Dios está EN nosotros

Dios mora en nosotros

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El devoto, el alumno, deberá tener presente que Dios mora en nosotros, para que este pensamiento, esta reflexión, este discernimiento, esta permanente meditación y permanente concentración aflore siempre en nosotros: que Dios está en nosotros y que Dios Es en nosotros.
Haz esto: piensa en Dios. Aunque no lo veas, aunque no lo percibas, llena tu mente con este pensamiento.
Ahora podemos reflexionar que no somos una condición directa de nuestros padres en relación a la genética, a la personalidad. Lo que se ha sido, en verdad influye fuertemente en lo que se es. Y esto en verdad, sucede antes de llegar a este estado de existencia actual.
Por lo tanto llegamos a ser sólo lo que somos capaces de llegar a ser: nunca podemos llegar a ser lo que somos incapaces de llegar a ser…No podemos ser a
lgo más grande de lo que somos.
Estos elementos son planos que inducen y concluyen en este presente plano de existencia, para que luego de un tiempo particular, podamos pasar la barrera de la ofuscación y podamos percibir nuestro plano espiritual.
Si la experiencia actual deviene de otras experiencias, significa que algo se ha disuelto: podemos llamarlo cuerpo físico, podemos llamarlo cuerpo emocional.
Quiere decir que el Ser que mora aquí y ahora, está separado de este cuerpo físico y de este cuerpo emocional. Lo que queda entonces es el Yo espiritual limpio y puro.
Esta consecución de actos Kármicos son el presente de la existencia o el recorrido del Ser, en distintos planos de conciencia, etapas y encarnaciones. Debemos comprender entonces que este Ser que deviene desde hace miles de años es un Ser transpersonal y el Jivatman o alma encarnada al cuerpo, es personal.
Podemos comprender entonces que somos seres transpersonales y también personales en el momento en que el alma encarna.
Somos seres que hemos sido transmutados fuera del cuerpo físico. Esta transmutación provee el conocimiento divino que mora en el Anthakarana o mente interna. Dentro de la mente interna se sitúa “manas”, una especie de cofre que se abre cuando todos los elementos obstructivos del yo egótico han madurado, se han purificado y se han liberado de las ataduras del nombre y de la forma. Lakshahara Ji

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