XXIX EL NACIMIENTO DEL HIJO DE BHIMA

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Hidimbi se los llevó a todos al lago sagrado de Salivahana. Construyó una casa para
ellos y les trajo buena comida. Luego le dijo a Kunti:
-Madre, sé cuánto amas a tu hijo, ahora me lo llevaré pero te lo traeré cada noche.
Y Bhima le dijo:
-Estoy feliz de ver cuánto te preocupas por mí. Me quedaré contigo por algún tiempo,
pero en cuanto conozcas la historia de nuestras vidas te darás cuenta de que aún hay muchas
cosas que tenemos que hacer para castigar la maldad de nuestros primos. Me quedaré contigo
hasta que tengamos un hijo y luego tendremos que dejarte para continuar. No es que quiera,
pero tengo que hacerlo.
Bhima pasó un tiempo muy feliz con Hidimbi. Ella le complacía de mil maneras. Le
llevó a muchas ciudades bonitas del bosque, le mostró ríos, montañas y valles. Visitaron los
ashrams de muchos rishis los cuales les recibían con mucho afecto.
Después de siete meses Vyasa vino a verles para reconfortarles en medio de las
dificultades que estaban pasando. Y hablando de Hidimbi les dijo:
‘-Esta bella mujer dará a Bhima un hijo muy valiente. Su fama se extenderá por todo el
mundo debido a su valor y audacia. -Luego mirando a Kunti añadió:- La esposa de tu
hijo, de ahora en adelante, se llamará Kamalamalini y cuando dé a luz a su hijo,
comenzaréis a hacer los preparativos para reemprender de nuevo la marcha rumbo a la ciudad
de Ekachakra. Tendréis que vestiros con cortezas de árboles y pieles
de ciervos para emprender vuestro camino como ermitaños. No os preocupéis por las
dificultades que estáis pasando ahora, tus hijos han nacido para gobernar el mundo. Esta
situación no es más que una nube pasajera, el Dharma triunfará al final. Tened paciencia y no
desfallezcáis, nosotros estamos aquí para cuidaros. -Y luego Vyasa se fue.
Y siete meses pasaron como si hubieran sido tan sólo siete días. Por fin nació el hijo de
Bhima, al que le dieron el nombre de Ghatotkacha. Inmediatamente se convirtió en el favorito
de todos sus tíos y en especial de Yudishthira, el cual amaba mucho a su sobrino. Se pasaba
horas jugando con el niño. Con su nacimiento llegó el momento de la partida. Bhima
tranquilizó a su esposa, que no cesaba de llorar, diciéndole:
-Seca tus lágrimas, ahora tienes contigo a nuestro hijo. Cuida mucho de él, pues en él
me verás a mí. Cuando quiera estar contigo pensaré en ti y tú habrás de venir inmediata
mente con la rapidez del pensamiento. Pero ahora, tenemos que irnos.
Hidimbi se despidió de ellos con lágrimas en los ojos, se sentía muy infeliz. Y cogiendo
a su hijo en los brazos, regresó con pasos apesadumbrados hacia la casa donde había
pasado momentos tan dulces en compañía de su amado. Ahora lo único que le quedaba
por compañía era su hijo y aquellos recuerdos.
Vestidos con cortezas de árboles, pieles de animales y con el pelo revuelto, los
pandavas se dirigían a la ciudad de Ekachakra. No sabían qué les iba a deparar el futuro, pero
no podían dudar de las palabras de sus mayores. Vyasa les había pedido que fueran a
Ekachakra; y eso ya era suficiente para ellos; tenían que obedecerle. Yudishthira había
decidido en su juventud no decir jamás no, siempre obediente a sus mayores. Vyasa era su
abuelo y sabía muy bien qué era lo más conveniente. Preocupados por su incierto futuro pero
con un extraño sentimiento de paz en sus mentes, los pandavas y su madre se dirigían a la desconocida ciudad de Ekachakra.

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