Dialogos con juan el Bautista – Parte 4

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Dialogos con juan el Bautista – Parte 4

Domingo, 30 de Abril de 2000
Hermano en lo Alto: me dejo llevar por ti al lugar donde moran tus palabras. Tú dictas el cómo, y es difícil pensar en qué preguntarte, en qué es más provechoso, pues tú eres quién me conduce, y yo sólo disfruto de ti como del viento, al que nada le pregunto, pero le abro mis brazos en cruz para que me traspase. Que venga de nuevo a este humano tu gracia, para que siempre sea lo que La Verdad dicte por sobre todas las cosas. Amén.
– Juan: ¿tuviste tú una esposa?
– No
– ¿No tenías discípulas?
– Había mujeres que me escuchaban, mas mis directos eran hombres
– ¿Tenía esto alguna razón particular?
– Mi enseñanza era en los desiertos, lejos de las gentes. No había muchas mujeres dispuestas a este retiro
– ¿Tu enseñanza era más dura que la de Jesús en algún modo?
– Las palabras eran distintas, mas La Verdad era la misma. Yo debía iniciar el mensaje que Él daría luego
– ¿Condenabas Juan a aquellos que no se arrepentían?
– En verdad te digo que quienes no se arrepentían se condenaban a sí mismos
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– ¿Pero tú hablabas de cómo Dios les juzgaría si no volvían al camino?
– Yo les decía que debían de seguir a Aquel a quien Dios enviaba, porque Él era la Luz, La Verdad y La Vida
– ¿Tú no eres también eso?
– Todo el que está en Él, se vuelve Él, y Todo le es dado
– ¿Por qué no hablabas entonces así de ti mismo?
– Porque yo debía anunciarle, Él era quien redimiría a la Humanidad. Yo sólo le antecedía
– ¿Era diferente la humanidad de entonces a la actual en cuanto a lo que se debía redimir?
– Si te refieres a los pecados, en esencia son los mismos, sólo que algunos han comprendido cómo acercarse a La Verdad desde entonces
– ¿Existe la posibilidad de que una Humanidad que se resiste consciente o inconscientemente, sea aniquilada por El Plan?
– El Señor ha creado planetas y humanidades para que sean conscientes de la Obra, mas el último recurso para los mundos rebeldes y necios es la reducción a la inexistencia
– Ya le he preguntado a mi instructor, y te pregunto a ti: ¿pasará eso con La Tierra?
– Uds. están escribiendo su destino
– No creo que la letra de esta Humanidad sea muy buena
– Algunos de Uds. se esfuerzan para salvar esta Humanidad
– ¿Por qué el Señor nos hizo tan necios?
– El Padre los forjó divinos, y les obsequió el hermoso don de la voluntad, con la regla misteriosa del Libre Albedrío
– Pero la Humanidad entró en decadencia. ¿Qué posibilidad hay de volver a la Luz?
– ¿No vas acaso tú hacia la Luz?
– Dímelo tú
– Sí, vas
– ¿Y en qué beneficia que algunos vayamos cuando millones la niegan?
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– Aún esos millones tienen la Luz en su ser
– ¿Y qué los haría elegirla?
– A veces, cuando la obscuridad todo lo cubre, se vuelve asfixiante, y en ese momento es que uno grita por La Luz
– ¿Entonces debemos caer aún más bajo para que todos anhelemos La Luz?
– No es necesario, pero es posible
– Juan, según lo poco que veo, esta humanidad no es muy diferente a aquella que les condenó y asesinó.
– Hay algunas diferencias
– ¿Somos una humanidad joven?
– Aún no han madurado
– Ya que mencionaste el Libre Albedrío y que tienes el conocimiento hermético, te pido que hablemos de esto. ¿Puedes hablarme sobre esta Ley?
– Es una ley dada al hombre para que ejerza su voluntad sobre sus actos. A diferencia de la mayoría de las criaturas del planeta, él puede torcer o enderezar su voluntad.
– ¿Y el fin de esta Ley?
– El hombre debe volverse consciente de lo que elige
– ¿Y si elige lo malo?
– Debe volverse consciente de lo que ha elegido
– La mayoría de las personas usamos esta ley a cada segundo, pero no somos conscientes de la libertad de elegir y menos aún de qué estamos eligiendo. ¿Cómo se vuelve el ser consciente de su elección constante?
– Cuando se vuelve reflexivo, refrenando sus impulsos. Cuando busca la verdad que no encuentra, debe detenerse a mirar adónde la busca. Cuando el hombre se mira a sí mismo, y encuentra el destello de Dios en él, la conciencia empieza a aflorar.
