XXXII ARJUNA DERROTA A UN GANDHARVA

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Ya era media noche cuando llegaron a orillas del río Ganges. Cansados como
venían decidieron tomar un baño en las aguas frescas del río. Pero allí había un
gandharva con sus esposas, al cual le molestó la intrusión de aquellos seres humanos en
su privacidad e intentó detenerles diciéndoles:
-Soy un gandharva, mi nombre es Angaravana. No podéis entrar en el río, este río
ha sido siempre mío.
Arjuna se enfureció por la arrogancia del gandharva y le respondió:
-Escucha: el mar al igual que las montañas y las aguas de los ríos son propiedad
común de todos. No tienes ningún derecho a proclamar como tuyo este río; decir eso es
sólo una pretensión de tu arrogancia. Nosotros somos fuertes y poderosos, así que si lo
que intentas es asustarnos no vas a tener éxito.
El gandharva comenzaba a ponerse impaciente con aquellos mortales y les dijo:
-Idos de aquí y no me hagáis malgastar mi tiempo, ni malgastéis el vuestro. Si no
lo hacéis me temo que tendré que usar la violencia y la fuerza para echaros de este lugar.
Arjuna le respondió:
-Por favor, no seas necio. Si lo que intentas es amenazarnos con la violencia
también nosotros podemos hacerlo.
El gandharva estaba ya muy furioso y, sin pensárselo más, empezó a disparar
flechas sobre los pandavas y especialmente sobre Arjuna. Este se refugió esquivándolas;
y le dijo:
-Si disparases flechas sobre alguien que no tuviese el más mínimo conocimiento en
el uso del arco quizá podrías tener éxito, pero en lo que se refiere a mí, no es ése el caso.
Voy a demostrarte que soy tan diestro como tú o más.
El gandharva no cesaba de disparar flechas una tras otra y la paciencia de Arjuna se
estaba ya agotando, por lo que le lanzó el astra llamado Agneya, el astra presidido por
Agni, el dios del fuego. Aquella arma celestial avanzaba escupiendo fuego e incendió la
carroza del gandharva. Arjuna le cogió y le sacó fuera de ella. Las esposas del gandharva
cayeron a los pies de Yudishthira implorándole misericordia, y éste ordenó a Arjuna que
dejara al gandharva en libertad. Después de la exhibición de destreza de Arjuna la
arrogancia del gandharva se había desvanecido. Ahora quería hacerse amigo de ellos y
aprender la invocación mágica de aquel astra que había prendido fuego a su carroza. A
cambio el gandharva le dio a Arjuna el poder de ver lo que sucede en los tres mundos,
además de hermosos caballos que jamás se fatigaban. En cuanto el gandharva vio quiénes
eran se puso muy feliz de saber que los pandavas estaban vivos en la tierra y les hizo la
siguiente sugerencia:
-Vais a ser los señores de esta tierra, por lo cual es necesario que tengáis un guru, lo
vais a necesitar; los reyes deben tener un sumo sacerdote. Con la ayuda de un bhramán
gobernaréis la tierra como lo hicieron vuestros padres.
Así pues los pandavas le pidieron que les sugiriera a alguien para asumir el papel de
sumo sacerdote. El gandharva sugirió que fuese Dhaumya. Arjuna le dio las gracias y le
dijo:
-En cuanto a los caballos que me has regalado consérvalos aún contigo. Cuando
lleguen los días oscuros, una vez que las circunstancias hayan cambiado, te los pediré.
Los pandavas se despidieron de él afectuosamente y emprendieron el camino en
busca de Dhaumya.
Dhaumya estaba muy satisfecho con la humildad y el comportamiento de los
pandavas por lo cual aceptó ser su guru. Ellos sentían que las nubes oscuras se estaban
disipando permitiendo que la luz entrase en sus corazones. Y a pasos agigantados se
apresuraron por llegar al reino de Panchala donde, según Vyasa, agradables sorpresas les
estaban aguardando.

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