El apego viene del miedo, no del amor

“El apego proviene del miedo, no del amor”

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El apego es la emoción de “mí” y “mío”. Es un ancla lanzada por el ego para adueñarse de aquello que es libre de por sí.
AMOR y APEGO no puede convivir. El Amor genera libertad, el apego esclavitud y dependencia.
Generalmente, las madres humanas son el mayor ejemplo de apego: sienten que su vida está enfocada al “amor” hacia sus hijos, sus nietos, su descendencia.
Las madres animales, preparan y crian a sus pequeños hasta que están listos, y luego ellas siguen su vida, y propician que los jóvenes se emancipen.
Pero como la madre humana percibe la unidad en su vientre con un ser durante 9 meses, luego no considera posible separarse de este.
En realidad, no hay separación, pero su ego le hará creer que si no retiene esa unión, “perderá” a ese ser en el mundo al que lo trajo.
El mejor ejemplo de madre humana esclarecida, con amor verdadero y libre de apego, es María, la madre de Jesús. Se puso al servicio de Dios antes que de sí misma. Y hasta el último momento y luego, siguió sirviendo a Dios aún acompañando a su hijo frente a la misma cruz. Aceptación PURA, AMOR PURO, sin poseer.
Cuando decimos “mí” y “mío”, lanzamos una soga que pretende atar cosas que no pueden atarse.
Sería tan ridículo como pretender adueñarse del aroma de una rosa, y decir: ahhh, que bello es mi aroma de mi rosa!
No nos damos cuenta, de que la rosa por sí misma emana el aroma y lo hará estemos o no allí, y que ese aroma se le brinda a todo aquel que pasa. NADA NOS PERTENECE
Hay dos formas de descubrir esto: en vida, o al morir.
Si optamos por descubrirlo en vida, quizá debamos identificar primero la raíz del apego.
El apego no tiene por raíz los celos, ni el egoísmo. No, el apego tiene por raíz el miedo. El miedo es la raíz potente y honda que el ego protege para impedirnos ser libres.
Y en verdad, el EGO, no quiere que seamos libres.
Si lo somos, ¿cómo sobrevivirá?. El ego se alimenta de miedo. De esa raíz nace la especulación, el temor, la envidia, los celos, la posesividad, la crítica, la avaricia, la lujuria, y todo lo que nos impide ser plenos y felices.
Por lo tanto, cuando dices: ay mi hijo! ay mi nieto! ay mi sobrino! presta atención
MI no es una palabra REAL
La versión más depurada de apego la obtuvo quizá San Francisco de Asís, quien dijo: Mi Dios, mi TODO…. Y se entregó a todos los seres de la Tierra para servirles antes que a sí mismo
Eso es amor, Eso es libertad.
Lo demás es miedo, lo demás es apego.
Namasté

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