– Pero más allá de este hermoso punto, hay algo que hace que comience a elegir conscientemente lo que elige
– Su voluntad. Él elige lo que su voluntad dicta
– La voluntad es entonces como una vela que el hombre iza, para ser llevado a buen puerto o las rocas
– No, la voluntad es el timón del barco, y eso decide adónde irá
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– ¿Basta con la voluntad Juan, para dirigirnos a buen puerto?
– La voluntad sincera genera acción. Si en verdad quieres algo, harás lo que debas hacer para lograrlo
– ¿Y qué sucede con aquellos que quieren algo, y son débiles, y quedan en el camino sin realizar lo que quieren?
– Tales aprenden de esta manera que han elegido, que para realizar lo que quieren no basta con anhelar, sino que deben trabajar por ello con su acción
– Ya sé la respuesta a qué pasa si no aprenden, pero te pregunto ahora: ¿por qué los caminos de Luz generalmente requieren esfuerzo, y los de la obscuridad sólo inercia?
– Quien camina por la Luz, ve por donde camina, dirige sus pasos uno a uno hacia más Luz, y debe ser consciente de ellos. Mas quien anda en las sombras sólo camina, sin saber por donde. Hace caso a sus sentidos creyendo que estos lo guiarán, y olvida su corazón que es el único que contiene luz
– Pero al hombre no le atrae el esfuerzo, sino lo placentero
– Hasta que el hombre no elija la luz, el esfuerzo será cada vez mayor, y todo placer será otro paso engañoso más
– Dime entonces Juan, ¿es malo todo placer?
– El placer es al gozo divino lo que una chispa es al fuego de un sol
– El placer es entonces efímero, diminuto, casi inexistente. Si es así ¿por qué el hombre se afana en encontrarlo?
– Porque como anda en tinieblas, es engañado por el destello creyendo que es la luz, y lo busca constantemente, mas cuando lo encuentra se extingue. Es así que de nuevo se afana en encontrarlo, y se vuelve a extinguir. Por eso, en medio de las sombras, se alegra para luego entristecerse.
– ¿Cuándo sale el hombre de este círculo ilusorio?
– Cuando deja de buscar la chispa del placer porque se detiene, aún en medio de las tinieblas, y se vuelve por un instante consciente de que esa chispa es sólo pasajera. Si lo decide porque ha comprendido esto, buscará una chispa que no se extinga.
– Hablemos de este punto particular. El hombre en medio de las tinieblas ha visto que la chispa que aparece y desaparece es real, pero no verdadera. ¿Cómo sabe que hay una Luz que no se apaga, por siempre encendida?
– Lo siente: no olvides que el hombre lleva en sí esta luz pues ha sido puesta por Dios
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– Habiendo estado la luz siempre con él, ¿por qué no la ha visto?
– Porque no ha buscado en él, sino fuera de él
– ¿El hombre naturalmente tiene esta tendencia de buscar primero fuera?
– El niño ve primero los objetos que le rodean, y al pasar los primeros años, toma conciencia de sí mismo, de que él es más allá de los objetos que ha visto
– ¿Por qué al pasar de los años volvemos a buscarlo de fuera?
– Elige generalmente el hombre lo que más placer le da
– ¿Quiere decir que no hay placer en encontrar la Luz?
– Al encontrar la Luz hay gozo, pero el gozo se halla mucho más profundo que el placer. El placer es como la humedad, que flota mas no alivia tu sed. El gozo es el agua pura que se halla luego de cavar en lo profundo, que no sólo es capaz de aliviar tu sed y refrescarte, sino que necesitas para vivir.
– La Ley de la que me has hablado es perfecta y funciona de manera misteriosa Juan. Ojalá el hombre busque en lo profundo de sí mismo La Luz y abandone los chispazos que sólo lo hacen perderse más en la espesura de lo obscuro. Gracias mi amado hermano por tu enseñanza
– Así sea
Lunes, 01 de Mayo de 2000
Juan, la voz que clama en el desierto: escucho tu enseñanza cuando miro a mi conciencia. Este mundo es árido para quienes como tú han venido a proclamar La Verdad. Aún así, como vuestra lluvia es infinita, confío en que el agua llegue a traspasar nuestras arenas, y humedezca la tierra verdadera que se halla en lo profundo de nuestra humanidad. Tengo fe mi hermano amado en que llegará el día en que veré brotar árboles en medio del desierto, y que cada vez serán más, y que la aridez no tendrá lugar allí, porque sé que nada de lo que habéis hecho puede ser en vano. Síguenos prodigando tu Palabra, nunca ceses, pues nuestro existir va en ello. Que seamos fértiles para vuestra semilla. Amén.
