Bienaventuranzas

bienaventuranzas

Cuando vio la multitud, subió al monte; y al sentarse él, se le acercaron sus discípulos.
2 Y abriendo su boca, les enseñaba diciendo:
3 Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
4 Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.
5 Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.
6 Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.
7 Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos recibirán misericordia.
8 Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.
9 Bienaventurados los que hacen la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
10 Bienaventurados los que son perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino
de los cielos.
11 Bienaventurados sois cuando os vituperan y os persiguen, y dicen toda clase de mal contra
vosotros por mi causa, mintiendo.
12 Gozaos y alegraos, porque vuestra recompensa es grande en los cielos; pues así persiguieron
a los profetas que fueron antes de vosotros.
13 Pero ¡ay de vosotros los ricos! Porque estáis recibiendo vuestro consuelo.
14 ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados! Porque tendréis hambre. ¡Ay de vosotros, los
que ahora os reís! Porque lamentaréis y lloraréis.
15 ¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres hablan bien de vosotros! Porque así hacían sus
padres con los falsos profetas.
16 Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor,
¿con qué será salada? No vale más para nada, sino para ser echada fuera y pisoteada por los
hombres.
17 Vosotros sois la luz del mundo. Una ciudad asentada sobre un monte no puede ser escondida.
18 Tampoco se enciende una lámpara para ponerla debajo de un cajón, sino sobre el candelero;
y así alumbra a todos los que están en la casa.
19 Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, de modo que vean vuestras buenas obras y
glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. No penséis que he venido para abrogar la ley
o los profetas.
20 No he venido para abrogar, sino para cumplir.
21 De cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni siquiera una jota ni una tilde
Pasará de la ley hasta que todo haya sido cumplido.
22 Por lo tanto, cualquiera que quebranta el más pequeño de estos mandamientos y así enseña a
los hombres, Será considerado el más pequeño en el reino de los cielos. Pero cualquiera que los
cumple y los enseña, éste será considerado grande en el reino de los cielos.
23 Porque os digo que a menos que vuestra justicia sea mayor que la de los escribas y de los
fariseos, jamás entraréis en el reino de los cielos.
24 Habéis oído que fue dicho a los antiguos: No
cometerás homicidio; y cualquiera que comete homicidio será culpable en el juicio.
25 Pero yo os digo que todo el que se enoja con su hermano Será culpable en el juicio.
Cualquiera que le llama a su hermano necio será culpable ante el Sanedrín; y cualquiera que le
llama fatuo será expuesto al infierno de fuego.
26 Por tanto, si has traído tu ofrenda al altar y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo
contra ti,
27 deja tu ofrenda allí delante del altar, y vé, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces
vuelve y ofrece tu ofrenda.
28 Reconcíliate pronto con tu adversario mientras Estás con él en el camino; no sea que el
adversario te entregue al juez, y el juez al guardia, y seas echado en la cárcel.
29 De cierto te digo que jamás saldrás de allí hasta que pagues el último cuadrante. 30 Habéis oído que fue dicho: No cometerás adulterio.
31 Pero yo os digo que todo el que mira a una mujer para codiciarla ya adulteró con ella en su
corazón.
32 Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo y échalo de ti. Porque es mejor para
ti que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.
33 Y si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala y échala de ti. Porque es mejor para ti que
se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.
34 También fue dicho: Cualquiera que despide a su mujer, déle carta de divorcio.
35 Pero yo os digo que todo aquel que se divorcia de su mujer, a no ser por causa de adulterio, hace que ella cometa adulterio. Y el que se casa con la mujer divorciada comete adulterio.
36 Además, habéis oído que fue dicho a los antiguos: No jurarás falsamente; sino que cumplirás al Señor tus juramentos.
37 Pero yo os digo: No juréis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios;
38 ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del Gran Rey.
39 No Jurarás ni por tu cabeza, porque no puedes hacer que un cabello sea ni blanco ni negro.
40 Pero sea vuestro hablar, Sí, Sí, y no, no. Porque lo que va más allá de esto, procede del mal.
41 Habéis oído que fue dicho a los antiguos: Ojo por ojo y diente por diente.
42 Pero yo os digo: No resistáis al malo. Más bien, a cualquiera que te golpea en la mejilla
derecha, vuélvele también la otra.
43 Y al que quiera llevarte a juicio y quitarte la túnica, déjale también el manto.
44 A cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, vé con él dos.
45 Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo niegues.
46 Habéis oído que fue dicho: Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo.
47 Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, y orad por los que os persiguen;
48 de modo que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, porque él hace salir su sol
sobre malos y buenos, y hace llover sobre justos e injustos.
49 Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tenéis? ¿No hacen lo mismo también
los publicanos?
50 Y si saludáis solamente a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen eso mismo los
gentiles?
51 Y si dais prestado a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? Pues también
los pecadores dan prestado a los pecadores para recibir otro tanto.
52 Más bien, amad a vuestros enemigos y haced bien y dad prestado sin esperar Ningún
provecho. Entonces vuestra recompensa será grande, y seréis hijos del Altísimo; porque él es
benigno para con los ingratos y los perversos.
53 Sed misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso.

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