La substancia eterna

Dios: la substancia eterna

Dios: la substancia eterna

La Substancia Eterna, vale decir, aquello que sobrevive por siempre, es designado como Dios, el Padre, El Absoluto, etc. Este tipo de designaciones tienen que estar esclarecidas en nuestras conciencias pues serán el referente para el discernimiento entre lo real y lo ilusorio, lo eterno y lo que no es eterno.

Esta Substancia Eterna no subdivide el reino espiritual de lo efímero, tampoco lo contempla como algo incompatible a sí mismo; en verdad esto sucede porque esta Substancia, además de estar por encima de todo, está en primer lugar antes que todo. El hombre en estas circunstancias puede percibir e intuir sin enseñanza previa a aquella Substancia Eterna desde el templo de su corazón. Esta intuición no condiciona al individuo a elevarse por encima de la dualidad, solamente la enseñanza es que, por existir la Substancia Eterna y percibirla en el templo de su corazón, se confirma la Fe Eterna de la misma Substancia ahora percibida por el individuo.

Ahora el individuo confirma la Fe Eterna de la Substancia y considera que con esa Fe puede proseguir su camino hasta el final, pero esa Fe percibida desde el corazón no es más que un instrumento para iniciar el sendero; supongamos que utilizo esa Fe como el único elemento que permitirá mi elevación espiritual, conforme creo avanzar, comienzan al mismo tiempo a confirmarse distintos problemas derivados de la ingorancia de creer una cosa que no es; ahora esta Fe se ha cegado a sí misma y la utilización de esta no hace más que confirmar mi desilusión, en tal estado de confusión, mido más el poder de mi mandato personal, que el de la Substancia Eterna en sí misma.

La Fe Eterna percibida desde el templo del corazón es un instrumento importantísimo que nos dará la fuerza interior para sumergirnos cada día más en nuestro sendero espiritual. Una cosa es la utilización de la Fe como instrumento, y otra muy distinta es la percepción directa de esa fe como fuerza volitiva que aumente cada día nuestro poder discriminativo; una clara ilustración sería considerar a nuestra fe como las piernas que nos sirven para llegar hasta una puerta (esta es la Fe utilizada como instrumento) pero luego si queremos con el mismo mecanismo abrir la puerta no podremos, ahora utilizaremos la Fe como fuerza discriminativa y utilizaremos las manos para abrir esa puerta (esta es la percepción directa de esa Fe, sólo que esta vez no la utilizamos como instrumento).

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