Dialogos con Juan el Bautista Parte 3

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Dialogos con Juan el Bautista Parte 3

16 de abril de 2000
Amado Juan, amado en lo profundo, donde mi mente no ve, donde mi conciencia siente. Hermano mío: debo nuevamente pedir el favor de tu piadosa ayuda, para profundizar estas charlas. Te pido permiso, pues hoy hablaré desde lo que sé o siento, que es poco, pero que permitirá quizá ir más hondo. Teniendo a Jesús como Norte, sé mi brújula y mi navío, llévame a Buen destino mi amado Juan, y no permitas mi naufragio. No te pido aguas tranquilas, sino sabiduría en la tempestad. A tus pies me postro hermano y llave del conocimiento de Jesús. Amén
– Juan, la vez pasada me decías que los tres reyes conocían este saber oculto a los hombres, que eran la cábala, los astros, y las leyes del universo o algo así. ¿Debo conocer yo estas tres ramas para llegar al maestro Jesús?
– Para llegar a Él, necesitas amarlo con todo tu corazón.
– Y este saber hermético ¿debe formar parte de mi conocimiento como apoyo para mi discernimiento?
– El saber aparecerá revelado en tanto avances por el camino a Dios
– ¿Esto es que ame, y lo demás me será dado por añadidura?
– Sólo te será dado lo que necesites para llegar a Él.
– Juan, ¿ por qué entonces es tan valioso este conocimiento hermético?
– Porque viene de Dios
– ¿Y lo necesita el hombre?
– En algún punto de su evolución, el hombre incorpora este conocimiento
– ¿Por eso me hablaste de estos tres reyes como hermanos en ascenso?
– Sí
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– ¿Un hombre corriente puede alcanzar tal nivel como estos hermanos?
– El hombre corriente puede alcanzar a Dios
– ¿Y si alcanza a Dios tiene este conocimiento?
– Si alcanza a Dios, ya tiene lo que necesita
– Según sé mi buen hermano, tú poseías esta llave del saber hermético. ¿La necesitaste para conocer a Dios?
– El conocimiento de Dios no vino por este saber, sino por Su Voluntad.
– ¿Y para qué accediste entonces a este saber?
– Para cumplir más acabadamente con la misión encomendada.
– ¿Preparar el camino de tu amado Jesús requería entonces de este saber?
– Requería de todo
– Juan: ¿tú estudiaste esto por tu cuenta, te fue revelado por seres superiores o te fue enseñado por hombres de este mundo?
– Tuve varios maestros
– ¿Los tres reyes te enseñaron?
– Se encargaron de una parte de mi educación
– ¿Los esenios también?
– Fue parte de la preparación
– ¿Tu familia sabía exactamente que venías a hacer a esta Tierra Juan?
– Aquellos que convivieron desde mi nacimiento conmigo, tuvieron el anuncio y varias señales.
– ¿Desde pequeños compartían tiempo con tu primo Jesús?
– Sí, muchas veces estábamos juntos
– ¿Pero Él hizo un camino y tú otro?
– Yo fui delante porque así debía ser. Una vez cumplida esta parte, Él avanzó y mostró la Luz al mundo
– En estos días he visto en mí, los puntos de contacto en vuestro camino: la predicación a las multitudes por un lado y a discípulos por otros, su educación en grupos cerrados, su revolución en el tiempo y espacio en que transcurrieron
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sus días, su culminación como mártires. ¿Debió ser esto necesariamente de este modo?
– Todo fue hecho de acuerdo a lo mandado
– ¿Recibieron un mandato directo del Padre celestial?
– El Uno envió a su Hijo a este mundo, para realizar Su obra
– ¿Su Hijo era Jesús?
– Él es lo que el hombre debe ver
– ¿Y tú Juan, qué eres?
– Ya te lo he dicho: yo soy aquel que prepara el camino a Él
– Juan, entonces esa preparación no acabó con esa vida en semejanza de carne
– En lo eterno, nada acaba
– ¿Me permitirás trazar tu figura en un papel? ¿Te mostrarás a mí uno de estos días para que pueda contemplar la imagen de quien me ha de llevar a Jesús?
– Mi imagen ya está en ti hace mucho tiempo
– ¿Juan, he sabido de ti en vidas anteriores?
