XV LOS PRIMEROS BROTES DE CELOS

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Por primera vez en sus vidas los príncipes pandavas vivieron con todo el lujo al que
tenían derecho desde su nacimiento. Tanto los Pandavas como los hijos de Dhritarashtra eran
jóvenes y llenaban los jardines del palacio con el bullicio que creaban sus voces y risas
mientras jugaban, lo cual alegraba la vida de Dhritarashtra, el rey ciego.
Fue entonces cuando la maldad empezó a surgir en el corazón de Duryodhana. Bhima
era como un potro salvaje, era el más fuerte de todos y le gustaba gastarles bromas a los
demás muchachos. En todos los juegos de fuerza siempre ganaba él. Cuando los hijos de
Dhritarashtra estaban subidos a un árbol le encantaba sacudirlo por el tronco haciéndoles caer
como frutas maduras, pero ellos se resentían por ello. La energía burbujeaba en el cuerpo de
Bhima, superdotado de fuerza por su padre desde su nacimiento.
Ocultar la humillación de una derrota tras una cara sonriente es una forma de hipocresía
que desarrollamos cuando nos hacemos mayores, pues la reacción natural de un niño es gritar
y enfadarse con el ganador, pero así era como reaccionaban los hijos de Dhritarashtra
ocultando su resentimiento ante la supremacía de Bhima. Bhima por su parte era algo
fanfarrón con sus primos. Se divertía burlándose de ellos y humillándolos. Todo era como un
juego de niños, pero el corazón de Duryodhana estaba lleno de ira, celos y profundo odio.
Odiaba a su primo Bhima con toda la fuerza de su corazón, y buscaba los medios y la forma
para vengarse de aquella humillación.
Era un niño corrompido. Hasta entonces había sido el único señor del palacio y el único
heredero del afecto de su tutor, Bishma. Esta intromisión por parte de sus primos era algo que
no podía soportar. Sus rivales estaban siendo atendidos y cuidados por su amado tutor, quien
hasta entonces había volcado sus cuidados tan sólo en él. Los celos le devoraban y a Bhima le
odiaba a muerte.
Duryodhana era un niño egoísta y avaricioso, había heredado esas cualidades de su
padre. No quería que sus primos prosperasen y pensó que con la muerte de Bhima su futuro
como rey del país estaba asegurado.
Sakuni, su tío, era quien le incitaba al mal. Avivó la chispa del odio en el corazón de
Duryodhana, la cual creció convirtiéndose en una llama devoradora, hasta llegar a un punto en
el que sólo un sentimiento ocupaba el corazón de Duryodhana: odio hacia los Pandavas en
general y en particular hacia Bhima. Ya no era feliz ni podía conciliar el sueño.
Así pues, Sakuni y Duryodhana planearon un complot para matar a Bhima. Los
muchachos habían ido a la orilla del río Ganges para pasar allí el día jugando. Era una fiesta
campestre y cuando llegó la tarde, Bhima se sentía muy cansado y hambriento. Entonces
Duryodhana le invitó a entrar en su tienda y él mismo le ofreció alimentos de los más
exquisitos. Bhima era simple y no tenía maldad, nunca desconfiaba de los demás. Así pues,
comió de los alimentos que le ofreció Duryodhana sin saber que les había puesto un veneno
de los más mortíferos. Cansado, el joven Bhima se tumbó y muy pronto se quedó dormido.
Entonces Duryodhana ató el cuerpo dormido de Bhima con lianas gruesas y fuertes y lo arrojó
a las aguas del Ganges en un lugar en donde habían muchas serpientes venenosas.
Cuando llegó la hora de regresar a la ciudad, Yudishthira buscó a Bhima por todas
partes sin poderlo encontrar, por lo que pensó que quizá ya se habría ido a la ciudad. En
cuanto llegó a su casa le preguntó a su madre:
-¿Madre, está Bhima aquí?
Kunti viendo el rostro preocupado de Yudishthira le respondió asustada:
–No, no ha regresado.
