II – LA LLEGADA DE NÂRADA

La llegada de Narada

El río Saraswati fluía plácidamente. A las orillas del mismo se hallaba el Ashram de Vyasa. Era el atardecer y el Sabio se encontraba
sentado sobre la arena observando las ondas y rizos en el río con ojos distraídos. Se hallaba triste y su faz turbada. Una profunda pena se
veía en sus ojos pensativos y así se sentó por un largo tiempo.
El silencio en torno a él fue roto por los sonidos de las cuerdas de la vina. Dulcísimas notas llegaron a sus oídos. Con la música de la vina se escuchó una voz cantando honores a Narayana. Vyasa observó  a su alrededor con un rostro anheloso, descubriendo al joven Sabio
Nârada que venía hacia él. Vyasa se levantó con agitación, dándole la bienvenida al Divino Rishi. Le hizo sentar en el sitio de honor. Vyasa entonces se sentó a sus pies: a los pies del joven Rishi que era uno de los hijos de Brahmâ.
Nârada sonrió a Vyasa y le dijo: “Espero que todo se encuentre bien contigo. Mi deseo es que ni la enfermedad, ni la tristeza te perturben. Estoy seguro que tu mente, clara como un lago se halla sin agitaciones. Debes encontrarte feliz puesto que has escrito el Gran Poema, el Mahabharata, que es la Casa del Tesoro del Conocimiento, de todas las reglas de la conducta perfecta. Es, además, por cierto, una gran realización, y todo el mundo de los Hombres se sentirá beneficiado por tu Gran Obra. En cuanto a ti, sabio como eres en el Brahma-Vidya te sentirás sin ningún tipo de tristeza”. Él se detuvo por un momento, y Vyasa permaneció en silencio sin pronunciar palabra.
Nârada habló nuevamente y dijo: “Me parece que no luces feliz. Luces como alguien que no ha realizado lo que quiso. Haz hecho tanto, y
según creo, te parece aún poco, ¿qué es lo que te perturba? ¿qué es lo que te torna desdichado?”. “Lo que tú dices es verdad”, dijo Vyasa. Y
agregó: “Tú eres la única persona que puede clarificar mis dudas. Eres sabio. Eres el hijo de Brahmâ. Siempre te encuentras lejano de las
cosas terrenales, honrando las Glorias del Señor Narayana, y me parece que nada existe más allá de tu intelecto; eres como Sol que puede ver los tres mundos. Con el poder de tu yoga puedes, como el aire, entrar en los cuerpos humanos y conocer lo que ellos ocultan en sus mentes. Así pues, debes saber muy bien la razón, el por qué me siento triste”.
“Hace mucho tiempo me encontraba absorto en meditación. En los ojos de mi mente pude ver el futuro del mundo. Vi así el deterioro del
Dharma y la naturaleza del Hombre sobrellevando un cambio hacia lo peor. Vi también el advenimiento de Kali. Vi todo lo pecaminoso
poseyendo la Tierra. Sentí el alejamiento gradual de la gloria espiritual que ha sido su herencia todos estos años y así me poseyó una infinita piedad por la generación de Hombres que nacerán en este Kali-Yuga; por lo tanto, he resuelto ayudarlos en su caída, en su desesperación y así compilé los Vedas, los dividí en cuatro partes y eso enseñé a mis discípulos. Paila estudió el Rig-Veda y Jaimini el Sama.
Vaisampayana fue el único gran erudito en el Yajur-Veda. Sumantu se tornó sabio en el Atharva-Veda. A Romaharshana le enseñé los
diecisiete Puranas y los Itihasas. Estos discípulos míos han dividido luego los Vedas y los han enseñado a su vez a sus discípulos, y a su
vez, en su turno, estos discípulos a sus discípulos”.
“Y sin embargo, he descubierto que no hice lo suficiente. Me he dado cuenta que los que no pueden estudiar los Vedas, deben también ser salvos, y así compuse el poema Mahabharata, en el cual se encuentran todas las lecciones de los Vedas a través de sus historias.
Pensé que la Humanidad se sentiría beneficiada con ello”. “Sin embargo, amigo mío, siento que mi trabajo no me dio satisfacción, o mejor dicho, carezco de la paz, del estado de tranquilidad, que debe ser mío por derecho si yo hubiera hecho las cosas correctamente. Así pues, dime por favor qué es lo que he dejado sin hacer. ¿Qué es lo que puede darme paz? Por favor, dímelo, estoy muy triste, inquieto y molesto en mi interior”.
Con una ligera sonrisa que iluminó su rostro, el joven Nârada le dijo: “Conozco la razón. No has hecho lo suficiente”.
“¿Que no hice lo suficiente?”, dijo Vyasa con desesperación. “He tratado de hacer todo lo que he podido. He escrito todo lo que pensé que era esencial para el alma del hombre y para su andar por la senda del Dharma. ¿Qué es lo que dejé sin hacer? Por favor, dime”.
