, esto podría taparlo, y dañar en alguna forma involuntaria a las personas que conforman mi actual entorno. ¿Podrías en primer lugar decirme de dónde me viene tal actitud?
– Mi querido hermano: te has vuelto exigente con los demás como lo eres contigo mismo. En esa exigencia pones gran dedicación, pero se te ha enseñado que toda verdad necesita amor. Tú te conduces buscando La Verdad, y tienes el Gran Amor del Padre en ti, pero cuando aflora tu exigencia, desequilibra tu piedad. Ciertas veces y sin quererlo, crees que las situaciones de la vida son ecuaciones matemáticas, y piensas que determinadas cosas indefectiblemente acarrean
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resultados exactos. Con todo mi amor te digo que aún no conoces todo para aplicar exigencia, porque ésta contrarresta tu piedad. Tus intenciones son buenas, pero debes sopesar tus actos, pues cuando reclamas justicia, a veces te vuelves juez tú mismo, y recuerda que no debes juzgar. De otros tiempos se ha acumulado tu conducta, y por diversas causas, quieres hacer todo bien. Pero cuando no resulta así, eres severo contigo, y esto lo trasladas a otros, sean quienes sean. Siempre busca el amor en ti, antes que la exigencia. Sé testigo, y no juez. Actúa cuando debas hacerlo, pero con el centro del corazón consciente de tu Señor, y no con tu mente. Ve en pos de la justicia, pero sométete al juicio del juez y ejecútalo como instrumento, pues tú no eres juez, sino testigo del Juicio
– Sí hermano, sé que es así, y créeme que sufro por ello, pues esta actitud está tan arraigada que actúa en forma involuntaria y no obra la justicia de Dios.
– Debes diferenciar: a veces tal forma es un arma para no permitir que se infiltre el engaño en ti. Como combatiste tan fuertemente contra este enemigo usándola, rara vez descansas y la guardas hasta que sea necesaria, y sin saberlo la tienes en tu diestra, y haces ademanes cuando hablas sin saber que mueves tu mano con una filosa arma en ella. Por eso muchos se apartan, porque aunque saben que hablas Verdad, ven algo que podría lastimarles. Debes detenerte y guardar tal filo para cuando una batalla lo requiera, pero tu mano debe mostrarse abierta, con la palma hacia arriba para tomar la mano de tu hermano, y a lo sumo señalar con tu dedo cuando algo deba indicarse. Las armas son para las batallas, y no deben ser usadas en tiempos de paz.
– Pido perdón por mi ignorancia y descuido hermano Juan. No quise jamás el daño del prójimo, pues antes que esto prefiero morir. Es sólo que no sé cómo guardarla, pues paréceme que tal espada está adherida a mi piel
– Esto te parece por el uso constante que le diste, y por otra parte tú temes a estar desarmado y que una batalla te sorprenda. Confía ahora en tu mano, y ábrela, extiéndela a quien la pide con amor. No temas, pues esa y otras armas se te han dado para ser caballero del Señor cuando Él así lo ordene. Sé que bravamente batallarías por Él cuando así sea mandado. Pero es tiempo de mostrar La Luz al mundo. Pide ayuda a tu guía y a Nosotros, que te Amamos desde y en Lo Profundo. Eres joven en tu amor, y vehemente en tus acciones, pues la justicia es sentida por ti muy dentro. Deja que Dios obre justicia, y muestra tú lo divino del Amor. No hables tú, mas sí La Palabra. No juzgues, mas sé testigo. No lastimes, más señala con verdad El Camino. Usa tu fuerza para despertar a tus hermanos, mas no les pegues pues sería torpeza. No aprietes tu mano cuando aún no guardas tu arma, pues te cortas a ti mismo, y faltas a la sabiduría lastimándote. Lo dicho se ha dicho con Amor, para tu discernimiento.
– Lo agradezco con el alma Juan, pero no me dejes de alumbrar, y enseñadme tú y todo ser al servicio de Dios, a ser sabio y prudente, más allá de las formas y costumbres. Que no haga yo jamás otra voluntad que no sea la Vuestra.
– No temas, pues en ese santo camino estás.
– Amén
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Domingo, 11 de Junio de 2000
Johanán, hermano y maestro mío, Voz que habla en mi conciencia. Siempre has estado en mí, siempre tu presencia vibraba en mi ser. Pero es recién en estos tiempos donde se me dijo: Habla con Juan el Bautista, y él te contestará. Jamás pensé que esa voz conocida, indivisible de la de mi instructor, de la de Jesús, y de la mía propia, fuese La Voz. Tú eliges revelárteme de esta forma, y sumisamente y con alegría, yo la tomo. Tú eres de la Raza de lo Alto, conoces todos mis secretos, has visto desde mi niñez y desde otras vidas aún aquello que me esforcé en ocultarles con malicia. Ni siquiera soy digno siervo vuestro, mas reclamo tu cuidado y enseñanzas, porque nada sé más que escuchar La Palabra que, como dijo mi amado Señor, tiene Poder para salvarme. No dejes entonces de hablarme, ni de noche ni en el día, porque hay mucho que limpiar y te necesito. Sé que no abandonarás a tu hermano menor. Por eso te doy gracias y oso molestarte, para no extraviarme en medio de las sombras de la ignorancia y la seducción. Ten misericordia de este pequeño, y no le dejes perdido. Condúcelo como prometiste a la Casa del Señor, para gloria de Su Nombre. Amén.