– Sabes que sí
– Alabado seas amado hermano Juan por tu bondad para conmigo. Bendito soy por recibir estas palabras de tu ser. Te amo.
18 de Abril de 2000
Hermano Juan: he golpeado a tu puerta, y ya estaba abierta. Abandono aquí el temor y con tu permiso ingreso a este sagrada morada, pues ¿cómo habría de llegar a ser cercano a ti, si me ofreces tu casa y yo espero fuera de ella?. Así es que te pido que me permitas el acierto y el error, pues no tengo otra intención que sentirte hasta donde mi humanidad permita. Adéntrame en los misterios que conoces, no para saber más, ni para desterrar mi curiosidad de hombre, sino para cumplir con lo que mi maestro me ha encomendado esta vez, y para que La Verdad se haga carne en mí, y en cada uno de aquellos que dispongas como conocedor de estas palabras. Vibra en mí, mi amado Juan. Hazme despertar a la conciencia del Padre. En tus brazos me refugio. Amén.
– Hermano, debo seguir preguntando por los tiempos en que los tres sabios esperaban el advenimiento conjunto de ti y Jesús. Respecto a esto, sé que visualizaban una señal en el cielo que indicaba el lugar del primer nacimiento, y
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que fue conocida popularmente como estrella de Belén. No siento que esta señal haya sido una estrella, ¿me puedes decir y explicar qué era exactamente?
– Cuando los tres maestros se reunieron conociendo los tiempos de la Llegada, vieron una gran luz profunda en el firmamento. Esta luz era el signo que buscaban, y no era un astro en movimiento. El Espíritu Sagrado se hacía visible para ellos, y señalaba el lugar exacto de la primer encarnación.
– ¿Era entonces esta luz un ser de luz?
– El espíritu esperado
– ¿Cómo supieron de él estos sabios?
– Conocían lo secreto, y ésta era la señal esperada.
– ¿Tú encarnaste antes que Jesús?
– Poco tiempo antes
– ¿Y recibieron alguna señal de tu llegada?
– Mi familia sabía que quien llegaba tenía una misión importante, y esto fue anunciado tiempo antes.
– Sin embargo, los tres sabios los esperaban a Jesús y a ti
– Porque sabían que ambos formábamos parte de la misma misión
– ¿Llegaron otros seres en ese tiempo para esta misión?
– Todos quienes nos rodearon íntimamente, eran parte de esta misión
– Los discípulos que tuvieron ¿eran parte de ella?
– Sí
– Amado hermano, sé la respuesta, pero quiero oírla de ti: quién era más grande, ¿Jesús o tú?
– Qué es más grande. ¿El viento o la lluvia?
– Ambos son grandes, como ustedes
– Ambos son lo que Dios quiere que sean.
– Mi amado, estoy aquí para preguntarte todo, e intentaré preguntarte lo útil para todos. Dime Juan, Jesús estuvo con los esenios, ¿pero formó parte de esta secta, o que tomó de ellos?
– El vino a dar, estuvo con muchas personas de distintos lugares y clases. A cada cual dio lo necesario. Pero Él no formó parte de ningún grupo. Compartió con sus
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hermanos esenios enseñanzas profundas, y halló sitio con ellos de vez en vez. Estuvo con multitudes, con pocos, y muchas veces solitario, con el Padre
. – Juan: tú tomaste al desierto como fértil campo donde plantar tu semilla de enseñanza. Tú que conociste su aridez y soledad, ¿puedes contarme sobre los días de Jesús allí?
– Fueron días íntimos, de comunión con el Altísimo. Fue el tiempo en que concretaba su misión en sí.
– ¿Fue tentado por el demonio como dicen los escritos?
– Fue atacado por esto pero no sólo allí. Jesús se mostró a este mundo desnudo en espíritu. Uno con el Padre por amor a esta Tierra. Lo obscuro se enfurecía contra Él, y Él amaba. Cuanto más era azotado por el mundo, más amaba. No hay amor más grande. Afirmó su esencia allí, durante el día y la noche, y por toda la eternidad.
– ¿Qué es el diablo Juan?
– Un ángel caído
– ¿Cómo un ángel puro puede caer?
