La extinción de los karmas

La extincion de los karmas

La extinción de los karmas

Había ya en mi juventud comenzado a disfrutar de cierta paz espiritual. Tenía todo lo que quería, y hasta mi mundo cotidiano parecía haberse ordenado. Mi maestro y yo visitábamos un monasterio vedantista de vez en vez, y aunque a mí no me agradaban las instituciones religiosas, debía reconocer que en esta en particular, había un esbozo de lo que se me había enseñado: todas las religiones tenían cabida allí (cristianos, judíos, hindúes…) se reunían al amanecer a encontrarse cada cual con su Dios, con o sin forma, pero todos en el mismo recinto. Siempre el swami de aquel lugar, nos invitaba a nosotros en particular a compartir el almuerzo, o la merienda, y a algunos devotos más antiguos no les gustaba esta especie de preferencia nueva del swami por nosotros. Mi maestro jamás se dio a conocer como tal, siempre pasó desapercibido. Nunca esgrimió su sabiduría, por el contrario, aunque el swami diese enseñanzas que él ya había practicado cientos de años antes, se sentaba a escucharlo amorosa y humildemente, como uno más. Luego de un buen tiempo, el swami me pedía que lo acompañe a caminar al atardecer. Este hombre que no dominaba aún bien el idioma, gustaba de recorrer las calles y arboledas, y conversaba conmigo de muchos temas. Cierto día me preguntó: ¿tiene Ud. esposa o novia?. Le contesté que no. Él, muy contento, me dijo: entonces Ud. podría ser uno de mis monjes, ¿le gustaría eso?. Le respondí que sí. Me pidió que lo piense.

Al día siguiente fui muy entusiasmado a contarle a mi maestro lo sucedido, y él me dijo: conozco hijo mío de tus facultades espirituales, y es muy bueno que sea el mismo swami quien te ofrezca ordenarte monje, ya que en general son muchos los que le piden esto y él rara vez los acepta en su orden,   y comprendo tu alegría porque amas a Dios. Yo le dije que veía en esto una oportunidad también de preservarme del mundo y su peligros, y construir un karma positivo para esta vida y las siguientes. Con una mirada dulce y paternal, él me dijo: no sería bueno que aceptes, pues tu debes cumplir tu misión en medio del mundo que conoces, y no apartado en un monasterio: observa a tus hermanas las palomas, que no distinguen entre lugares santos y lugares pecaminosos, y descienden en ambos por igual. tú tienes muchas cosas para hacer en este mundo, y en este mundo extinguirás tus karmas. Con un tanto de tristeza, fui a decirle al swami que no podía aceptar, y él me dijo: entonces prefiere Ud. tener novia que estar aquí. Le dije que no, y no le di más explicaciones, pues ello implicaba hablar de mi maestro y yo no quería revelar su existencia.

Luego de unos meses, mi maestro insistía mucho en que debía estar con alguien, que no podía yo en particular no tener una pareja. Yo no entendía esto, pues si bien siempre había añorado poner en práctica el amor humano, veía en ello una gran amenaza a mi tranquilidad. Después de un tiempo, conocí a una mujer muy apasionada, muy diferente a mí, pero que me atraía sobremanera. Comencé a estar con esta persona, y mis amigos comenzaron a disgustarse porque no la veían compatible con mi forma de ser. Algunos hasta me pidieron que deje de estar con ella porque mi forma de ser se estaba alterando. Hablando con mi maestro, me dijo un día: te casarás con esta persona muy probablemente, aunque quieras impedirlo no podrás, y conocerás el dolor y el sufrimiento como nunca antes. Serán como agua y aceite, y pasarás alrededor de 6 años para que realices tu karma. Aunque te opongas, sufrirás, y no podrás resistirte. Mi respuesta fue: jamás! sabiéndolo de antemano, ¿cómo podría yo estar con alguien así? Me quedaré solo antes que me suceda esto. El maestro sonrió y me repitió que no podría evitarlo. Inexplicablemente, y dolorosamente, así fue. Puse en práctica todo lo que mi corazón sentía, y me case con ella, y hubo instantes de alivio, pero no lográbamos entendernos. Ella se oponía totalmente a mi vida espiritual, y quería una vida común, con familia, casa e hijos. Ni Dios ni mi maestro ni mi sendero espiritual entraban en sus planes. La convivencia comenzó a hacerse dolorosa e insostenible, y al cabo de 6 años, nos divorciamos, y mi dolor era gigantesco. Aún así, en medio de los 6 años, nunca dejé de verme con el maestro, y aunque recibía condenas y críticas por mi forma de vida por parte de mi esposa a quien amaba muchísimo, perseveré en el camino. Me molestó mucho que se hubiese cumplido lo dicho por mi maestro, y hasta en algún momento pensé que pudo habérmelo impedido. Luego de un tiempo, y estando yo ya solo, y extrañamente más fortalecido y maduro, me dijo un día: hijo, has amado y perseverado en el amor, aún cuando se te trataba mal. Has aprendido a tolerar con paciencia la naturaleza material y pasional de tu compañera, y has aprendido a ser fuerte. Entraste a un bosque en llamas con tan sólo un vaso de agua, y eso es muy digno. Te has quemado en el fuego de la pasionalidad humana, y la has esperado, deteniendo y retrasando tus pasos para ver si ella podía atisbar a caminar tan sólo un poco. Has soportado que no se te ame, y que se te critique día a día. Este karma ya se ha extinguido…

Con mi ojos llenos de lágrimas, le dije: maestro,¿ es que no podré ser feliz al lado de una mujer? Y él respondió: aunque muy dura ha sido, esta enseñanza te ha hecho fuerte. Esta es la última vez que te diré algo sobre tu futuro. Tu próxima compañera será una persona buena y mucho menos pasional, con una tendencia ya más espiritual, y que no te pondrá ningún escollo en el camino interior. Te respetará, y construirán una vida de pareja con sencillez y tranquilidad. Ella aparecerá pronto.

Al cabo de unos meses, sin importar cómo, conocí a la mujer que hoy acompaña mis días. Y es tal cual el maestro me anticipó. Pero él jamás volvió a hablarme de tiempos ni de cosas que me sucederían, ni yo se lo he pedido. Llevo hoy una vida sencilla, muchísimo menos dolorosa. Amo el alma de quien me acompañó esos seis años, pero ella siguió su camino y yo el mío. Ambos cumplimos la acción inevitable de la que Krishna habla, y yo, más allá del dolor, sé que uno de mis tantos karmas se ha disuelto por la gracia de lo Alto. No trates de identificarte en este ejemplo, pues cada historia es útil a la vida de cada quien, y todos, algunos más y otros menos, debemos ayudar a Dios y a nuestra alma, en extinguir los karmas pasados que nos pueden dañar, para que se realice nuestra evolución según Su Voluntad

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