Actos piadosos y enseñanzas para el caminante espiritual

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Rechacemos todo acto malicioso; no nos hagamos eco de las injurias, pues estos actos conducen a la inestabilidad. Amar la oración y abocarse a los actos piadosos, fortalecen el espíritu y hacen de la vida un acto virtuoso.

No hay que dejarse vencer por los tormentos que vienen; el viento no se aligera en el comienzo, mas luego de haberlo soportado, se llega con éxito al final.

La Sabiduría tolera lo grande y lo insignificante del hombre que pende una y otra vez hasta tolerar y tolerarse. El hombre sabio es tolerante del hombre que se alcanza.

Para vivir lo suficiente, hay que saber ofrecer lo suficiente.
Para ofrecer lo suficiente, hay que unificarse.

El hombre en el comienzo se ha herido el espíritu, mas su herida sabia comprende que el dolor es cauteloso y comprende más aún, que la herida es el espíritu.

El que se alumbra a sí mismo, se tropieza.
El que alumbra con el corazón, dignifica.

Alberga en tu corazón la buena enseñanza. Cada racimo es la columna de tu buena fe. Ensalza el camino con la palabra de Dios.

El que se vacía de todo, no se adueña de nada.
El que se adueña de todo, no intenta.

Nadie es vencedor. Todos somos caminadores. La Verdad es como la piedra más pequeña. El de espíritu orgulloso muchas montañas querrá escalar. El de espíritu sereno soportará con dignidad los tropiezos; más para él, la montaña no será más que una pequeña piedra.

 

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