– Juan, quiero preguntarte hoy sobre los milagros. ¿Existen verdaderamente?
– Dios obra milagros
– Pero para Dios no son milagros, sólo para nosotros que somos seres finitos
– Dios todo lo puede, mas vosotros no, a menos que seáis uno con Él
– ¿Qué es entonces un milagro?
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– Milagro es todo aquello que el hombre no puede realizar por propia voluntad, aquello que se riñe con su lógica natural, y aún así se ejecuta. Es la acción directa de fuerzas superiores sobre la naturaleza de este mundo
– ¿Resucitar es un milagro?
– ¿Acaso el hombre puede resucitar por propia voluntad?
– No, pero sí puede dejar de vivir si se suicida
– La terminación de la vida de ese modo no es milagro
– La cura de una enfermedad ¿es un milagro?
– Si está dentro de la voluntad del hombre, no lo es. Mas si está fuera, sí lo es
– ¿El saber hermético enseña cómo hacer milagros?
– El saber hermético conoce las leyes profundas del universo, lo que está más allá de la lógica y la naturaleza, y lo que las incluye
– Por lo tanto, conociendo estas leyes, se pueden dominar ciertos elementos naturales
– Lo que se conoce en lo profundo puede ser usado en lo profundo
– ¿Conocía Cristo este saber, y así obraba milagros?
– Él es uno con el Padre. Esta fuerza omnipotente realiza a Voluntad lo necesario
– Quiere decir que hay más de una forma de obrar milagros: por conocimiento de las leyes Universales, y por la Fuerza de Dios
– Sí
– ¿Cómo hacían los discípulos para obrar milagros, por cuál de ambos caminos?
– El Espíritu Santo actuaba a través de ellos. Su fe era la fuerza que hacía descender ese poder en este mundo
– ¿Es la fe entonces el otro modo de producir aquello que parece imposible?
– Es el modo más directo. El Señor enseñó esto
– Leo en los antiguos evangelios que los hombres enfermos estaban poseídos por demonios, y que el Señor los expulsaba. ¿Puedes hablarme de esto?
– En los cuerpos de un humano puede haber armonía o desequilibrio con el espíritu. Si hay desequilibrio alguno de los cuerpos lo manifiesta como un mal. El poder del Señor consiste en actuar a la fuerza sobre lo que se halla en desorden, y retornarlo al orden.
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– ¿Quiere decir entonces que no eran demonios propiamente dichos?
– Las energías que desordenan a los cuerpos del hombre provienen de lo obscuro
– ¿Puede el hombre entonces obrar milagros sobre sí mismo si se halla en estado de desorden?
– Si su fe se mantiene fuerte, buscará que el Creador restaure su orden
– ¿Por qué necesitaban entonces acudir a Cristo?
– Hermano mío, bien sabes que caminaban en la obscuridad, donde todo es confuso y doloroso. No hay poder allí, sino caos. Cristo irradiaba Luz a su paso, y los que querían ser curados sentían la presencia del Espíritu, y le buscaban.
– Si Cristo no hubiese obrado milagros, ¿alguien le habría creído?
– Sólo sus íntimos, ya que en las masas no creían en Su Palabra, pero algunos creyeron en lo que vieron
– La tarde de la multiplicación de los panes, ¿cómo obró Cristo este milagro?
– Vibró con el Padre, y todo vibró con Él. Lo no manifestado se hizo manifiesto por Su Voluntad. Lo que existía en el pensamiento, fue declarado real y fue hecho. Así aparecieron los panes y peces que alimentaron a las gentes.
– Entonces la distancia entre la realidad y lo no manifestado es el milagro
– La distancia entre lo que existe y no se ve, y lo que existe y se ve, es el milagro
– Quiere decir entonces que todo milagro ya está hecho, sólo debe ser manifestado
– Pero para que esto suceda debe haber fe en el Señor. Fe auténtica, no simples deseos
– ¿Es la oración un medio auténtico de realizar milagros?
– Si la plegaria se eleva con esa fe, los cielos responderán como la Ley dicte
– Eso quiere decir que no todo milagro puede ser manifestado, pues hay algunos que se riñen con la Ley
– Nada debe ser realizado que no esté en armonía con la voluntad de Dios
– ¿Y fue la voluntad de Dios que concedió la resurrección de Lázaro? ¿No se reñía esto con su Ley natural?
