XI UN RISHI MALDICE A PANDU

un-rishi-maldice-a-pandu

un-rishi-maldice-a-pandu

Pasaron varios años y Kunti era ya suficientemente mayor como para casarse. En un
Swayamvara escogió al apuesto y poderoso Pandu, hijo de la casa de los Kurus como su esposo,
siendo después de Madri, la princesa del reino de Madrás, la segunda mujer en escoger a
Pandu como su señor. Bishma hizo los preparativos para las dos bodas de manera apropiada al
rango de su raza.
Era la era de oro de la Casa de los Kurus. Pandu era un buen soldado y emprendió un
viaje de conquista luchando contra los reyes vecinos. La victoria le sonrió en todas las
contiendas, derrotando incluso hasta al rey de Magadha. De esta forma restableció la
supremacía de la Casa de los Kurus, la cual se había debilitado en los años en que el trono
estuvo vacío, teniendo a Bishma como único regente por no haber un legítimo rey. Estas
victorias le trajeron gran fama a Pandu, siendo por ello aclamado como el mejor de los
soldados de la época.
Después de que acabó la campaña se fue con sus dos reinas al bosque a descansar;
también era un gran cazador. Y allí pasó muchos días felices en las estepas al sur de las nevadas
montañas de los Himalayas.
En aquel mismo bosque vivían un rishi y su esposa. Estaban muy enamorados el uno del
otro y deseaban disfrutar de los placeres del amor sin ninguna restricción. Y dado que sólo los
animales viven en esa conciencia sin ninguna otra alternativa, el rishi y su esposa se
convirtieron en una pareja de ciervos y siempre estaban juntos.
Un día cuando ambos estaban sumidos en el placer del amor Pandu les vio y el instinto
cazador que había en él le hizo olvidar la ley de que no se debía molestar a dos animales que
estuviesen haciendo el amor. Sacó un arco y una flecha apuntó hacia la pareja. Disparó y el
macho cayó por tierra herido fatalmente. El ciervo se dirigió al rey con voz humana le dijo:
– ¿Cómo te has atrevido a molestarnos? Yo soy un rishi ésta es mi esposa y te aseguro
que en el transcurso de los años esta malvada acción tuya te costará la vida: cuando atraído
por el amor estés tomando a tu esposa, la muerte te sobrevendrá igual que has hecho conmigo.
Todas las súplicas de Pandu fueron inútiles, el rishi enfadado no prestaba oídos. No
había forma de escapar al destino que le esperaba. El rishi murió y su esposa también junto
con él.
Con el corazón apesadumbrado el desafortunado príncipe regresó hacia el lugar donde
moraba, reprobándose continua-mente por su actitud irresponsable. Los juegos del destino son
en verdad misteriosos. Con un solo toque puede cambiar el futuro de un hombre
completamente. Pandu era el más feliz de los hombres y nada le preocupaba. Pero en la
cumbre de su gloria, fue abatido corno un árbol verde quebrado por el rayo.
Pandu perdió interés por todo, ya no deseaba regresar a su reino y les dijo a sus esposas
que había decidido pasar el resto de su vida en el bosque. Ellas sabiendo la razón por la que
tomaba esta decisión no dijeron nada. El fuego de la culpabilidad había quemado todas las
aspiraciones mundanas de Pandu, ya no quería otra cosa más que la paz que se obtenía
viviendo como los rishis. Había decidido que su próxima victoria sería la victoria sobre sí
mismo; esta sería su mayor conquista. Se propuso lo siguiente: “De ahora en adelante seré un hombre diferente: ni el placer ni la tristeza podrán herirme. Aceptaré la alabanza con igual
indiferencia que la censura; no dejaré que me afecten los pares de opuestos. Ya no amaré esta
vida, ni la odiaré tampoco. Haré austeridades, pero no sentándome debajo de un árbol, sino
renunciando en mi mente a las cosas mundanas.” Reunió a toda la comitiva en torno suyo,
distribuyó entre ellos todo lo que tenía consigo y dijo:
-Por favor, volved a Hastinapura y saludad en mi nombre a mi madre Ambalika, mi
abuela Satyavati y mi amado tío Bishma. Contadles lo que he decidido hacer por el resto de
mi vida y decidles que no tengo intención de volver a la ciudad.
Kunti y Madri se quitaron sus joyas y sus costosas sedas y se las dieron a los mensajeros
que habían de regresar a la ciudad, pues habían decidido quedarse junto a su esposo.
En cuanto tuvieron noticia de la renuncia de Pandu, la ciudad de Hastinapura quedó
sumida en la tristeza. Bishma estaba muy apenado y de los ojos de Ambalika manaban
lágrimas incesantemente, nadie podía consolarla. Bishma sintió de nuevo como el peso de
gobernar el reino recaía sobre sus hombros.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *