El camino a Dios

El camino a Dios

Al principio de mi camino imaginaba muchas cosas. La forma en que mi maestro se había revelado como tal en medio de mi crisis existencial, el modo en que aquello de lo que dudaba llamado Dios se hacía tangible, y el misterioso sendero que se abría ante mí para que la vida tuviese un sentido consciente, habían hecho que mi mente joven y especulativa imaginase que aquello sería siempre diferente, casi espectacular. El estar ante una vida mística, con un maestro que me guiaba paso a paso, me hacía pensar en lo sobrenatural, en ángeles, arcángeles, seres de distintas jerarquías, yoguis, visiones y apariciones, el bien y el mal y un sinfín de cuestiones.

En contraste con estas expectativas, el maestro me enseñaba en plazas, o en largas caminatas, o tomando un café en un bar. Leíamos algo, nos quedábamos en silencio, o simplemente me hacía observar lo que me rodeaba. Luego de unos cuantos meses, pude comprobar que una alumna que hacía poco tiempo (al menos en esta vida) estaba bajo su enseñanza, refería todo tipo de hechos sobrenaturales desde que había comenzado: me hablaba de voces que escuchaba, de mirar una imagen de Cristo y que esta imagen cobraba vida, de despegues del plano físico y viajes astrales, de comunicación a distancia, etc. Como era de imaginarse, mi ego sutilmente se infiltró y comenzó a lanzar sus venenosas dudas: ¿cómo es posible que a mí no me suceda nada de esto? ¿si Dios es tan alto, por qué no me hace ver ninguna de estas cosas? ¿será que esta muchacha está sugestionada o inventa cosas? ¿mi maestro le inducirá    a ver cosas que no existen? ¿y si todo esto es una mentira y enloquezco? ¿estaré ante un maestro o ante un farsante? y miles de especulaciones más que bombardeaban mi tranquilidad. Al cabo de unos días, estábamos los tres reunidos (el maestro, la alumna y yo) y ella seguía refiriendo cosas por el estilo. Yo con cierta apatía dije: a mí no me sucede nada de eso tan maravilloso que mencionas. El maestro sonrió y ella dijo: bueno, eso no significa que yo sea mejor ni peor que tú, sólo son caminos y formas diferentes de lo mismo. Aquella explicación no tranquilizó mis expectativas, pero no lo dije. Luego de unos días, el maestro me llevó a otra de sus caminatas. Me preguntó que cómo iba mi vida, y otras cosas más. Yo le dije que bien, y conversé un largo rato, hasta que al fin mi ego se reveló y le dijo: lo que no entiendo es por qué a ella le suceden todo tipo de cosas y a mí nada!

Con una mezcla de severidad y dulzura, imposible de explicar, se me dijo: mira, a ti te sucede el más hermoso de los milagros: tú estás vivo y hasta hace unos meses no habías siquiera reparado en la magnitud de esto. Lograr la forma humana es en verdad difícil, pero más allá de eso no debes confundirte pues EL CAMINO A DIOS NO ES UN CIRCO. El camino a Dios es la sencillez, la humildad, la fe, el amor. No esperes visiones pues ¡ay de ti si luego de ver cosas sobrenaturales osas dudar de Él luego! Si el Padre te concede tales gracias, tómalas con sencillez en tu corazón y no permitas que el ego te haga creer que eres más que otros por esto. Sé simple, como el árbol lo es, inofensivo y fuerte, amoroso y sabio: él no espera visiones, ni especula, y sus raíces yacen firmes en la tierra, hermanadas con sus congéneres, y su copa toca el cielo. El árbol te ve pasar día a día, y es testigo de tu ser, y tú ni te detienes a verlo. Sé sencillo como él, y encontrarás a Dios…

Como siempre sucedía, un minuto de sus palabras silenciaban mi pretencioso ego, y mi corazón vibraba. Quiero que esta pequeña historia quede en aquellos que suponen que el camino a Dios está repleto de visiones y ángeles, y sucesos llamativos. Recuerden muy bien esa frase dicha por los maestros cuando sus ego les haga suponer cosas que no son: EL CAMINO A DIOS NO ES UN CIRCO. Luego de años, y sin que yo quisiese ver nada en absoluto, sucedieron cosas que me sobrecogieron, pero las guardé en mi corazón, donde el ego sólo puede mostrar sus garras o rasguñarme, pero jamás devorarme…

4 comentarios sobre “El camino a Dios

    1. Las visiones son muy personales, y si son veraces, deben atesorarse en el corazon y no en la mente. La misma Gracia que te dio la vision, sera la que luego de madurar, te brindará su signficado. Namaste

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