No veas al hombre, ve a Dios en el hombre

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Procura pensar, hablar, y luego hacer; pues Dios te ve siempre y a toda hora.

Abre los ojos y ve a Dios, como el niño al nacer ve la luz.

En vez de atribuir errores a los demás, piensa en modificar y clarificar los tuyos.

No abras la boca sino para obrar en plena justicia.

Abre la boca para agradecer y no para justificarte.

Abre la boca para hablar de Dios.

Primero ama a Dios, luego realízalo en el hombre.

Tu tarea jamás será cumplida enteramente si no tienes la fe necesaria para su desarrollo.

No veas al hombre, ve a Dios en el hombre.

Si no amas a Dios no podrás verlo en el hombre.

Desarrolla tu espiritualidad para ofrecerla en el templo de tu corazón.

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