Arjuna y Krishna, el Baghavad Gita

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Arjuna y Krishna, el Baghavad Gita: la batalla de todos los seres humanos desde que nacen hasta que parten:

Dice Arjuna a Krishna: “Te ruego que conduzcas mi carro y lo pongas en medio de los dos ejércitos, para que yo pueda contemplarlos, formados en orden de combate, y saber a quiénes debo enfrentar en esta terrible batalla;” 

Es Arjuna, el más noble de los hombres según Krishna (la encarnación de Dios) quien LE PIDE IR AL MEDIO DE AMBOS EJERCITOS. Arjuna no quiere quedarse sólo con la mirada desde su bando. Quiere verlo todo. Verlo todo implica comenzar a conocer las cosas tal como son, y no tal como creíamos que eran. Todos somos Arjuna. ¿Todos somos Krishna?

Entonces Partha (Arjuna) vio a progenitores, antepasados. Maestros, tíos, hermanos, hijos, nietos, amigos, suegros y camaradas en ambos ejércitos. Contemplando a todos estos familiares alineados frente a él, Kaunteya (Arjuna) fue dominado por una gran compasión y, lleno de angustia, habló así:
Oh Krishna, cuando veo a estos familiares reunidos aquí, ansiosos por luchar, mis miembros desfallecen, mi boca se seca, tiembla mi cuerpo y se erizan mis cabellos.
Mi arco Gandiva escapa de mis manos, mi piel está ardiendo, no puedo sostenerme en pie y mi mente da vueltas en remolino.
Tengo funestos presagios, oh Keshava (Krishna); y no veo ningún provecho en matar a mis propios parientes en esta batalla.

Arjuna mira primero el PASADO, contemplando y recordando quienes eran ANTES los que ahora son sus enemigos y amigos. Ve a todos sus familiares con todos los lazos que lo atan a ellos. Y los ve en su batalla, con Dios conduciendo su carro para que VEA todo. Y de inmediato, al ver el pasado, su mente proyecta al futuro, produciéndole “funestos presagios”. El vaivén de su mente lo hace tener un ataque de pánico. No puede concentrarse en el AQUI y AHORA. El aquí y ahora está con Dios, en el medio del campo del deber, con amigos de un lado, y enemigos del otro, y él, en medio, con Dios conduciendo su carruaje. De inmediato acude a él un verbo muy temido: MATAR. Y Arjuna, que es totalmente moral, no quiere matar.

Ah! ¡Qué terrible pecado estamos a punto de cometer, dispuestos a matar a parientes y amigos por la codicia del poder terrenal!
Más me valdría que, estando yo desarmado y sin ofrecer resistencia, los hijos de Dhritarashtra me derribaran en el campo de batalla.Así habló Arjuna en el campo de batalla, y dejando caer su arco y sus flechas se desplomó en el asiento del carro, abrumado de angustia.

Arjuna, el más noble de los hombres, cae, presa de su angustia.

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Mientras Arjuna está llorando, el Señor le pregunta: ¿Cómo es posible que en este momento de peligro se haya apoderado de ti el desaliento, indigno de un noble y que no te conducirá ni al cielo ni a la gloria? No cedas a la cobardía, oh Arjuna: no es propio de ti. Sacude ese despreciable temor y levántate

Arjuna cayó, pero no está solo. Krishna es quien conduce. Y como allí esta Krishna, le muestra claramente QUÉ ES y QUÉ NO ES ARJUNA. Le habla de desaliento, cobardía y temor, que se apoderaron de él, y lo insta a que se los sacuda, pues NO LE PERTENECEN. Por qué razón Arjuna ha permitido que estos sentimientos se hayan apoderado de él? Porqué él cree en ese momento ser eso que Krishna le indica como ajeno e indigno de su esencia?

Dice Arjuna: No sé qué sería mejor para nosotros, si vencerlos o ser vencidos por ellos, porque aquí están los hijos de Dhritarashtra y después de haberlos matado yo no tendría deseos de vivir. Mi ser está paralizado por el miedo; mi mente no puede discernir cuál es el deber, por eso te pregunto a ti: dime con toda claridad, te lo ruego, cuál es mí deber. Yo soy tu discípulo: guíame, busco refugio en ti.

Por primera vez, Arjuna confiesa que no puede DISCERNIR, e indica a Krishna que a causa de su mente que no puede hacerlo para determinar CUAL ES EL DEBER; su SER ha quedado paralizado. Y como consecuencia, reconoce en Krishna a su MAESTRO, Aquel que Ve con claridad, para que lo guíe, auxilie, enseñe. Se inclina y ofrece como discípulo. Pero Arjuna, aún no se había entregado del todo. SU mente aún seguía intentando razonar pese a que hacía segundos dijo que no podía discernir. Continuó diciendo:  Porque no veo nada que pueda dispersar la angustia que nubla mis sentidos, aun si yo obtuviera en este mundo el poder absoluto sobre un próspero reino o el dominio sobre los dioses. Así habló Gudakesha Parantapa (Arjuna) a Krishikesha Govinda (Krishna), y después de decir «¡No lucharé!», guardó
silencio.

