II – 16 AÑOS MAS TARDE

16 años mas tarde

Ya habían pasado dieciséis años. Hay corazones rotos que jamás desfallecen, y el rey
era uno de ellos. Su vida estaba ahora vacía. Vivir para él ya no tenía sentido. Pero no dejó
que eso afectase en absoluto a su reino. Era un rey ideal. Sus súbditos estaban muy felices con
él. Su único placer como pasatiempo era la caza. Siempre estaba cazando por las orillas del
Ganges, pues fue allí donde un día encontró la felicidad. Y un día mientras vagaba a lo largo
de la orilla, sus ojos quedaron sorprendidos ante una extraña visión. El río no fluía. Parecía
como si algo hubiera detenido su curso. Lleno de curiosidad siguió caminando por la orilla y
vio una hilera de flechas que habían sido clavadas unas junto a otras de tal forma que ni una
sola gota de agua podía pasar entre ellas. Santanu se quedo petrificado, sorprendido ante aquel
repentino embalse que se había producido en el río. Pero pronto se dio cuenta que no estaba
solo: Ganga, su amada Ganga, estaba de pie a su lado, con una dulce y serena sonrisa. El rey
se sintió desbordado, y mirándola con los ojos llenos de lágrimas le dijo:
-Ganga, por fin te has compadecido de mí. Todos estos años los he pasado en soledad;
me he sentido tan solo. Te quiero y no puedo vivir sin ti. Por favor regresa a mí. Me has
perdonado, ya lo sé, de otra forma no habrías vuelto. Vámonos corriendo a la ciudad y
vivamos felices de nuevo.
Ganga le miró con una expresión de lástima en sus ojos y le dijo:
-Mi señor, todo eso está ya en el pasado. Cuando el sol se pone en el atardecer de un día
es tonto pedirle que regrese para poder vivir ese día de nuevo. Por supuesto que el sol volverá,
pero sólo para manifestar un nuevo día. Nadie puede retroceder ni un solo momento. Dejemos
todo eso a un lado y permíteme decirte por qué he venido: ¿Ves el río detenido?
-Sí -le contestó el rey-, eso fue lo que me detuvo como hechizado. Dime Ganga ¿quién
es el que te está deteniendo embalsada a ti, quien toda la riqueza de mi amor no puede
detener?
Mientras ellos hablaban se produjo de repente un ruido ensordecedor. Era el rugir de las
aguas del río, cuyo curso ya había sido liberado del embalse. Desde la distancia se les
acercaba a toda velocidad un muchacho: un bello joven, cuyo noble rostro brillaba con gran
energía. Abrazó a Ganga y le dijo:
– ¡Madre! ¡Madre! ¡Yo contuve el río! ¡Una vez más he conseguido hacerlo!
Ganga, mirando al rey que estaba totalmente asombrado, le dijo:
¡Es tu hijo! -Luego se volvió al joven y le dijo: -Devavrata, este es tu padre, salúdale.
Santanu extendió sus brazos hacia su hijo y le abrazó. Y Ganga dijo:
-Esta es la razón de mi venida. Te he traído a tu hijo, llévatelo contigo, él alegrará tu
vida. Conoce todas las artes que un Kshatrya debe conocer. Vasishta ha sido su guru. De él ha
aprendido los Vedas y los Vedangas. De Brihaspati, el guru divino, ha aprendido la ciencia de
la política. Y condescendiendo a mi ruego, Bhargava, el enemigo de los Kshatryas, le ha
enseñado el arte de manejar el arco. Mi hijo es ahora un maestro en todas las artes. Le he
preparado para que sea un digno heredero del trono de los Pauravas. Aquí te entrego a este
héroe. Llévale a la casa de los héroes. -Y Ganga desapareció.
El rey emprendió camino de vuelta hacia el palacio tal y como lo había hecho dieciséis
años atrás. Pero esta vez no regresaba solo. Su hijo, el hijo de Ganga, estaba a su lado.
Santanu estaba orgulloso de su apuesto hijo, digno de ser la única obsesión del rey que
durante tanto tiempo había estado en soledad. Juntos, hijo y padre, galoparon hacia
Hastinapura.

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