III – LOS NACIMIENTOS ANTERIORES DEL SABIO NÂRADA

los nacimientos anteriores del sabio Narada

Ellos se sentaron calladamente por un instante. El único sonido que se escuchaba era la dulce música del río Saraswati que fluía y el susurro de las cuerdas de la vina que Nârada tañía incesantemente. De modo súbito, él le sonrió al Sabio Vyasa, y le dijo: “Debes estar interesado en saber cómo yo me encontré a salvo de las garras del Karma a través de la Gracia del Señor Narayana. Tal vez tú no sepas sobre mis nacimientos previos”.
Hubo una mirada de asombro en el rostro de Vyasa. Él dijo: “¿Nacimientos previos?, pero… amigo, tú eres el hijo del Señor Brahmâ, ¿cómo pudiste tener nacimientos anteriores? Has encendido mi curiosidad. Por favor dime todo acerca de ello”.
“Estoy hablando del Kalpa anterior”, dijo Nârada, con una cierta reminiscencia inundando sus ojos. “Existió una mujer sudra o una de las cuatro castas de la sociedad Hindú que trabajaba en el Ashram de los Rishis; yo fui hijo suyo. Cierta vez, durante la estación de las lluvias un grupo de sabios llegó al Ashram donde mi madre servía. Se preparaban para pasar cuatro meses en ese lugar. Yo era un niño de cinco años y mi madre me asignó la tarea de servirlos en todos sus requerimientos. Serví a los sabios durante todo ese tiempo. Era un niño algo diferente a los demás. No era muy inclinado a las bromas y los juegos de la niñez y siempre me hallaba quieto, sin hablar demasiado. Aún las palabras que pronunciaba eran
diferentes, a pesar de que era yo tan sólo un niño. Los sabios que allí estaban me tomaron gran cariño. Además, gracias a su inmensa compasión, me permitieron estar con ellos durante todo el tiempo.
Ellos se sentían tristes por mí, creo, y por lo tanto dejaron que los acompañe en todo momento. Cierta vez, mientras me encontraba lavando las vajillas en las cuales ellos habían comido, llevé a mi boca un resto de alimento que había quedado como sobra en un plato, lo cual hizo que mi mente se purificara. Fueron lavados en ella todos los pecados, tal es el poder de los devotos del Señor”.
“Esos Bhaktas pasaban todo el tiempo cantando las Glorias del Señor Narayana. Así me torné conocedor de las historias que narraban y me enamoré con todo mi corazón del Señor. Las canciones que hablaban de Su grandeza me hicieron pensar tan sólo en Él y así, todo perdió significado para mí, excepto Él. Día y noche pensaba sólo en Él. Me di cuenta que me hallaba, de algún modo, más allá de Mâyâ, la Ilusión que nos hace creer que este cuerpo físico es real. Mucho había aprendido gracias a los Hari Kirtan que yo escuchaba constantemente de los sabios, y así, las Gunas Rajas y Tamas o las modalidades de la naturaleza material, activida y sensualidad, oscuridad e inercia, se fueron de mi mente. Mientras tanto, los cuatro meses llegaron a su fin y los Sabios se prepararon para partir”.
“Ellos me observaron, inclinado a sus pies, con lágrimas fluyendo de mis ojos. Sabían también que era un discípulo preparado, y en su infinita bondad me enseñaron el secreto de la Realización de la Verdad. Así fue cómo me dijeron que dedicara todas mis acciones al Señor y que cuando esto es realizado por el alma de un Hombre, la misma es curada de los Tapatrayas: Adhyatmika, Adidaivika y Adibhautika. La acción que es realizada en el mundo con un deseo de recompensa envuelve al ser humano en los remolinos de Mâyâ. Sin embargo, esa misma acción, cuando es realizada sin ningún deseo de recompensa, con una mente libre de todo apego, destruye la esclavitud que ata a la criatura humana a Mâyâ. El conocimiento de Brahman unido con la Gloria de la Devoción ayuda al hombre a realizar acciones dedicadas tan sólo al Señor. Así, pronto, muy pronto, el Atma o alma inmortal condicionado encuentra la liberación de los remolinos de Mâyâ y se torna uno con lo Infinito. Esta fue la lección que ellos me enseñaron”.
“Extrañamente, sin embargo, la técnica era tan simple. Los hombres que realizan acciones con el pensamiento puesto en el Señor, naturalmente, hagan lo que hagan, se encuentran a Su lado. Si la acción es realizada con estas palabras: ‘Salutación a Ti, Señor de los Señores, yo te adoro y te llamo por el nombre de Vasudeva, Pradhyumna, Anirudha, Sankarshana’, este será el camino de Moksha, la Liberación de las cadenas de Karma. Esta es la gran lección que aprendí de los Sabios. La infinita compasión del Señor depositó en mi mente el pensamiento de que Él era la Única Verdad y que todo lo demás es simplemente una mera ilusión”.

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