Una web de Lakshahara y Vivekamukti

Bromas con enseñanza (Osho)

Todos vuestros triunfadores son mentira.

bromas espirituales
Las personas supuestamente de éxito no son más que mentiras, fíjate bien.
El mulá Nasrudín estaba enfermo, así que fue al médico. El médico le dijo:
-Nasrudín, ¿bebe usted alcohol?
No –respondió Nasrudín, con las manos temblando.

Estaba borracho, podía olerse en su aliento. Así que el doctor le dijo:
-Muy bien. ¿Anda con mujeres?
-No –dijo Nasrudín, que acababa de dejar a una prostituta.
Llevaba carmín en el rostro.
-¿Fuma usted, Nasrudín? –preguntó el médico.
-No, nunca –contestó Nasrudín, con el paquete de tabaco sobresaliéndole el bolsillo y los dedos marrones de nicotina.
-¿Entonces, qué hace? –inquirió el doctor.

-Digo mentiras –dijo el mulá Nasrudín.

Y así es como son los hombres de éxito; cuando más mentiroso seas, mayor será tu éxito.

OSHO

Obsesionada con la idea de complacer a todo tipo de clientes con mujeres de las mejores, una madama emprendedora estableció un burdel de tres pisos. Tenía ex-secretarias, seleccionadas por su eficiencia, en el primer piso; ex-modelos, seleccionadas por su belleza, en el segundo; y ex-maestras, seleccionadas por su inteligencia, en el tercer. Con el paso del tiempo la madama notó que casi todos los clientes iban al tercer piso. Cuando se decidioó por preguntar, los clientes habituales le dieron la respuesta al acertijo.

“Bueno,”dijo un caballero, “usted sabe como son las maestras de escuela: le hacen repetir a uno hasta que le sale bien.

*************

Cuatro clérigos estaban hablando privadamente de sus vidas.
“A mi me gusta la carne de cerdo,” dijo el Rabino.
“Yo me bebo una botella de bourbon todos los días,” dijo el Ministro Protestante.
“Yo tengo una ‘amiguita'”, dijo el Pastor Bautista.
“A mi me encanta toquetearme los genitales,” dijo el Cura.
Todos miraron al Yogui, quien se encogió de hombros y dijo, “Yo?, A mi me gusta chismear”

**************

Un Francés, un Judío y un Polaco reciben sentencias de 30 años en prisión. El guardiacárcel le ofrece a cada uno un pedido personal. “Una mujer,” pide el Francés, “Un teléfono,” dice el Judío, “Un cigarrillo,” pide el Polaco.

Treinta años más tarde el Francés sale de la prisión con la mujer y diez niños. El Judío sale con su comisión de diez mil dólares que reunió durante ese tiempo.

El Polaco sale y dice, “¿Alguien tendrá un fósforo?”

************

El viejo Finkelstein y su amigo el Abuelo Funkenburger están compartiendo unos tragos tras la cena. “Tu sabes,” dice Fink, “Cuando tenía treinta años, mi erección era tan fuerte que no podía doblarla, ni siquiera con mis dos manos.” Funk asiente con la cabeza.

“Cuando llegué a los cuarenta,” continúa Fink, “podía doblarla un poquito apenas, pero haciendo un gran esfuerzo. A los cincuenta, podía doblarla un poquito más. Y ahora, que tengo 60, puedo doblarla a la mitad con facilidad.”

Los dos amigos continuaban con sus tragos, al rato, “Es sorprendente, Funk,” agrega Fink, “Me pregunto cuánto más fuertes pueden llegar a ser mis manos.”

———

Héctor, siendo un poco retardado, decidió hacerse un transplante de cerebro. Fue a un hospital, donde le dieron a optar entre dos cerebros, el de un arquitecto por 50 dólares y el de un político por diez mil dólares.

“¿Eso significa que el cerebro del político es mejor que el del arquitecto?” pregunta Héctor.

“No necesariamente,” dice el cirujano cerebral, “es que el cerebro del político nunca ha sido usado antes!”

**********

Un ruso, un cubano y Sw. Deva Banana están en un tren recorriendo Europa. El ruso saca una gran botella de vodka, sirve a cada uno de sus compañeros un trago y luego arroja la botella, aún medio llena, por la ventana.

“Por qué hizo esto?”, pregunta Sw. Banana.

“Hay tanto vodka en mi país,” responde el ruso. “Tenemos más de lo que podemos consumir.”

Más tarde, el cubano pasa una caja con cigarros cubanos. Cada uno toma uno y lo enciende, luego, el cubano arroja el resto de la caja por la ventana.

“¡Por dios!,” exclama Banana, “¿por qué hizo eso?”

“Los cigarros,” responde el cubano, “están a diez centavos la docena en mi país. Tenemos tantos que no sabemos que hacer con ellos.”

Sw. Banana se sienta en silencio por un rato. De repente, se levanta, agarra a un sacerdote y lo tira por la ventana.


 

Cierto día, Mendel Kravitz vuelve a su casa y encuentra un extraño sobre su mujer desnuda, con su cabeza entre sus grandes senos.

“¡Qué está pasando!” grita Mendel.

“Bueno, esteee.. , estoy escuchando música,” contesta el extraño.

Mendel pone su cabeza al lado de la del extraño y protesta, “Yo no escuho nada.”

“Claro que no,” contesta el extraño, “usted no está enchufado”


« »