– De ningún modo. El Señor mostró esa y tantas veces, que el Espíritu tiene potestad sobre el cuerpo y la materia. Lázaro fue en ejemplo que el hombre no ha tomado como es debido. El hombre no nació para morir, sino para ser eterno
– ¿Por qué muere el hombre entonces, constantemente?
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– Porque no es uno con Dios. Tú bien lo sabes: cuando el hombre se vuelva uno con Dios, no morirá jamás
– ¿Ni su cuerpo?
– El cuerpo tal como lo conoces se transformará en espíritu, y el espíritu no conoce la muerte
– Juan: ¿conozco yo la muerte?
– Has nacido y muerto muchas veces, mas tu alma sólo conoce de Dios, donde la muerte no existe
– ¿Por qué entonces una parte de mí la visita cada tanto?
– Así será hasta que te fundas por completo con el Uno
– ¿Y por qué mi instructor sigue encarnando aún, si él ya es uno con Dios?
– Tú sabes bien por qué
– Tú dilo, porque es bueno que te crean a ti más que a mí
– Porque esta es la Voluntad del Padre, que él obedece voluntariamente para que el Plan se cumpla
– Me ha dicho que ya no debo temer, pues me llevará con él en esta misma vida. ¿Qué es esto?
– Hermano mío: es volver a donde perteneces desde toda la eternidad
– ¿No volveré a encarnar entonces?
– En todo plano realizarás lo que el Padre diga, pues fiel siervo eres de Su Voluntad en tu espíritu
– A veces no me veo muy fiel, Juan
– ¿Qué te preocupa lo que tu mente ve? ¿Acaso la mente puede mostrarte un trozo siquiera de eternidad? Sólo el espíritu sabe lo que es esto
– En ti confío
– Confía en Dios, donde La Verdad mora.
– Amén
Miércoles, 03 de Mayo de 2000
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Te saludo Juan, amado hermano y maestro, servidor de lo Alto, portal de la morada Divina. Te hablo en esta hora donde me hallo calmo, porque no es de varón buscarte sólo en mi tribulación. Te hablo como única forma de encontrar lo que Dios guarda para mí, pues esto es un misterio y tú lo conoces. Mas no te pido que develes el misterio, sino que sólo me hables, pues encuentro en ello una gracia que me habéis concedido, y que ya no cuestiono si soy merecedor o no; pues de lo bueno que Dios me otorga debo alimentarme para volverme fuerte cuando los vientos de la flaqueza me azoten. Así es que sea cualfuere mi devenir, favorable o adverso, que busque yo en mi pequeñez los mismos brazos, los de mi amado Señor. Ante tu saber y divinidad me desnudo en espíritu, para que me envuelvas. Amén.
– Mi hermano: en los libros que nos han dejado, nada ha quedado escrito de José y María, los padres terrenales de Jesús, luego de su ascensión. ¿Qué pasó con ellos?
– José, quien se dedicó fielmente como padre y esposo en la familia de Jesús, murió mientras él era joven. Estaba entrado en años, y abandonó este mundo mansamente, habiendo cumplido su tarea. Jesús tomó su lugar de jefe de familia, y atendió las necesidades de ella. María fue una devota madre. Luego de la resurrección, el maestro se le apareció algunas veces, y se comunicaban directamente. Fue cuidada materialmente por algunos discípulos íntimos y seguía en contacto con María de Mágdalo.
– Y espiritualmente ¿qué sucedió con ellos?
– Están en otro estadio, y María está en contacto directo con el que en esa vida fue su hijo.
– ¿Y María de Mágdalo?
– Bien sabes que sigue encarnando, pues aún hay deberes que debe terminar
– María, madre de Jesús, de quien tú me has dicho que puedo tomar como mi protectora maternal, es una forma de Dios por la cual vibro. Ante ella sollozo como un pequeño, y siempre he pedido su favor y afecto. ¿Cuál es su relación con los humanos de esta Tierra?
– Ella toma a su cuidado a estos seres que por palabras de Jesús adopta como hijos.
– Con mis ojos he visto dos figuras: la de Jesús en una planta, y la de María en un mármol. ¿Por qué se me revelan estas formas?
– Porque tú tienes que ver con ellos
– ¿De qué manera?
– Ya te he dicho que tú estabas muy cerca de estos seres, y que lo seguirás estando
– ¿Por qué no se me revelan otras formas de Dios también conocidas?
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– Antes también te dije que las almas se reúnen por afinidad. Tú eres afín a estas formas que encarnaron, y no tanto a otras.
