Somos nuestra creaciones

Somos nuestras creaciones

Somos nuestras creaciones:

Mirando las fotos antiguas de nuestros abuelos, tíos, padres….Mirando las fotos de nuestros hijos, primos, sobrinos…

Mirando las fotos de los abuelos de tus amigos, de los hijos de tus amigos…y luego de aquellos que te son extraños…

Algo se puede vislumbrar: todas tienen algo en común, un hilo conductor…

Esto es genética, no son sólo cromosomas y genes entremezclados que arrojan más y más seres a este mundo…

Imagina entonces por un momento esta posibilidad: nuestra mente crea seres y más seres. Somos creaciones de una mente

Olvida por un instante tu aprendizaje sobre Dios, sobre lo que tú crees que sea Él.

Imagina por un instante que somos, antes de nacer a este cuerpo y a este mundo, ENERGÍA.

Esa Energía en estado casi puro, no tiene conciencia de sí misma acabadamente. Para ello necesita manifestarse. Y debe hacerlo en algún sitio, en algún plano, en algún planeta, en algún tiempo. Esa energía SIN FORMA, debe tomar una forma.

De algún modo, por su naturaleza y tal como una semilla que ha estado por tiempo en estado latente, se abre y logra generar una planta que atraviesa la tierra.

Es así que esa Energía dice sin palabras: He de ManifestarMe en la Tierra, tendré forma.

Y así, esas partes más antiguas de esa misma energía que ya estaban manifestadas en este plano y planeta años antes, siente la pulsión de engendrar un hijo. Quieren una nueva manifestación. La energía no manifestada los inspira a unirse, a dar forma, a expandirse, a multiplicarse y dar frutos para propagarse…para no morir quizás…

Cuando se nace en la Tierra, cuando se toma forma, se VIVE y se LATE. Pero ni bien esto sucede, la ley es que en algún momento, esa forma, esa manifestación, se acabará.

Y el humano manifestado experimenta por primera vez el miedo. Tal como sus padres, abuelos, tíos, primos, amigos, enemigos, extraños y conocidos lo han conocido, él ha de conocer el MIEDO. No quiere que esta experiencia de la forma acabe.

La experienca de la forma trae un mundo DUAL: los placeres de los sentidos, los placeres de la mente humana….y a la vez, sus sufrimientos, sus angustias y conflictos.

Y el ser humano, manifestado en este mundo por voluntad casi propia, desde esta energía primigenia, conoce el dolor, conoce el límite, conoce lo temporario y efímero, que antes, en su estado no manifestado, le hubiese sido imposible conocer…

Será por eso que encarnamos? Será por eso que hacemos encarnar? Será por eso que todos, aún los más desconocidos, tienen algún parecido con nosotros por más lejano que sea? Será que acaso somos fragmentos emanados de una misma energía que necesitó manifestarse, para conocer más aún el Todo, que incluye la dualidad?

Si fuese así,  si somos fragmentos de esa energía que nos arrojó a la Tierra como el árbol arroja las semillas, ¿que diferencia hay entre tú y Jesús? Y entre tú y Hitler? Cuantos Gandhis, Budhas, Nerones, Krishnas, se manifiestan en el mundo?

Cuántos tipos de semillas hay? Cuántas plantas han de generar? Todas las semillas que son echadas en Tierra nacen? Y las que crecen al costado del camino? Y las que la hierba y la cizaña no dejan crecer? Y las que logran abrirse paso hasta madurar y llegar a su esplendor?

He ahí, en estas, nuestro Jesús, nuestro Budha, nuestro Krishna…

Si asi fuese, tú, como este que eres, nunca más volverás como tal a la Tierra. No hay una semilla idéntica a otra. Solo hay semillas con la misma esencia, pero que dan lugar a plantas distintas, todas con una naturaleza que manifestar. Todas con un ciclo por cumplir. Todas con el anhelo de manifestarse, crecer y elevarse hacia la luz.

Pero no idénticas, sino únicas.

 

Y aún así, como las especies de semillas, todas pertenecen a una raza particular. Hay semillas de trigo, de cebada, de avena…semillas de lechuga, de tomate, de calabaza…también hay semillas de roble, de pino, de abedul…Y cada una de estas razas generan un tipo de semilla particular. una especie en sí misma…

Y tanto una semilla de lechuga como una de roble, tendrán un tiempo para manifestarse en esta Tierra, para vivir su ciclo, de manera manifestada, experimentando los días y las noches, la alegría y la tristeza, el placer y el dolor, el amor y el desamor…

Pero hay algo en nosotros, los humanos, superior a estas semillas: en nuestro interior yace un destello, un recuerdo si así quieres llamarle, una remembranza o añoranza, de eso que fuimos antes de manifestarnos…y que seremos luego de terminar nuestra manifestación…

Somos nuestras creaciones…y como aún no hemos llegado a la plenitud y a la certeza de ella, nos creemos divididos, distintos del otro, superiores o inferiores, sabios o ignorantes…porque vivimos aún en la ilusión de esta forma que hemos tomado…

Esta forma  nos fascina, nos deslumbra, nos parece mágica….y a la vez, nos limita, nos debilita, nos identifica con auqello que tarde o temprano morirá o desaparecerá de esta Tierra.

Que quedará entonces? Que queda tras la manifestación de esa energía? Que queda luego de partir de este plano y planeta?

Que queda de nosotros?

Quizá, aquello que ÉRAMOS antes de tomar forma.

Quizá, simplemente, sólo SOMOS…

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