– Hay misterios que no podrás entender mientras estés en esa funda de carne. Sé paciente. Te prometo que te revelaré aquello que en estos tiempos no puedo revelarte.
– Tu sabes qué es bueno para mí, y lo acepto. Mi deber es preguntarte todo aún si yerro. Quiero preguntarte sobre mí, ¿puedo Juan?
– Pregunta
– ¿Ha estado este espíritu que soy en el tiempo de vuestra misión?
– Sí, has estado
– ¿Cerca de Uds.?
– Tú siempre nos has amado
– ¿Y porqué estoy hoy separado de Uds.?
– ¿Por qué crees estarlo?
– Porque nuestra comunicación no es natural
– Tu te comunicas y nosotros lo hacemos más allá de estos momentos. Vibras desde que naciste con sólo imaginarnos, ¿no es esto natural?
– Es misterioso
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– El Padre es un misterio para ti, y es lo más natural que existe
– Pero Juan, yo quiero saber si en ese tiempo había yo encarnado en ese sitio con Uds.
– Tú estabas, pero no conviene a tu mente aún que sepas
– Lo que tú digas. ¿Puedo preguntarle más a mi instructor?
– Pregunta siempre
– Juan, volvamos a los discípulos. ¿Cómo los escogiste?
– El Señor los escogió. Las almas en misión se atraen y encuentran naturalmente.
– ¿Eran hombres comunes de Israel?
– Eran hombres designados para llevar el mensaje que estaba por darse.
– Y tenían discípulos en común con Jesús
– Todas mis ovejas eran sus ovejas aunque estuviesen conmigo. Yo sólo cuidé parte de su rebaño
– Pero su rebaño era más grande de lo que nos han dicho
– Su rebaño era y serán todos los hombres de este mundo
– Pero respecto a sus discípulos, ¿sólo eran doce?
– No. Había más mujeres y hombres. Perseveraron las figuras de estos doce, pero también había mujeres allí
– ¿Por qué nunca se las menciona?
– Los discípulos las mencionaron en sus escritos, pero fueron borrando estos testimonios los hombres que siguieron en los tiempos
– ¿Puedes hablarme de María Magdalena?
– Era algo más que una discípulo. Pertenecía al círculo íntimo del Señor. Se desposó espiritualmente con Él
– ¿Pero era lo que las escrituras dicen, una prostituta?
– Ella era una buena mujer, que se condujo por caminos errados hasta que encontró la luz en Jesús. Lo amó profundamente, y vivió para Él.
– ¿Y la madre de Jesús?
– Ella es la madre de quienes aman a su hijo
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– ¿Es mi madre?
– Claro que lo es, siempre lo ha sido
– Pero no es mi madre directa
– Tu madre directa es la Tierra y sus elementos naturales, si te refieres a lo que ves con tus ojos de carne
– ¿Y la madre de mi espíritu?
– Dios es
– Pero mi instructor me dijo que Dios no me creó directamente
– Aún así, Dios es, pues tu no existirías si su Voluntad esta no fuese. Por lo tanto, aquel que decide qué es y qué no es, éste es el Creador.
– ¿Y la madre de Jesús puede oírme?
– Esta mujer que era, se ha fundido con el Uno. Si el Uno escucha hasta el sonido de tu cabello cuando crece, todo lo que es Uno en Él te escucha.
– ¿Por qué aún no logró despertar a la total conciencia de Dios Juan?
– Porque te estás haciendo fuerte mi pequeño hermano. Se requiere ser fuerte para conocer a Dios
– ¿Y falta mucho para eso?
– No es mucho
– ¿Podré ver tu rostro, así como Jesús me prometió que vería el suyo?
– Tu ya has visto mi rostro, sólo que no lo recuerdas
– Háblame de mi instructor. ¿Él eres tú?
– Él es una emanación de mi esencia, como un dedo emana de una mano.