Entonces él le explicó lo ocurrido y que no encontraba a Bhima por ninguna parte. Los
cuatro hermanos salieron a buscarlo por todas partes llamándole a gritos: -¡Bhima! ¡Bhima! –
Sólo el eco les respondía, la búsqueda era inútil.
Regresaron a su hogar y le dijeron a su madre que no le encontraban por ninguna parte.
Kunti asustada mandó llamar a Vidura y le dijo que Bhima se había perdido, luego le contaron
todo y Kunti añadió:
-Duryodhana odia a mi hijo y me temo que le haya hecho algo o le haya matado.
Vidura la consolaba diciéndole:
-No te preocupes, mi querida hermana, depende de ti proteger a los cuatro hijos
restantes. Si Duryodhana supiera que se sospecha de él trataría de matar a los otros cuatro
también. Los rishis han predicho que tus hijos vivirán por mucho tiempo. No compartas tus
sospechas con nadie. Estoy seguro de que Bhima está a salvo, pronto lo tendrás junto a ti. Sé
paciente y no permitas que Duryodhana sepa que sospechas de él. -Tras estas palabras de
consuelo Vidura se fue.
Bhima aún permanecía dormido en las aguas del río con todos sus miembros atados al
cuerpo con lianas. De repente sintió que algo le picaba: Las serpientes habían empezado su
trabajo, comenzaron a morderle por todas partes. Y entonces ocurrió algo extraño; el veneno
de las serpientes resultó ser un eficacísimo antídoto del terrible veneno que había puesto
Duryodhana en la comida. Bhima se despertó y empezó a matar a las serpientes. Algunas
pudieron escapar dirigiéndose a las regiones inferiores. Llegaron a la morada de Vasuki, su
señor, y le dijeron:
-Hay un hombre -o quizás sea el rey de las serpientes- a quien le han mordido mil
serpientes y sólo han conseguido despertarle de su profundo sueño. Ahora ha roto todas las
lianas que le ataban y está decidido a matarnos a todos. Creemos que deberías ir a su
encuentro.
Vasuki fue conducido por sus esbirros hasta el lugar donde estaba aquel hombre e
inmediatamente le reconoció; era Bhima, el hijo de Kunti. Fue hacia él y le abrazó, y luego le
dijo a su ministro:
-Dale tantas riquezas y joyas como quiera, estoy muy complacido con él.
A lo que el ministro respondió:
-Me gustaría hacer una sugerencia; él es un príncipe, y las riquezas y las joyas no le
servirían de nada. ¿Por qué no le alimentamos con nuestro elixir que otorga gran fuerza?
A Vasuki le agradó la sugerencia de su ministro, así que hizo que Bhima se sentase
mirando al oriente y le dio un cuenco lleno de elixir. Bhima se lo bebió de un solo trago
dejando pasmada a toda la asamblea. Vasuki ordenó que trajeran más y le dijo a Bhima:
-Bebe cuanto quieras. Mientras más bebas, más fuerte te harás. Cada cuenco te da la
fuerza de mil elefantes.
Bhima se bebió ocho cuencos de aquel elixir divino y se echó a dormir.
Bhima durmió durante ocho días y al octavo se despertó. Le alimentaron con la comida
divina del rey de los Nagas y le condujeron a la superficie del río.
Bhima salió a la superficie y se encontró en el lugar en que habían acampado. E
inmediatamente emprendió camino de regreso para reunirse con su madre y sus hermanos.
Todos le recibieron con gran alegría. Bhima abrazó a todos y consoló a su madre que
sollozaba sin poderse contener. A continuación Bhima les relató la historia y les aconsejó que tuvieran cuidado con Duryodhana. Los Pandavas estaban sorprendidos no pudiendo entender
cómo podía haber tanto odio en el corazón de un joven. En su bondad natural no podían
imaginarse cómo el odio podía llevar a un hombre hasta tal extremo.
Cuando Duryodhana vio a Bhima sano y salvo se quedó estupefacto, pues estaba seguro
de que su complot había tenido éxito. Sakuni estaba igualmente sorprendido de que Bhima se
hubiera salvado milagrosamente. Con esto el odio de Duryodhana creció aún más, pero ahora
tenía que andar con cuidado pues los Pandavas ya estaban alertas.

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