Porqué se contrae el cáncer?

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Quieres saber porqué el cuerpo contrae cáncer?

Principalmente el cáncer sucede cuando nos “envenenamos”con ira apasionada, despecho, crítica, juicio, malos pensamientos hacia los demás. Cuando albergamos dosis de odio y rencor, aparece el cáncer.
Pero principalmente esto es la consecuencia de nuestra negación al ser y a SER. Eso es el cáncer interno.
Por no SER, nos ofuscamos, frustramos y decepcionamos. Las cosas no son como esperamos y nos enojamos.
Aunque si aparece el atisbo del SER, nos asustamos, o más bien, nos aterramos.
Tenemos miedo íntimamente que SER, nos haga perder lo que “creemos ser”.

Es decir: SI SOY LO QUE EN VERDAD SOY, ¿quién es ESTE que creí hasta hoy que era?
Tememos soltar la seguridad que nos hemos construido.

Lazos de todo tipo: familia, hijos, cómplices, casa, posesiones, secretos inconfesables, pasiones.
Esa seguridad que nos trae la mayor inseguridad, y que cada día necesita de un nuevo ladrillo para un nuevo muro. Y cada muro hará que la luz no pueda penetrar en nuestra estructura segura de creencias, de afirmaciones, de personalidad.
Esa seguridad es paradójicamente, la que en algún solitario momento nos hace preguntar: “Pero ….¿porqué no veo nada? ¿porque no veo la luz?”
Y así toda la vida realizamos esfuerzos enormes para aferrarnos y asegurarnos de que nuestra forma, de que nuestro “yo”, siga “bien firme”
Nuestras paredes están hechas con ladrillos de temor. Por lo tanto, ¿como puede entrar aire puro y luz pura con tanta muralla de miedo que todo lo obscurece?
Pues hay buenas noticias: contrariamente a lo que el ego cree, el Creador no puso la Luz fuera, sino dentro.
Por lo tanto, podemos esforzarnos construyendo durante vidas y vidas miles de paredes, pero a la larga e inevitablente, nuestro castillo será abandonado por los tiempos. Y cuando el ego ya pierda todo interés por poseer, por la lujuria, se hallará como un viejo cansado y maduro. Este anciano agotado de sus correrías  descubrirá que lo que buscaba era una ilusión adolescente.
La Luz siempre estuvo allí, nunca pudo controlarla. Sólo pudo distraer nuestra atención por décadas o siglos, pero fue sólo una pérdida de tiempo, de vidas valiosas.
Ese tiempo tan divino que nos fue concedido para ser libres para darnos cuenta finalmente que todo lo que buscábamos era a nosotros mismos, llegará a su fin.
Es el enorme juego de La Maya ilusionante, que hace que demos vueltas en círculos danzando con nuestros engaños, los miedos, los egoísmos, los demonios interiores, las enfermedades como el cáncer, hasta agotarnos. CUIDADO: son nuestros, los hemos CRIADO como hijos.
Una vez agotados, nos quedamos solos, sin más música que el silencio, en el medio del círculo, y allí, sólo allí, todo se detiene.
Los disfraces del ego se deshacen. Ya no hay fiesta que festejar. No hay nadie a quien agradar. No hay nada que desear ni nada que suponer ni nada que esperar.
Ese momento y sólo ese momento te hace encontrar con la verdad inexorable: eres Tú, Aquel que se ha estado buscando a sí mismo.
Pero hasta no admitirlo parecería que necesitamos padecer para convencernos de que no puede ser tan sencillo.

Y realmente es así: “la vida es sencilla, pero ser  sencillo no es fácil”.
Namasté.

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