– Juan: debo meditar sobre las palabras que has sembrado en mí, detenerme sobre ellas, y volver a preguntar más tarde, pues todo esto es mucho, y deseo aprender con respeto y equilibrio. Agradezco estas palabras y agradezco tu amor. A tus pies me postro. Amén
22 de abril de 2000
Juan, hermano de mi ser: pido entrar, sentarme frente a ti, y compartir tu Santa presencia. Que el Espíritu Santo alimente mi alma a través de tus palabras, y que yo sea un buen recipiente para guardar tu enseñanza sagrada. En tiempo de Pascuas me recojo ante el sentir de lo ocurrido, y pido perdón en nombre de mis
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hermanos por nuestra dureza, liviandad y negación a vuestras sagradas presencias. Que la humanidad llegue a ser lo que Dios manda. Amén
– Juan, ¿eran los discípulos intermediarios entre Uds. y las masas?
– Los discípulos eran retoños cuidados y selectos para ser árboles. En sus comienzos se nutrían de la Palabra, y su mente era abierta para alimentarse de lo Alto. Eran como niños en un mundo de lobos, y debían crecer para alimentar luego de nuestra partida a sus hermanos en el mundo.
– Cuéntame sobre tus días Juan: ¿de pequeño sabías lo que sucedería contigo, te sabías maestro?
– Dios es el único Maestro, y Él toma diferentes formas. No sabía en mi niñez los pasos que daría, pero sabía que serían hacia Dios.
– La forma en que enseñabas, con fuertes palabras admonitorias, ¿no iban forjando una condena en sí mismas?
– Créeme que desde que vinimos a este mundo a realizar lo Decidido, nuestra condena ya estaba escrita en nuestra carne
– Háblame sobre tu forma de enseñar, si es que había una forma. ¿Qué era exactamente lo que advertías a los que querían acercarse?
– Pedía que despierten, que el tiempo se acercaba. Que preparasen sus ojos para ver la luz, porque si pasaba el tiempo, seguirían en la oscuridad. Los instaba a que se examinen en conciencia, que mirasen su vida y vean qué habían hecho, y que vuelvan su rostro hacia Dios, para que sean limpiados de todo error. Quienes siguieran con sus desmanes, sucumbirían a la muerte de este mundo, y quienes se limpiasen, nacerían a la Luz de Aquel que venía tras de mí.
– ¿Por qué los judíos querían ver en ti al Mesías?
– Estaban desesperados por librarse de la opresión romana. Como en tiempos del pasado, cuando Moisés los liberó de los egipcios, su anhelo era que Dios mandase un salvador que los hiciese libres de nuevo
– Y eso hizo
– Tú sabes que los hombres buscan otra salvación. El rey que esperaban ellos debía ser alguien poderoso como este mundo dispone, mas Jesús era poderoso como el Cielo dispone. Ellos esperaban alguien que con fuego aniquile a los romanos, mas Jesús vino a derrumbar el reinado del príncipe de este mundo. Aún hoy, los hombres de ese pueblo siguen esperando lo mismo. Han visto a Aquel a quien Dios envió para salvar a todo el mundo, mas no le reconocieron, salvo unos pocos.
– Pero Juan, ¿por qué era necesaria la muerte de Jesús?
– Lo sucedido fue el fruto del amor de Dios, de la ignorancia del hombre y del triunfo del espíritu, pues luego de ser clavado al árbol y torturado su cuerpo, El Cristo se levantó de entre los muertos, pues la Luz no sucumbe jamás.
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– ¿Y era necesario que cortasen tu cabeza?
– Sucedió, pues el hombre obra de acuerdo a su carne y no a su espíritu.
– ¿Te refieres a Herodes y su corte, al pedido de su hijastra?
– Sí
– El destino de los que hablan Verdad es siempre éste, pues veo que las luces llegadas a este mundo tienen el mismo fin
– Si miras bien, verás que no tienen fin.
– Pero veo Juan que los asesinan, martirizan, condenan
– ¿Qué esperas de estos hombres? ¿Que comprendan y amen? ¿Que abran su corazón al Señor? Estos hombres son como ladrones cuidando su riqueza, matan si algo la amenaza.
– Si ustedes saben que los hombres son así, ¿para qué vienen a ser muertos por causa de La Verdad?
– Porque Dios ama a este mundo, y vosotros sois sus hijos bienamados. Aún los ladrones algún día se volverán a Dios
– ¿Como aquel ladrón que le habló a Jesús en la cruz, y pidió que calle al otro ladrón?
– Como él
– ¿Tuviste temor en el momento de tu sentencia Juan?
– Sí, mas mi unión con el Padre era más fuerte que el temor.