– Juan: he recordado otro mandamiento del que quiero que me hables: Santificarás las fiestas. ¿A qué se refiere?.
– Cuando festejáis, hacedlo honrando al Señor tu Dios. Todo lo que festejéis, aún en el secreto, debes dedicarlo a Él, porque has visto tú mismo que sin Él, nada es posible.
– Hermano: cuando mis semejantes festejan la Navidad, me trae gran dolor ver que no recuerdan qué se festeja. Los veo comer y beber como si aflorasen todos sus sentidos. Si saciaron su hambre, y sienten que su cuerpo ya está deteriorándose a causa del exceso, se esfuerzan por excederse aún más. Pocos son los que meditan en la figura de mi Señor. Rogaría que aunque más no sea lo tomasen como un día más, para no ensuciar más aún este Santo día.
– Para que eso suceda pequeño hermano, nuevamente te digo que debe cumplirse el primer gran mandamiento: Amarás a Dios con todo tu ser. ¿Cómo pretendes que quienes no aman a Dios en la sencillez de sus vidas, dediquen siquiera buenos pensamientos al reunirse? Si no Le aman, no pueden Honrarle, y como bien dices, sería menos malo que olvidasen la fiesta, antes que honrar a quien en verdad están rindiendo honores: el seductor
– La pregunta es entonces: ¿cómo santifico una fiesta?
– Ofrécela al Señor, inclínate en tu espíritu ante Él, y dile: «Padre amado: todo lo que tengo, Tú me lo has dado. Sea esta y toda celebración mi humilde ofrenda a Tu Divino Ser». Si esto haces, todo lo que celebres será santificado con tu amor por Dios. Lo que celebres, celébralo en su Nombre. Que mientras otros Lo olviden, tú te inclines en secreto
– ¿Por qué en secreto? – Por piedad a tus hermanos. No puedes reprenderles en este tiempo si no han pedido escucharte. Te he dicho: vierte La Palabra a aquel que te la pida, pues
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tesoro sagrado es, y no debes desperdiciarle. Quien vibre con La Palabra, vibrará contigo en esa ofrenda, aún en el silencio de tu secreto.
– Mi hermano: ¿por qué veo que los sinceros buscadores de Dios están más acompañados por el silencio, lo secreto y la soledad?
– Los hombres que han aprendido a buscar a Dios, se refugian en su alma. El paisaje del alma del hombre es así en principio: hay silencio fuera, y escuchas Su Voz dentro. Se anida allí todo lo que no ha sido develado para el hombre exterior, mas el hombre interior penetra por la Gracia Divina. Hay allí soledad, pues nada hay más íntimo que el encuentro del hombre con su espíritu: nadie puede ingresar allí por más amor y cercanía que tenga hacia ti. Sólo estás tú, con el Señor. Una vez que Él te encuentra, puedes salir al mundo, y seguirás estando en el silencio, en el misterio de Dios, y en su Eterna Unión con tu alma.
– He comprobado que es así lo que me dices, pero no creo que las personas desciendan a lo profundo de su ser, si saben que se encontrarán con esto.
– Cómo tú mismo has visto, quien llega naturalmente a su tiempo de reencontrarse con La Verdad, naturalmente también tenderá al silencio, la soledad y el misterio del ser, pues desde que encarna palpita su alma fuertemente porque ha llegado el momento. Aunque no lo quiera, se recogerá en su cámara buscando en lo profundo, y si no logra hallar lo que Le llama, clamará por ayuda para que Quien le llama, le encuentre. Así lo has vivido, y así es.
– Si Juan, y pido porque el tiempo llegue como debe a cada hombre, para que sus celebraciones sean dignas, y no atenten contra su alma.
– Sea así
Viernes, 16 de Junio de 2000
Johanan: sé tú la voz de mi voz. No permitas que mi lengua hable cosa alguna fuera de la Palabra. Diga lo que diga, no dejes que lo dicho, por más mínimo que parezca, esté situado fuera de La Verdad. Y si no es así, porque aún no es mi tiempo, ayúdame a callar más, pues no es bueno que mi boca no diga lo que no es necesario, ni justo, ni bueno, ni veraz. Siempre que fui sobrepasado por el deseo de hablar, mi remordimiento dijo: mejor sería no tener lengua, para no obrar según La Palabra. Pero ahora sé que estaba errado, pues la lengua nos es dada para hablar, pero como en todas las cosas, no quiero hablar lo que quiere mi voluntad, sino entregarla como herramienta de Vuestra Divina Voluntad. Que jamás sea esta lengua causa de injuria, que nunca lastime, y que se mueva según dicta Dios y no de acuerdo a lo relativo del pensamiento y juicio humanos. Tú tienes el don de hablar La Palabra: enséñame a hablar o callar según tú sabes, pues así debe ser. Amén.
