XXVII LOS FUNERALES

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Con el resurgimiento de la aurora la noche lúgubre había quedado atrás. La casa estaba
completamente derruida a consecuencia del fuego. Las llamas ya habían cesado y la gente
había conseguido cruzar la zanja para ver lo que había sucedido. Fue para ellos un espectáculo
horrendo contemplar los restos carbonizados de siete cuerpos. Naturalmente supusieron que
se trataba de los cinco pandavas junto con su madre y el cuerpo del malvado Purochana. La
gente se alegraba porque Purochana había pagado con crecer su maldad, mientras que por otro
lado lamentaban la desgracia que les había sobrevenido a los pandavas. Y entre ellos hacían
comentarios como: “Es obvio que ha sido un atentado instigado por el rey y su hijo.” El
minero que había construido el túnel para los pandavas se acercó también y vio cómo la
entrada del túnel estaba completamente cubierta y oculta por los escombros. Se admiró de la
astucia de los pandavas y sin perder tiempo regresó a Hastinapura para darle a Vidura la
noticia de que los pandavas habían logrado escapar. Los otros agentes de Vidura también
regresaron inmediatamente a la capital del reino para confirmarle la noticia de que los pandavas
se encontraban a salvo y se dirigían hacia el sur como él les había aconsejado.
La noticia del accidente se propagó rápidamente. Los habitantes de Hastinapura se
pusieron muy tristes cuando supieron la noticia de que los pandavas habían muerto. El
corazón del rey Dhritarashtra se llenó de alegría en cuanto le llegaron los rumores de lo que
había sucedido en el palacio que él había mandado construir para los pandavas en Varanavata.
No obstante, simulaba estar profundamente afectado y conmovido por la noticia, se
comportaba como si una gran calamidad le hubiera sobrevenido. Al igual que las nubes de
otoño truenan en el cielo sin soltar ni una sola gota de lluvia, igualmente gemía el rey
simulando estar sumamente apenado.
Inmediatamente el rey envió mensajeros a Varanavata con la orden de que celebrasen
los ritos funerarios por la muerte de los pandavas y al tesorero del reino le mandó distribuir
riquezas y ropa entre los pobres de acuerdo a la tradición. Luego todos se dirigieron a las
orillas del Ganges para celebrar el funeral y las debidas oblaciones, de acuerdo a la alcurnia
de los difuntos. Vidura estaba allí con ellos. El conocía a su hermano y sabía que su fingida consternación era sólo para aparentar tristeza entre los familiares y súbditos allí congregados.
Sabía que en él moraba la falsedad y la malicia. Vidura también asistió al funeral junto con
todos.
El corazón de Vidura se conmovió viendo cómo Bishma lloraba por la muerte de la
esposa de Pandu y los cinco pandavas. Vidura no podía soportar verle sufrir así y acercándosele
le cogió del brazo y lo llevó aparte a un lugar en el que se sentía seguro, sin riesgos
de que alguien le escuchase y le dijo:
-Por favor, cesa de llorar, no sufras más; estas ceremonias fúnebres son innecesarias
porque los pandavas no han muerto. Bishma se quedó atónito al escuchar las palabras de
Vidura, el cual a continuación le relató la historia de lo que verdaderamente había ocurrido. Y
luego añadió:
-Este complot fue planeado por el rey, su hijo Duryodhana y Sakuni. Ahora están muy
felices porque creen que nadie sabe que ellos han sido los responsables. Pero yo lo sé, y sé
que los pandavas están a salvo y que ahora se dirigen hacia Sidhavata, un bosque que se
encuentra al sur del Ganges. Cuando llegue el momento adecuado resurgirán de la oscuridad
como la luna llena y llegará el día en que serán los gobernantes de este mundo. Pero debemos
esperar porque muchas cosas han de suceder aún antes de que llegue ese momento.
Bishma se alegró al oír las palabras de Vidura, sorprendido por su sabiduría y la
amplitud de su perspectiva. Luego regresaron al palacio.
Nadie les había escuchado. El rey y sus hijos estaban ahora muy satisfechos. Sentían
que sus días de preocupación habían concluido para siempre.

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