Nacimiento y muerte: festejar o lamentar?

Nacimiento y muerte: festejar o lamentar?

Desde el partir físico de mi abuela, el de mis padres, pasando por el de muchos seres queridos y conocidos, algo cambió en mi sentir: no puedo entristecerme por quienes parten, ni alegrarme por quienes llegan. Quizá muchos confundan esto con indiferencia o apatía, pero no es así.

Aquellos de quienes he presenciado la partida (agradezco al Padre Creador que me haya otorgado estar en la expiración, donde el alma se libera) me han enseñado que en ese momento el ambiente y el TODO, se DULCIFICAN.

Una inconmensurable paz inunda el derredor, y el ALMA, se hace más concreta que nunca. Si eres alguien mental y pensante, pero tienes los ojos bien abiertos, aún intelectualmente, no podrás dejar de percibirlo de manera IRREFUTABLE.
No hay razón para el sufrimiento en el momento de la partida. Nada de lo que allí sucede tiene que ver con el sufrir, y hasta casi diría, ni con el dolor. El partir, el dejar la funda, nos hace ver que nuestro ser amado era mucho más que un manojo de músculos, órganos y huesos, y que bendito es el final del camino, pues aun el mas escéptico puede percibir que todo se aquieta, como en el atardecer del dia, y que lo mas hermoso acaba de suceder…
Sólo sufres porque no estás pensando en quien se fue, sino en tí, en el hueco que sientes que te produce esa partida. Estás pensando en ti, no en él o ella.

Piensas en tí, con miedo, con incertidumbre, con angustia, y viendo que en algún momento, eso te sucederá como a cualquier ser humano que ha nacido.
Porque de eso, estate seguro, nadie escapa- “Segura es la muerte para el que ha nacido” (dice Krishna en el Baghavad Gita).
En cuanto al nacimiento, y he presenciado algunos, es también un impactante momento. El crucial instante en el que encarnamos con la forma humana.
Es muy simple darse cuenta de que quienes arriban a este mundo, lo hacen en medio de gritos y llantos, con los ojos cerrados fuertemente y el ceño fruncido, en plena ofuscación.
No, nacer no es agradable, y morir no es desagradable.
Entonces, cuál es el verdadero motivo del sufrimiento? Quizá no tenga que ver con la muerte, sino con sus momentos previos, asociados a las enfermedades, los padecimientos, el deterioro, el envejecer irremediablemente o el contraer un desequilibrio que quizá nos impida estar tranquilos.
Pues lamentablemente, también son pocos los humanos que escapan a la enfermedad y al deterioro. Sri Ramakrishna murió consumido por un cáncer de garganta que lo dejó hecho piel y huesos. El mismo Osho padecía grandes enfermedades aunque no hablaba de ellas. Para él, no eran importantes. Jesús aceptó sumisamente que se lo clave a una cruz y una agonía épica.
Pues entonces, para nuestra mente, hay malas noticias: no podemos escapar de la muerte ahora que hemos nacido, ni de la vejez, difícilmente de la enfermedad y el deterioro…
Entonces, nuevamente la pregunta: Qué festejas en verdad cuando alguien nace? Estás festejando por ese niño que llega con llanto y gritos, en medio de su ofuscación, o por ti?
Y la siguiente pregunta: Cuando alguien se va, por qué lloras? Por aquel que ha dejado el mundo para continuar su viaje, o por ti, que ya no le verás más?
Resignarse o ACEPTAR…dos cosas muy distintas.
Tales como risa y dicha plena…
Tales como sufrir o sentir dolor…
Tales como querer y amar…
Tales como conocer y saber…

Nadie está libre de morir si ha nacido. De enfermar si tiene cuerpo. De envejecer mientras el tiempo transcurre en este plano material…
Por tanto, y siendo así, sólo encuentro una llave capaz de darnos la libertad antes de pasar por el calvario del ego y sus mezquindades: se llama Aceptación.
Quien escribe, no lo ha logrado más que en algunas pocas cosas. Pero aún en esas pocas cosas puedes experimentar que “soltando” el aparente control que mantenemos sobre nuestra vida, todo se vuelve puro, y sin atributo…
Te invito a experimentarlo…
NAMASTE!

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