– Juan, debo conocerte más profundamente. No quiero hablar sólo sobre lo sucedido sino sobre lo que sucede. ¿Por qué eres tú la llave a Jesús?
– Toda casa tiene una puerta, mas una vez que entraste, te olvidas de la puerta y disfrutas de la casa.
– Jesús es la casa, tú eres la puerta, ¿y qué debo hacer para atravesarte?
– Esto que haces, y lo que te sea mandado
– ¿Voy por el camino correcto?
– Vas por buen camino
– ¿Por qué me toca esta gracia de escucharte?
– No preguntes por qué. Acepta La Voluntad, úsala para alcanzar a Dios
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– ¿Y mis hermanos que no poseen esta gracia?
– Les serán dadas otras gracias o serán ayudados por quienes reciben la Gracia.
– ¿Tú discípulo mas allegado era Juan, quien luego fue discípulo de Jesús?
– Juan nos amó como ama un niño.
– ¿Puedes hablarme de él?
– Él era sumiso, fiel, adónde yo iba, él iba. Creció junto a mí y luego junto a Jesús. Amaba naturalmente. Servía naturalmente. Su corazón estaba repleto de pureza
26 de Abril de 2000
Juan, mi hermano: tú bien sabes quién soy, conoces mis faltas y las virtudes que me habéis prestado para mi desarrollo. Me dirijo a ti desde mi fe, y sé que no me dejarás abandonado ni un instante. Alúmbrame para ver claramente este camino que transito hacia ti, porque conoces mi meta. Siempre perdóname de antemano, pues sabes que soy un niño en las manos del mayor de los humanos, y puedo ser torpe en mi pequeñez e inexperiencia. Agradezco cada signo, como así también la ausencia de ellos, ya que cuando esto pasa, me obligas a confiar más en lo que no puedo ver. Con mis ojos cerrados quiero verte, sentirte, seguirte, preguntarte, escucharte y amarte. Fortalece esta fe, y háblale a tu hermano que en ti confía. Amén.
– Sabes que me han llegado versiones de evangelios no difundidas en nuestro mundo actual, y quiero preguntar cosas que tomé de ellas. En uno de ellos, mencionan que Jesús estaba unido a María de Mágdalo. Cuando tú me dices que se desposó espiritualmente con ella, ¿puedo incluir también la unión matrimonial humana con ella?
– María fue esposa de Jesús. El amor que ella sentía por él era inmenso. Su devoción la hacía estar unida a Él.
– No nos han permitido pensar, al menos los cristianos de hoy, que Jesús besase siquiera a una mujer. Siempre se nos ha mostrado como alguien inmaculado
– Jesús no tenía mancha alguna. Aún así besaba a su esposa, porque esto también es parte del amor.
– ¿Pero tuvo el maestro hijos en esta Tierra con ella?
– Bien sabes que no podía dejar descendencia, y era una de las admoniciones voluntariamente aceptadas por él antes de encarnar a esta vida.
– Pregunto todo esto porque desde pequeño lo referente al sexo es algo conflictivo para mí. Desde ese tiempo sentía atracción por Cristo, y creía traicionarlo si me ocupaba de mi sexualidad.
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– Eres hombre, naciste sexuado, y se te ha enseñado que si realizas cualquier acto de cualquier tipo con amor verdadero, servirás al Padre
– Hubo actos en mi vida que no fueron con amor verdadero
– Tú estás creciendo, y el camino no tiene un paso, sino muchos
– Agradezco tu piedad. Sigamos con Jesús: ¿otras mujeres se acercaban a él y mostraban su devoción?
– Muchas. Desde niño su divinidad era irradiada, y atraía a hombres y mujeres. Algunas de ellas, querían desposarse con él. Él las amaba a todas, pero sólo María era su esposa
– ¿No tuvo otras esposas?
– No. Los judíos eran muy apegados a la ley. Jesús convivió en su tiempo con la ley judía y la acató. Luego la explicó, la amplió y dictó la nueva ley para el hombre nuevo.
– ¿Cuál era esta Ley nueva, en qué difería de la antigua?
– Jesús vino a enseñar desde el perdón, desde el amor. En tiempos de guerra, enseñó a perdonar al enemigo, y luego a amarlo
– Los judíos no deben haber recibido bien esto
– Muchos estaban enojados, otros se confundían, y algunos pocos se iluminaban
– ¿Dudaba Cristo de Dios?
