VII LA MUERTE DE VICHITRAVIRYA

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El matrimonio de Vichitravirya con las dos princesas, Ambika y Ambalika, se había
celebrado de acuerdo a lo decidido. Bishma seguía cumpliendo las funciones de regente, por
lo cual el príncipe pasaba todo el tiempo en compañía de sus encantadoras esposas libre de
responsabilidades. Pero el destino le sorprendió de nuevo, pues el joven príncipe contrajo una
enfermedad muy maligna, la cual, a pesar de los esfuerzos de los médicos consumió la vida de
Vichitravirya hasta causarle la muerte.
Satyavati estaba profundamente consternada por tal calamidad. La pérdida de sus dos
hijos fue muy dura para ella. Lo que más le atormentaba era que la casa de los kurus se quedaba
sin heredero al trono. Y después de estar pensando sobre este asunto durante horas, se
dirigió a Bishma y le dijo que él era ahora el que tenía que hacer que el linaje de los kurus
continuase, por lo cual le sugirió que tomase a las dos jóvenes viudas como sus esposas, a lo
que Bishma le respondió:
-Madre, no me parece correcto que me pidas que haga tal cosa cuando tú sabes bien el
voto que pronuncié ante ti. Por favor, no me pidas eso.
Satyavati añadió:
-Recuerdo bien las circunstancias en las cuales pronunciaste este voto en favor de tu
padre y de mí. Pero ahora las circunstancias han cambiado, pues el voto lo hiciste en la
suposición de que un hijo mío iba a ser el rey. Pero ahora mis dos hijos han muerto, lo cual es
una amenaza de extinción para nuestra raza. Es por eso que como último recurso te pido que
hagas eso. Yo soy tu madre y es tu deber complacerme, así pues debes obedecerme. Este
Dharma es mucho más importante que cualquier voto que hayas hecho.
Bishma oyendo esto ya no pudo contenerse más y en un arrebato de ira le dijo así a su
madre, temblándole la voz de furia:
-Madre, tú no conoces la fuerza de mi mente ni la firmeza de mi Dharma, de hecho no
me conoces en absoluto; nada logrará que yo haga lo que me ordenas. El sol puede perder su
brillo y la luna su armonía. Incluso el Señor Dharma puede abandonar su Dharma, pero yo
jamás me apartaré del camino de la verdad. La Verdad es para mí mayor que todas las
promesas de recompensa en el cielo: nada me hará cambiar. Por favor abandona ese absurdo
deseo.

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