XIII LA MUERTE DE PANDU

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Pandu pasó con sus hijos quince años muy felices. Un día Kunti se .fue con sus hijos a
un ashram de las cercanías y Pandu se quedó solo. Era un día muy hermoso de primavera.
Todos los árboles estaban engalanados con preciosas flores y el aire estaba impregnado de sus
diferentes perfumes. El
ardín de Satasringa era ese día un escenario muy sugestivo para hacer el amor.
En aquel lugar decorado con el mágico toque de Vasanta, el señor de la primavera y amigo
cooperativo del dios del amor, el rey se encontró con Madri, estaba muy bella. Allí estaba ella
con su piel oscura envuelta en sedas de color carmesí, inevitablemente seductora por su
natural encanto. Pandu se sintió poseído por un deseo pasional de hacer el amor con ella,
dieciocho años habían pasado sin que hubiera probado el gozo de abrazar a una mujer y Madri
estaba encantadoramente hermosa. Su deseo era demasiado fuerte, tanto que se olvidó de la
maldición. Madri intentó resistirse desesperadamente al impulso pasional de Pandu, pero poco
a poco fue perdiendo las fuerzas, asustada como un cervatillo. Pandu era demasiado poderoso:
la cogió entre sus brazos sin hacer caso de sus advertencias y recriminaciones, y la penetró. Y
en ese instante cayó al suelo muerto.
El grito de Madri llegó a los oídos de Kunti. Esta con sus cinco hijos llegó corriendo al
lugar. Madri le dijo:
-Ha sucedido algo terrible; deja a los niños ahí y ven sola.
Kunti contempló a su esposo yaciendo muerto y sin recapacitar un instante descargó
toda su ira sobre la pobre Madri diciéndole:
-¿Cómo has podido permitir esto conociendo la maldición?
Madre le contó todo lo que había sucedido y entonces Kunti comprendió que el destino
era demasiado poderoso.
Todos los rishis del valle de Satasringa se habían reunido alrededor de la escena
contemplándola con lástima en sus corazones y ojos tristes. Yudishthira y sus hermanos
permanecieron aparte, mudos y sobrecogidos por la calamidad que les había sobrevenido y
con lágrimas en sus ojos el mayor dijo a sus hermanos: -Ahora somos huérfanos.
Los juegos del destino son en verdad terribles. Los demás hermanos estaban alrededor
suyo llorando de dolor. Los rishis se llevaron a los niños aparte y trataron de consolarlos.
Tanto Kunti como Madri querían morir junto con su esposo en la pira funeraria pero los rishis
les dijeron:
-Las dos sois madres y vuestro deber es quedaros con vuestros hijos para cuidarlos. No
es correcto que los abandonéis ahora dejándolos huérfanos por completo. Os llevaremos a la
ciudad de Hastinapura junto al rey Dhritarashtra. Es vuestro deber como madres cuidar de
vuestros hijos; un día van a ser gobernantes del mundo.
Las palabras de los rishis no causaron ningún efecto en el corazón de Madri. Sólo quería
morir junto con su esposo, al cual le había causado la muerte.
-Me deseaba -dijo-, pero murió antes de que pudiera satisfacerle. Ahora tengo que ir a
satisfacerle; debo morir con él. -Deliraba en su profundo dolor. Miró a Kunti y le dijo:-Mi
querida hermana, tú eres la más sabia y la mayor, nunca podré cuidar de los niños tan bien
como tú, mis hijos nacidos por tu amabilidad son realmente tuyos. Tú eres suficiente-mente
fuerte para ser la madre de los cinco hijos. Tienes a tus primos, los Vrishnis que pueden
ayudarte. Por favor ayúdame a realizar mi sueño. Yo ya no puedo vivir en este mundo sin mi
señor. Arderé en la pira funeraria junto con él, pero tú debes vivir para bien de estos hijos
tuyos. Les verás como gobernantes del mundo entero, tendrás tus compensaciones. Te ruego
que me concedas este deseo.
Kunti accedió y a los rishis también les pareció bien. Madri llamó a sus dos hijos y les
habló en un tono que contenía amor y dolor al mismo tiempo. Les dijo:
-Kunti es vuestra madre, yo soy tan sólo vuestra nodriza. Todos sois hijos de Kunti.
Seréis los cinco Kaunteyas. Yudishthira será vuestro padre y los cuatro restantes seréis sus
hijos, complacedle siempre; os dejo en sus manos. Yudishthira, hijo mío, tú serás el señor de
la tierra, cuidaré de ti desde lo alto y te bendeciré.
Luego Madri se postró a los pies de Kunti, la cual la bendijo con estas palabras:
-Te doy permiso para que sigas a nuestro señor, le encontrarás en el cielo y estarás con
él para siempre, recordaremos siempre tu nombre con amor, adiós hermana mía, puedes irte
en paz.
Por sus mejillas rodaron lágrimas mientras decía esto. Con una expresión de gozo en su
rostro, Madri subió a la pira funeraria. Yudishthira, el primogénito, prendió fuego a la pira
llorando sin poder contenerse.
Cuando ya pasó todo, los residentes de Satasringa se reunieron en conferencia para
decidir lo que iban a hacer en el futuro y acordaron que lo mejor era emprender camino hacia
Hastinapura con Kunti y los cinco hijos de Pandu. Allí los príncipes vivirían bajo el cuidado
de Bishma y el rey Dhritarashtra. Ahora que Pandu había muerto aquella era con todo derecho
la casa de los príncipes. Con una melancólica mirada, Kunti se despidió del bosque de
Satasringa en donde había pasado muchos años felices en compañía de Pandu y Madri. Pero
ahora ya todo había pasado. Un nuevo capítulo comenzaba en su vida y nadie podía saber qué
destino le esperaba en Hastinapura. Los- rishis, junto con Kunti y los cinco hijos de Pandu
emprendieron camino hacia aquella hermosa ciudad.
Había comenzado el viaje hacia lo desconocido.

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