XXXV EL SEÑOR SE ENCUENTRA CON LOS PANDAVAS

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El gran salón de swayamvara se había quedado por fin vacío. Krishna, acompañado de Balarama, se dirigió a casa del alfarero donde estaban residiendo los pandavás. Allí se encontró con los famosos hermanos, era su primer encuentro con ellos. Relucientes como el fuego acudieron a sentarse alrededor de su madre. Krishna avanzó y se postró a los pies de Kunti, luego se dirigió hacia Yudishthira y se postró también ante él y le
dijo:
-Yo soy Krishna, el hijo de Vasudeva.
En ese momento se forjó entre ellos una amistad solamente comparable a la existente entre Duryodhana y Radheya. Balarama se postró también ante Kunti y Yudishthira y dijo: -Yo soy Balarama, el hijo de Rohini.
Los pandavas también le saludaron y abrazó a su discípulo Bhima, que era mayor que Krishna pero más joven que Balarama. Arjuna y Krishna eran de la misma edad.
Krishna les sonrió y les dijo:
-Estoy feliz de ver a mis primos sanos y salvos junto a mi tía Kunti. Me agrada saber que habéis escapado del atentado de la asa de cera.
Yudishthira les dio la bienvenida con cariñosas palabras, tras lo cual dirigiéndose a Krishna le preguntó cómo sabía él que era los pandavas, a lo que Krishna sonriendo dulcemente le contestó:
-Aunque el fuego esté escondido no pierde su brillo. ¿Quién sino los pandavas podían haber realizado la hazaña que tuvo lugar hoy? De verdad estoy muy feliz de haberme encontrado con todos vosotros. Por favor, cuidaros y no permitáis que los hijos de Dhritarashtra sepan quiénes sois; todavía no. Lo sabrán cuando ya no sea para vosotros un riesgo. Ahora os dejaremos para regresar a nuestra mansión. Los dos
hermanos se fueron.
Drupada estaba terriblemente amargado. Había planeado el swayamvara con el único propósito de atraer a Arjuna, haciéndole salir así de su escondite, pero ahora se encontraba con que un bhramán se había ganado la mano de su querida hija. El joven ganador era noble, al tiempo que un gran guerrero, de eso no había duda, lo cual era inusual en un bhramán, pero no era Arjuna. Drupada le pidió a Dhrishtadyumna que
siguiese a los bhramanes para averiguar quiénes eran. Quería saber más acerca de ellos.
Se sentía arrepentido de haber celebrado aquel swayamvara, diciéndose a sí mismo:
“Debí haber esperado a la llegada de Arjuna. Ahora, debido a mi estupidez, he arrojado una preciosa gema en un montón de polvo. Si ella se sintiese insultada nunca me lo perdonaría.”
Dhrishtadyumna, queriendo confortar a su agraviado padre le dijo:
-Padre, no te desesperes, siento que algo maravilloso va a sucedernos. No puedo decirte qué es. Seguiré a estos bhramanes y averiguaré quiénes son y de dónde proceden.
Por favor, no te preocupes por mi hermana, ella con toda seguridad está muy feliz junto al joven a quien hoy impuso la guirnalda.
Dhrishtadyumna siguió a los pandavas guardando siempre una distancia y una vez que llegaron a la casa se detuvo, observándoles desde afuera sin ser visto. Veía y oía todo lo que adentro sucedía. La tarde ya estaba cayendo y los cinco jóvenes bhramanes salieron en busca de limosnas, regresando después de un tiempo con lo que habían recolectado. Se lo entregaron a su madre, la cual dijo a Draypadi:
-Aparta algo para los bhramanes que puedan venir en busca de comida y el resto lo divides en dos partes, una de las cuales se la has de dar a este joven de piel morena, él siempre tiene hambre. -Una tierna sonrisa se dibujaba en el rostro de Kunti, mientras que Draypadi después de ver la expresión de la cara de Bhima, no pudo ya ocultar su risa. Kunti continuó:- El resto lo dividiremos entre todos nosotros.
Draypadi hizo lo que le había dicho. Dhrishtadyumna la observaba mientras comía los alimentos que aquellos hombres habían recolectado mendigando y parecía muy feliz.
No estaba triste ni incómoda. Se quedó sorprendido al ver la felicidad que radiaba de sus ojos y la sonrisa que se dibujaba en las comisuras de sus labios.
El sol ya se había puesto y Dhrishtadyumna continuaba observándoles. Ahora los jóvenes estaban esparciendo musgo por el suelo para echarse a dormir. Kunti se tumbó a la cabeza de Draypadi, la cual yacía a los pies de aquellos jóvenes. Y Dhrishtadyumna se acercó aún más para poder oír lo que estaban hablando. La conversación era extraña,
hablaban de temas impropios de bhramanes. Hablaban de armas, proyectiles, ostras y cosas de ese estilo, de una forma muy familiar; esto fue para Dhrishtadyumna la prueba definitiva de que ellos no eran bhramanes. Se sentía muy emocionado y corriendo regresó al palacio.
Se dirigió a su padre y le dijo:
-Padre no te aflijas; no son bhramanes. -Le contó a su padre lo que había visto y oído en la casa del alfarero y añadió:- Tengo el sentimiento de que son los pandavas. Vi una señora a la que todos tenían respeto y rendían honor, creo que es Kunti Devi. El joven que ganó la mano de Draypadi tiene que ser Arjuna. El hombre fuerte que arrancó un árbol y peleó con él tiene que ser Bhima. Se han disfrazado bien. Creo que fue Yudishthira el que derrotó a Duryodhana, los otros dos restantes se parecen mucho el uno al otro; estoy casi seguro que son Nakula y Sahadeva. Hablaban de cosas que sólo pueden conocer los héroes kshatryas; estoy seguro que son kshatryas, es más, estoy seguro que son los pandavas. Creo que esto prueba que los pandavas escaparon del incendio de la casa de cera y están vivos. Ahora mismo se encuentran en Panchala.
Debieron oír la noticia e inmediatamente se pusieron en camino hacia nuestra ciudad. Drupada no se atrevía a creer lo que había oído. Desde el palacio envió obsequios a la casa de los pandavas. Les envió regalos y vestidos costosísimos. Les hizo saber que los arreglos para la boda ya iban a comenzar y que sería mejor que todos viniesen al palacio junto con su madre y Draypadi. La esperanza ardía en el corazón de Drupada,
sentía que las palabras de los rishis no podían fallar y que la mano de Draypadi por fin había sido obtenida por el mismo Arjuna.

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