Hace segundos también, Arjuna le había pedido a Krishna, que lo guíe, que sea su maestro. Lo fundamentó en que no veía claramente, que no entendía cuál era su deber. Se había entregado. Pero su mente siguió y siguió explicando, justificando, atribuyendo, discursando, y sentenciando con la culminación de NO LUCHAR. Si le pedimos a nuestro maestro que nos guíe y nos diga cuál es el deber, ¿cómo es posible que sigamos decidiendo nosotros qué hacer y qué no en el momento en que no vemos nada por nuestra ceguera? ‘queremos de veras ser guiados, ayudados, iluminados y liberados, o queremos seguir HACIENDO lo que CREEMOS que es lo mejor, aunque no veamos?

Al que así dominado por la angustia estaba entre los dos ejércitos, Krishna, casi sonriendo, dirigió estas palabras: El Señor dijo:Te afliges por quienes no deberías afligirte y has pronunciado vanas palabras de sabiduría. El sabio no se entristece ni por los vivos ni por los muertos.  Porque Yo nunca dejé de existir, ni tú, ni estos reyes; ni ninguno de nosotros dejará de existir en el futuro.

Vemos que Arjuna estaba llorando, y Krishna casi sonriendo. A qué se debe? Estando en medio de una guerra aún sin comenzar, Arjuna estaba abatido y caído, derrotado antes de comenzar a ejecutar cualquier acción. Pero Krishna sabe que su discípulo no ve claramente a causa del apego, del temor, de la aflicción. Aún así, no hay tiempo para compadecerse y palmearlo. Además le demuestra como su mente le está tendiendo una trampa, y le advierte que sus aparentemente “sabias palabras” no sirven para nada. El maestro le muestra al discípulo que su aflicción, su temor y cobardía son fruto de su ignorancia, de no conocer LA VERDAD.  Le muestra por primera vez, que haga lo que haga, TODOS LOS SERES SON ETERNOS. Que esa tristeza no es propia de quien sabe esta verdad, sino del ignorante de la misma.

Así como el Atman (alma) experimenta la infancia, la juventud y la vejez en el presente cuerpo, así también recibirá otro cuerpo. El hombre sabio no se engaña por esto.¡Oh Arjuna! El contacto con los objetos de los sentidos nos proporciona el frío y el calor, el placer y el dolor vienen y se van, son pasajeros. ¡Sopórtalos, oh Bharata!

Krishna revela a Arjuna la causa del sufrimiento, que radica en no ser conciente de lo que somos. Radica también en identificarnos además, con lo que NO SOMOS, con el par de opuestos, con la dualidad del mundo: placer y dolor, frío y calor. Y que esa dualidad JAMAS es PERMANENTE. Sabiendo que tienen principio y fin, lo insta a SOPORTARLOS. Además le dice que esta dualidad surge por el contacto con los objetos de los sentidos. Cuando nos identificamos con los sentidos, inevitablemente sentiremos placer o dolor, frio o calor, y oscilaremos sufrientes entre los pares de opuestos. Pero como Krishna sabe que Arjuna aún está identificado con ellos, le pide que LOS SOPORTE.

¡Oh, el más noble de los hombres! El sabio que no es perturbado por esos estados, que no es afectado por el placer ni por el dolor, ese alcanzará la inmortalidad.

Ser inmortal no significa que nuestro cuerpo vivirá para siempre y no envejecerá. Significa que si me vuelvo conciente de lo QUE SOY, no me perturbarán más estos estados pasajeros, no tendré ya que soportar los pares de opuestos, pues conoceré lo inexorable: QUE SOY ETERNO. Pero esto SÓLO es posible, si tales estados dejan de perturbarme y afectarme.

Conoce lo que es imperecedero, lo que todo lo compe­netra. Nadie puede destruir ese Ser Inmutable.Estos cuerpos del alma encarnada que es eterna, im­perecedera, inmensurable, son limitados. Por lo tanto, lucha, ¡oh Bharata! El que piensa que el Atman (alma) puede matar y el que cree que puede ser muerta, ambos son ignorantes. Esta no mata ni puede ser muerta.

Krihsna no dice MATA! sino que dice LUCHA!. Es Arjuna el que asocia lo que tiene que hacer con la muerte, con el fin. Por eso, como está casi ciego, Krihsna que TODO LO VE, LO HA VISTO y LO VERÁ, le imparte la sagrada enseñanza: NO SE PUEDE MORIR, porque SOMOS UN ALMA encarnada en un cuerpo, y no al revés. No somoo un cuerpo con un alma. Lo que nos define es el ATMAN, no el cuerpo. El cuerpo viene y se va, tal como el placer y el dolor.  Y nadie puede matar ese ATMAN. El que piensa que el alma termina o acaba como Arjuna cree en estos momentos, tal hombre IGNORA la VERDAD. Por esto Arjuna está con sus ojos llenos de lágrimas, y Krishna “casi” sonriendo.

2 comentarios sobre “Arjuna y Krishna, el Baghavad Gita

    1. La diferencia entre Jesus, Krishna, Buccha, etc, es que ellos ENCARNAN a Voluntad, y nosotros re-encarnamos.
      Sobre tu primer pregunta, no siempre alguien que muere reencarna en otro cuerpo. Siempre es una palabra demasiado absoluta, como nunca, jamas, etc. Namasté

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