“Yo sostengo que tú no has hecho bastante”, volvió a decir Nârada. “Hay algo que todavía no has realizado, antes de obtener la
paz que tanto buscas. Has hecho un gran servicio a la Humanidad componiendo el Mahabharata, no hay duda al respecto, pero hay un
inconveniente en esa Gran Obra”.
Vyasa lo escuchó como un estudiante oye las palabras de su Guru.
¿Inconvenientes en el Mahabharata? Él se hallaba anheloso de conocer qué era. No habló una palabra, pero sus ojos interrogaban como
diciendo: “Por favor dímelo, dime qué es lo que no hice y voy a rectificarlo. Me encuentro ansioso e impaciente por conocerlo”.
Nârada dijo: “Estuviste interesado en el bienestar del mundo y, relatando la historia de los Pandavas enseñaste todo lo que la rectitud
puede conquistar. Enseñaste también que donde el Señor Krishna está, allí se encuentra el fundamento del Dharma. Esta es la lección, y no
hay duda que la gente la aprenderá. Pero tú, a través de toda tu Obra acentuaste los deberes del Hombre, hablaste de su Dharma, de sus
acciones inegoístas. El Bhagavad Gîtâ y todos los otros discursos sobre el Dharma ponen el acento en Karma y Jñana Yoga, pero, amigo mío, tú no cantaste loas al Señor tanto como habrías debido hacerlo. ¿No sabes que el sendero más fácil para llegar a Dios es el sendero de la Devoción? Todos los otros Yogas son caminos muy difíciles para alcanzarlo”.
“Las salutaciones y honras a Narayana, aún cuando vienen expresadas en palabras equívocas, aún cuando ellas sean cantadas de manera desentonada, asegurarán sin duda alguna la Gracia del Señor.
Como un trozo de arani el cual, cuando se encuentra enmantecado va a dar primero humo y luego fuego que consumirá la madera toda, así
también, la mente del Hombre, cuando se encuentra imbuida de constante devoción en el Señor, hará que todo lo malo que se encuentra en él, salga a la superficie. La verdadera naturaleza sattwika del Hombre va a brillar entonces y como el fuego, consumirá las cadenas del Karma, garantizándole al ser humano su salvación por toda la Eternidad”.
“El Mahabharata es una Obra magistral, pero la actitud con la que escribiste fue puramente objetiva. Fuiste pensando en los buenos, como también en los malos quehaceres y pensamientos en el proceso de descripción. Sólo incidentalmente, el Señor es loado aquí y allá; tu
mente no se encontraba pura en cuanto a la devoción al Señor. Debes tratar entonces de superar esta omisión. ¡Canta las Glorias de Narayana! Relata el mundo de Su Vishwarupa o la forma de Dios, Su Viratarupa o la primera manifestación de Brahman Sus Vibhutis o las glorias de Dios, Sus Avataras, y esto, te aseguro, te dará la paz que buscas.
¡Devela para el mundo el secreto oculto detrás de todos los Avataras del Señor!”.
“Diles por qué el Señor, que se encuentra más allá de todos los opuestos, que tiene Su Morada en Ananta, el Gran Espíritu o Purusha, el dador de Vida a todo el Universo, diles por qué Él debe tomar una Forma, y un Nombre y un nacimiento y tornarse como uno de nosotros. Diles también que Él aparece como inmerso dentro de las tres Gunas y actúa como si fuera un ser humano pleno de emociones.
Glorifica cada Avatara del Señor. Permite que nada aflore en tus labios, excepto palabras que glorifiquen y describan el esplendor de
Narayana y así encontrarás la Paz”.
“Enseña a todos los Hombres del mundo esta lección: aún cuando la criatura humana fracase en sus deberes, los cuales se encuentran
prescriptos en los Vedas y fueron escritos por sus mayores, aún cuando sea un pecador que ha transgredido todas las reglas de conducta, aún así en su corazón hay una Primavera de Amor, de Devoción al Señor que puede destruir todos sus errores y tornarlo limpio y puro, volviéndose querido por el Señor.

Recuerda, amigo mío, tú mismo eres un Avatara de Narayana. Naciste en este mundo para beneficio de la Humanidad y aún así permites que las emociones te cieguen. Recuerda quién eres. Despierta de ese sueño que te hace olvidar tu verdadera naturaleza. Habla a todos de los muchos Avataras del Señor Narayana y del propósito de la llegada de cada uno de ellos.
Canta las Glorias de Narayana, una y otra vez, constantemente. Entonces llegarás a la Meta que tanto anhelas, o sea, obtendrás la paz
en el corazón”.

 

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