Como los arboles

Como los arboles
Cuando miras a tu prójimo, verás a alguien con quien te crees afín o tal vez a alguien con quien no te sientes parecido en lo más mínimo.
Como los arboles
En el mundo de nombre y de forma, habrá semejantes que te caerán simpáticos, antipáticos, o apáticos.
Y te relacionarás en principio con ellos, según tu afinidad. Es decir, que con te sientas cómodo te llevarás bien, y con quien no te agrade, pondrás distancia.
Miremos ahora a los árboles. Estos seres tan bellos que son los que nos permiten respirar el oxígeno gracias a su esencia y trabajo, tienen una característica: están fijos, de pie.

No hay árboles móviles en el bosque. Ellos están a cierta distancia unos de otros.
Si los miras con tus ojos, observarás esa distancia. Podrás ver cuanto dista un tronco de otro tronco. Y verás que hay especies y formas distintas.
Algunos florecen en una época, otros lo hacen en otra estación. Algunos tienen un follaje espeso, y otros pequeñas hojas. Algunos son muy coloridos, y otros pasan desapercibidos. Así es el mundo de nombre y forma, de tal modo que podrás diferenciar entre un pino, un roble y un abedul por ejemplo.
Si miras sus follajes, verás que algunos se tocan entre sí, otros apenas se rozan, y otros yacen muy distantes para alcanzar a tener contacto.
Todo eso podrás verlo con tus propios ojos…
Ahora, lo que difícilmente no puedan ver tus ojos, es algo impresionante: TODOS ESOS ÁRBOLES yacen UNIDOS POR SUS RAÍCES, hermanadas por la TIERRA.
Por lo tanto, un pino, un roble, y un abedul, por arriba de la superficie pueden estar distantes, pero sus raíces hacen contacto, se extienden mucho, y tocan a otra, y a otra, y a otra.
Los árboles se abrazan por debajo de la superficie, en lo profundo.
Pero si volvemos a las personas observaremos que el ser humano es móvil, puede moverse de un lado a otro. Cuando algo no le gusta, puede irse. Y cuando algo le gusta, se pega a lo que le gusta.
Entonces se vive la ilusión de que estamos unidos o separados, según nuestra forma, nuestra manera de pensar, nuestras ideas.
Las formas de pensar, las ideas, son como las copas de esos árboles. Algunas se tocan entre sí, otras se mezclan, y algunas ni se rozan.
Nuestra personalidad es como el tronco de un árbol. Va creciendo con el tiempo, es fijo, firme, duro y sostiene las ideas, la copa, nuestras palabras y pensamientos.
Pero lo que ni nosotros podemos ver excepto que queramos, son nuestras raíces, y más aún, nuestra esencia.
Si lográsemos verlas, nos daríamos cuenta de que nunca podemos estar separados del otro, del prójimo, del semejante, por más distinto que sean sus ideas respecto a las nuestras.
Miremos a los árboles: nos enseñarán mucho más que esto…
Namasté

Foto: Cuando miras a tu prójimo, verás a alguien con quien te crees afín o tal vez a alguien con quien no te sientes parecido en lo más mínimo.<br /><br />
En el mundo de nombre y de forma, habrá semejantes que te caerán simpáticos, antipáticos, o apáticos.<br /><br />
Y te relacionarás en principio con ellos, según tu afinidad. Es decir, que con te sientas cómodo te llevarás bien, y con quien no te agrade, pondrás distancia.<br /><br />
Miremos ahora a los árboles. Estos seres tan bellos que son los que nos permiten respirar el oxígeno gracias a su esencia y trabajo, tienen una característica: están fijos, de pie.<br /><br />
No hay árboles móviles en el bosque. Ellos están a cierta distancia unos de otros.<br /><br />
Si los miras con tus ojos, observarás esa distancia. Podrás ver cuanto dista un tronco de otro tronco. Y verás que hay especies y formas distintas.<br /><br />
Algunos florecen en una época, otros lo hacen en otra estación. Algunos tienen un follaje espeso, y otros pequeñas hojas. Algunos son muy coloridos, y otros pasan desapercibidos. Así es el mundo de nombre y forma, de tal modo que podrás diferenciar entre un pino, un roble y un abedul por ejemplo.<br /><br />
Si miras sus follajes, verás que algunos se tocan entre sí, otros apenas se rozan, y otros yacen muy distantes para alcanzar a tener contacto.<br /><br />
Todo eso podrás verlo con tus propios ojos...<br /><br />
Ahora, lo que difícilmente no puedan ver tus ojos, es algo impresionante: TODOS ESOS ÁRBOLES yacen UNIDOS POR SUS RAÍCES, hermanadas por la TIERRA.<br /><br />
Por lo tanto, un pino, un roble, y un abedul, por arriba de la superficie pueden estar distantes, pero sus raíces hacen contacto, se extienden mucho, y tocan a otra, y a otra, y a otra.<br /><br />
Los árboles se abrazan por debajo de la superficie, en lo profundo.<br /><br />
Pero si volvemos a las personas observaremos que el ser humano es móvil, puede moverse de un lado a otro. Cuando algo no le gusta, puede irse. Y cuando algo le gusta, se pega a lo que le gusta.<br /><br />
Entonces se vive la ilusión de que estamos unidos o separados, según nuestra forma, nuestra manera de pensar, nuestras ideas.<br /><br />
Las formas de pensar, las ideas, son como las copas de esos árboles. Algunas se tocan entre sí, otras se mezclan, y algunas ni se rozan.<br /><br />
Nuestra personalidad es como el tronco de un árbol. Va creciendo con el tiempo, es fijo, firme, duro y sostiene las ideas, la copa, nuestras palabras y pensamientos.<br /><br />
Pero lo que ni nosotros podemos ver excepto que queramos, son nuestras raíces, y más aún, nuestra esencia.<br /><br />
 Si lográsemos verlas, nos daríamos cuenta de que nunca podemos estar separados del otro, del prójimo, del semejante, por más distinto que sean sus ideas respecto a las nuestras.<br /><br />
Miremos a los árboles: nos enseñarán mucho más que esto...<br /><br />
Namasté ♥

Un comentario sobre “Como los arboles

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *