III LA HIJA DEL PESCADOR

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Pasaron cuatro años. En compañía de su hijo el rey pasó muchos felices días. Santanu
estaba contentísimo con él y Devavrata era un hijo ideal. Parecía como si quisiera
recompensar a su padre por todos los años de soledad que pasó. Eran inseparables. El rey
coronó a Devavrata como heredero legítimo al trono y todos los súbditos del reino se sintieron
muy felices. Mas el destino, mientras tanto, tenía un juego oculto para ellos.
Un día de tantos el rey había salido a cazar. Iba solo, y en un momento dado, mientras
buscaba una presa, un extraño perfume embriagó sus sentidos. Era un perfume que jamás
había conocido antes. Se sintió raptado por su dulzura, y arrastrado por este extraño perfume,
el rey siguió el aroma buscando su procedencia. Lo siguió y lo siguió, hasta que al final de su
búsqueda vio que la fuente de tal perfume era una mujer. Había llegado a las orillas del río
Yamuna. Allí en la orilla del río se encontró con una mujer muy hermosa que estaba atando
una barca. Su forma no tenía defecto alguno, era perfectamente bella. No habían palabras para
describir la belleza de sus formas. Sus ojos miraban al suelo arrobados por la timidez, como si
no pudiera soportar la intensidad de la mirada del rey. Estaba vestida como una pescadora.
Santanu la miró lleno de deseo, se acercó a ella y le dijo:
-¿Quién eres tú? ¿qué estás haciendo aquí?
Ella le contestó con voz muy suave:
-Soy una pescadora: Mi padre es el rey de los pescadores. Mi tarea es hacer travesías
con la barca de una orilla a otra del río.
El rey fue inmediatamente a donde estaba el padre de la muchacha y le dijo:
-Soy Santanu, el monarca de la raza lunar y vengo de la ciudad de Hastinapura. Cuando
estaba cazando en el bosque percibí un extraño perfume, le seguí el rastro hasta la orilla del
Yamuna y allí me encontré con una hermosa mujer. Ella me ha dicho que es tu hija, y yo
quiero que sea mi esposa.
El astuto rey de los pescadores le contestó:
-Es cierto mi señor, el perfume que percibiste proviene de mi hija, y sé que en el mundo
entero no hay persona más apropiada para casarse con mi hija que vuestra señoría. Ser la reina
del monarca Paurava es el honor más grande que puede recaer sobre una pobre muchacha
pescadora. Tengo la intención de entregarte a mi hija en matrimonio. Pero hay una condición,
y si tú estás dispuesto a aceptarla, mi hija será tuya.
El rey estaba impaciente, y le dijo:
-Si es posible concederte lo que me pides con certeza te lo concederé.
El pescador le dijo:
-Alguien ha predicho que el hijo de mi hija será el heredero del trono del reino. Si me
prometes que el hijo que nazca de ella será el rey de Hastinapura que reinará después de ti, te
daré a mi hija con sumo gusto.
El rey enmudeció, estaba pensando en Ganga, en el día en que le trajo a Devavrata y le
dijo: “Aquí te entrego a este héroe. Llévalo a la casa de los héroes.” La cara de su hijo
bienamado vino inmediatamente a su mente, el hijo a quien ya había coronado como legítimo
heredero. Pensó en el compromiso de amor que le unía a Devavrata y sin pronunciar palabra
alguna Santanu regresó a su carroza. Con el corazón dolorido y sintiendo un profundo deseo
por lo inalcanzable, el rey regresó a la ciudad.

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