– Pero tú no te me apareciste como ellos
– Esta es la forma en que me aparezco
– Y bendita sea, y cree que la agradezco con todo mi amor. ¿Hay alguna razón especial para que estas formas se materialicen y sean vistas por algunos y no por otros?
– Es una señal, un recordatorio. La señal es que vas por el camino trazado de antemano, y el recordatorio de que son estas formas tu familia
– Siempre me ha conflictuado el amar a Dios con o sin forma. Sé que a veces he necesitado verlo representado en imágenes, o sentir que Dios era el viento y el agua y el aire y el fuego. Otras lo he sentido vibrar en mí mismo, en lo más profundo e íntimo, en lo más diminuto e infinito de mi ser. A veces lo he imaginado, otras sentí la eternidad en mi mente, y la mente se hizo Nada. Otras lo sentí en mi maestro, o en un desconocido, o en todo lo que me rodeaba. ¿Algo de esto es mejor para mí?
– Todo lo que te haga recordar a Aquel, es de Aquel. No temas, cualquiera de estas formas es Él, y si la ausencia de las formas te hace vibrar, también es Él. Has aprendido que lo importante es vivir para Él, y no cómo lo concibas. Se despliegan múltiples formas, porque infinitas son. Tu mente no puede jamás abarcarlas, pero si tu mente busca a Dios, ¿qué importa cómo lo logre? Deja a la mente ocupada en estas formas, que la limpian y purifican, antes de que se ocupe de las formas engañosas que te hacen olvidarlo.
– Aún así amado Juan, debo notar que jamás vi estas apariciones directamente, sino porque me fueron señaladas por mi instructor, y la de la virgen por una discípula. ¿Por qué no se me revelaron directamente?
– Las cosas no te llegan a ti directamente, pero te llegan. Y créeme: son para ti. Así como estas palabras lo son, y no te llegan con mi voz, sino a través del pensamiento
– Esto fue razón de confusión hasta hace poco, mas por orden de mi instructor dejó de serlo. ¿Por qué sucede que las cosas de Dios me llegan indirectamente entonces?
– El Señor te cuida, te prodiga su amor en forma suave, porque sabe de tu sensibilidad y tus procesos. A ti se te debe cuidar, porque eres como un pequeño lirio en el hermoso e inmenso campo. El dueño del campo ha puesto sus manos en derredor, no sea que te quiebres.
– Amado me siento por esto y otras gracias. Recuerdo también que cuando me concentraba en una pintura de Jesús o de Sri Ramakrishna, sus miradas y expresiones se tornaban tan vívidas, que comenzaba a impresionarme, y aún así pedía fuerza para soportar aquel principio de visión, aunque sentía que el corazón iba a dejar de latir, y al instante se detenía esta sensación. Esto
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confirma lo que dices. Yo no he tenido visiones indiscutibles y sobrenaturales, ni voces inmateriales, ni signos directos, mas siempre me rodearon las señales de que me era prodigado el favor divino. La única vez que dudé de Dios, si es que me había abandonado, fue cuando sentí que mi mente iba a estallar en pedazos por el mantram que me dio mi instructor ¿Puedes hablarme de esto?
– Ya has atravesado el bosque en llamas que debías atravesar. Dios vio tu esfuerzo y sinceridad, aún en medio del terror. Ahora debes caminar a Él por caminos más tranquilos.
– Se me ha guiado en esta vida Juan, para que suceda la Voluntad Divina en mí aunque yo no supiese qué paso dar. ¿Se me ha guiado en otras?
– Sabes que sí. Siempre se te guiará. Siempre habrá alguien delante de ti. No temas
– Los seres que guían a otros, a su vez ¿son guiados?
– Sí en un principio, hasta que se vuelven conscientes de su mandato
– Juan, ¿tuviste tú un maestro?
– Tuve guías
– ¿Cuál es la diferencia?
– Quien te guía te lleva al principio del camino que debes recorrer, y poniéndote en ese punto, deja que camines sólo. Un maestro te acompaña durante todo el camino, hasta que llegues al destino que se te ha asignado.
– ¿Y si una vida no le alcanza?
– El camino puede durar varias vidas, y su trabajo también.
– Mi instructor me dijo estar esperando. Sé que me enseña desde otras vidas. ¿Me seguirá acompañando?
– ¿No le has pedido que te prometa que jamás te deje?
– Sí
– Así será. Siempre estará contigo, y tú ya lo sabes.
– ¿Y cómo será en esta encarnación?
– Espera y ya lo verás.
– Gracias mi amado. A tus pies me postro.

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