– Hermano mío, he mirado los Siete Principios de La Verdad. Nada tengo para decirte o preguntarte sobre ellos, pues veo y siento Verdad en ellos. ¿Qué puedo preguntarte yo sobre La Verdad?
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– Los principios que has visto deben ser sentidos, mas no explicados. El hombre se ha ocupado de escudriñar las leyes del universo, pero apenas roza La Verdad. Quien es en estos Principios, es en La Verdad. No te afanes en entender sino en sentir lo que por Dios ha sido dado
– Hablaba con mi instructor sobre que las respuestas que las palabras que tú me das en mi conciencia, son indiferenciables de las que siento que me daría Jesús o él en mi mente. Siento como ya te he dicho, que vuestras voces son una
– ¿No son la luna y el sol manifestaciones del mismo día? ¿Y en ese día no ves acaso distintos instantes que le pertenecen? ¿Cuál es el día en verdad: el que ves al amanecer merced al sol, o el que contemplas al caer la noche, bajo la luna?
– Ambos son el día, y cada momento que pasa. No es el día patrimonio de sólo uno de ellos ni del momento que abarcan
– De igual modo La Palabra a nadie le pertenece, mas quienes se hallan en Ella, transcurren en Ella y Ella Es a través de ellos.
– Esto se corresponde con Los Principios que me has hecho llegar. Juan: a medida que avanzo en estos días, no sé si es buen signo que suceda que poco tengo para preguntar.
– Esto es porque La Verdad se halla en ti, y dista poco de que sea quien habite enteramente la morada sagrada de tu conciencia. A medida que esto pase, poco tendrás que preguntarme. Contempla el Silencio y La Voz, porque ambos forman parte de esos mismos principios.
– Gracias amado Juan. Observaré en estos días lo que dices
Sábado, 17 de Junio de 2000
Amado Juan: me es costoso llamarte por tus nombres conocidos o desconocidos, y hasta me es difícil nombrar a mi instructor como tal, o como maestro. El dirigirme a vosotros, luces de mi alma, con un nombre, un atributo o algo que los identifique, ya no me es natural; mas a favor del entendimiento claro de quienes alguna vez puedan hallar alimento en estos diálogos, lo hago. Busco mi inundación de conciencia por La Luz, busco enfermarme de La Paz, busco al fin ser lo que está dictado y no lo que quiero. Que esto así Sea.
– Ayer hablábamos de los Siete Principios de La Verdad. Le he dicho a mi instructor que hace una década atrás habría tratado de desmenuzarlos, discernirlos, comprenderlos, y también confesé que sólo en este tiempo me es dado sentirlos. Los siento aunque no estén escritos en ningún sitio. Cuando se me mostraron en un papel, sonreí como quien encuentra a un familiar en el cual pensaba siempre, pero cuyo rostro no veía desde hacía algún tiempo. El rostro en este caso, era el papel escrito con los principios.
– Eso, hermano mío, es lo que dice que La Verdad siempre ha estado en ti. Cuando seres como el Señor Jesús han aparecido en esta Tierra, los hombres han visto La
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Verdad en Él, y Él les confirmó: Yo Soy La Verdad, El Camino y La Vida. Pero los hombres sólo tomaron las palabras, es decir según tu ejemplo, «el rostro del familiar conocido». Por ello han creído que La Verdad estaba en el otro, y no en sí mismos. Tú has visto como de a poco, has ido reconociendo que somos nosotros y Todo lo que Es, lo que se halla, se halló y se hallará en ti por siempre.
– Sí, pero antes lo busqué fuera mucho tiempo, pues no entendía la forma de buscar dentro. Y en realidad no había nada que entender, y esto era lo difícil. Tú me dijiste ayer: «No te afanes en entender sino en sentir lo que por Dios ha sido dado». Yo hacía esto: presuroso intentaba entender la Verdad, pero no pude entenderla, aunque sí Sentirla. Cuando la busqué en este segundo camino, Ella me encontró. Allí se cumplió aquella promesa: da un paso hacia Dios, y Él dará diez hacia ti. Mi pregunta es entonces si estos Siete Principios han sido dados para la gente de este planeta y este tiempo, o si pueden perturbarles.
– La Verdad está dada en todo lo que existe, mas no todo lo que existe puede sentir a La Verdad de iguales formas. El conocimiento de los Siete Principios no puede ser armonioso si aparece fuera primero. La Verdad no entra de fuera hacia el interior, sino que existiendo siempre en el interior se revela, y sale hacia fuera. No es sabio tratar de meter dentro aquello que está fuera, sino buscar dentro lo que El Padre ha puesto, pues Todo está allí.
– Pero Juan: hay órdenes y religiones y agrupaciones que se dedican al estudio de estos Principios y otros textos sagrados. ¿No es bueno eso?
– Te diré una vez más lo que te he dicho antes: no te afanes en entender sino en sentir lo que por Dios ha sido dado.
– Gracias Juan

 

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