– En su primera juventud, renegaba muchas veces de su magnánima misión. Ser el Salvador era algo que a veces le oprimía. Mas luego del ayuno en el desierto del que hablamos, todo estaba aceptado, y sus pasos eran perfectos, y su conciencia estaba despierta a Dios en la totalidad de su ser.
– ¿Fue a visitarte en la cárcel?
– Él llegó a mí. Su espíritu me susurraba y me reconfortaba.
– ¿Qué sucedió con tus discípulos cuando te encarcelaron?
– Muchos se refugiaron en Jesús, tal cual yo les había mandado, pero otros se sentían molestos porque Jesús no me libraba de allí, y se reunían entre ellos murmurando.
– Volvamos a Jesús y María de Mágdalo, ¿por qué se unieron en matrimonio?
– Porque así lo quisieron ambos, y así fue hecho, mas muchas cosas se hicieron en secreto, porque los judíos juzgaban continuamente sus pasos
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– ¿Importaban a Jesús estos juicios?
– Él mostró a cada quien lo que debía mostrar. No era el mismo su mensaje para los discípulos, para sus familiares, para las multitudes, ó para los maestros, porque no todos lo hombres pueden entender la misma palabra de igual modo. Así también, sus acciones variaban de acuerdo al entorno en que se movía.
– ¿Era severo como el evangelio de Tomás muestra?
– Hablaba con simple rectitud, hablaba con Verdad. Su mensaje era definitivo y el tiempo era escaso
– ¿Por eso siempre decía «quien tenga oídos para oír que oiga?»
– Esto forzaba a las personas a reflexionar más sobre lo que acababan de escuchar, porque La Palabra verdadera es Vida misma, y Jesús la derramaba en grandes cantidades, pero pocos lograban beberla, y menos aún podían disfrutarlas
– Quien vivió largo tiempo bebiendo agua contaminada llega a acostumbrarse y puede descomponer al beber del agua de un manantial, pero para eso vino. ¿Cómo hablaba contigo?
– Con amor, como familiar y amigo, en intimidad
– ¿De qué conversaban?
– Cuando se precipitaba lo divino en Él, su mente se alborotaba, y preguntaba para escuchar mi sentir. Yo siempre supe que yo le precedía, y que estaba preparando el camino para él, y se lo hacía saber. Lo instaba a aceptar plenamente su tarea.
– ¿Fuiste tú maestro suyo?
– Hice lo que Dios me ordenaba en el corazón, y hablé con Él las palabras que me fueron mandadas
– Quiero saber si recibió educación espiritual de ti
– Sólo escuchó de mi boca lo que necesitaba confirmar y ya sentía.
– ¿Cómo estabas tan seguro tú de que Él era el Mesías?
– Desde el vientre de mi madre vibré al saberlo cerca de mí. Sentía su fuerza. Sentía la presencia del Altísimo en Él desde siempre
– ¿Puedes referirme el episodio de su bautismo por tu mano?
– Debía cumplir Jesús lo estipulado, mas al reconocerlo inclinado ante mí, lo quise levantar, pues yo era hombre y Él era el Verbo encarnado. Pero así convenía que se cumpliese para el fin de la Misión. Yo bautizaba a aquellos que querían volver la cara al Padre, abandonar sus desmanes y servir a Dios. Pero Jesús lo servía desde que nació. Aún así, con total devoción puso su cabeza bajo mi mano, con medio cuerpo dentro del río, y miré al cielo y al Padre, e hice Su Voluntad.
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– ¿Tus discípulos no se confundieron por esto?
– No, sólo se admiraron
– Cuando más pequeño, ¿recibió ayuda de algún tipo de los tres reyes que les adoraron en el nacimiento?
– Entre otros mandatos, ellos debían proporcionarle ayuda, y así lo hicieron mientras vivieron en la carne
– ¿Siempre trabajaron para esta misión?
– Siempre estuvieron al servicio del Hijo del hombre
– ¿Y cómo lo ayudaban luego? ¿Se presentaron de nuevo a Él?
– Trabajaban a la distancia, pero siempre estaban cerca de su Ser.

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